2024/01/06

Noche 288


Pero cuando llegó la 288ª noche

Ella dijo:
"...Si la rama se balancea, ¡qué armonioso no será el canto de los pájaros que en ella anidan!"
Entonces acabó de entrar el joven en la sala. Realmente, era lo más bello posible, e iba vestido con tres túnicas superpuestas y de distintos colores: la primera, completamente blanca; la segunda, roja, la tercera, negra.
Cuando Abu-Nowas le vió vestido de blanco, sintió crepitar en su espíritu el fuego de la inspiración, e improvisó estos versos en honor suyo:

¡Se mostró vestido con un lino de blancura lechosa, y sus ojos languidecían bajo sus párpados azules, y las rosas tiernas de sus mejillas bendecían a Quien hubo de crearlas!
Y le dije: "¿Por qué pasas sin mirarme, cuando consientes que caiga en tus manos como la víctima bajo el arma del sacrificador?"
Me contestó: "Déjate de discursos y mira en silencio la obra del Creador: blanco es mi cuerpo y blanca mi túnica; blanco es mi rostro y blanco mi destino; ¡es blanco sobre blanco, y blanco sobre blanco!"

Al oír el joven estos versos, sonrió y se despojó de su túnica blanca para aparecer todo de rojo. A su vista, sintió Abu-Nowas poseerle por completo la emoción poética, y acto seguido improvisó estos otros versos:

¡Se mostró vestido con una túnica roja como su proceder cruel!
Y exclamé, sorprendido: "¿Cómo, siendo de una blancura lunar, puedes aparecer con esas dos mejillas que se dirían enrojecidas por la sangre de nuestros corazones, y vestido con una túnica robada a las anémonas?"
Me contestó: "La aurora me había prestado antes su vestidura; pero ahora es el mismo sol quien me hizo el regalo de sus llamas: de llama son mis ojos y rojo mi traje; de llama son mis labios y rojo el vino que los colorea; ¡es rojo sobre rojo, y rojo sobre rojo!"

Al oír estos versos, el pequeño arrojó con un gesto su túnica roja y apareció vestido con la túnica negra que llevaba directamente sobre la piel, y acusaba con precisión el talle ceñido por un cinturón de seda. Y Abu-Nowas, al verlo, llegó al límite de la exaltación, e improvisó estos otros versos en honor suyo:

¡Se mostró vestido con una túnica negra como la noche, y no se dignó siquiera dirigirme una mirada! Y le dije: "¿No ves que mis enemigos y quienes me envidian, se alegran del abandono en que me tienes?
"¡Ah! Ya lo comprendo: negras son tus vestiduras y negra tu cabellera; negros tus ojos y negro mi destino; ¡es negro sobre negro y negro sobre negro!”

Cuando el enviado del califa vió al joven y escuchó estos versos, disculpó de todo corazón a Abu-Nowas, y volvió al instante a palacio, donde puso al califa en autos acerca de la aventura acaecida a Abu-Nowas, y le explicó que el poeta habíase constituido en rehén en la taberna por no poder pagar la suma prometida al hermoso mancebo. Entonces, el califa, divertido a la vez que irritado, entregó al eunuco la suma necesaria para el rescate del rehén, y le ordenó que fuese a sacarle de allí en seguida, para llevarle, de grado o por fuerza, a su presencia.
Se apresuró el eunuco a ejecutar la orden, y no tardó en volver sosteniendo con dificultad al poeta, que se tambaleaba por haber bebido demasiado. Y el califa le apostrofó con una voz que trató de hacer furiosa; luego, al ver que Abu-Nowas se echaba a reír, se acercó a él, le cogió de la mano, y en su compañía se encaminó hacia el pabellón donde se encontraba la esclava.
Cuando Abu-Nowas vió sentada en la cama y vestida toda de raso azul, y con el rostro cubierto por un ligero velo de seda azul, a aquella joven de grandes ojos negros que le sonreían en la faz, le pasó la embriaguez, pero en cambio sintiose inflamado de entusiasmo, y de pronto improvisó esta estrofa en honor suyo:

¡Di a la bella del velo azul que le suplico se compadezca de alguien que arde en deseo de su hermosura! Dile: "¡Te conjuro por la blancura de tu linda tez, que no igualan ni la tierna rosa ni el jazmín, te conjuro por tu sonrisa, que hace palidecer las perlas y los rubíes a que me dirijas una mirada en la cual no pueda yo leer la huella de las calumnias que acerca de mí inventaron quienes me envidian!”

Cuando hubo concluido su improvisación Abu-Nowas, la esclava presentó una bandeja con bebidas al califa, quien, para divertirse, invitó al poeta a que se bebiese él solo todo el vino de la copa. Abu-Nowas accedió a ello gustoso, y no tardó en sentir de nuevo en su corazón los efectos del licor enervante. En aquel momento se le ocurrió al califa levantarse de súbito, a fin de asustar a Abu-Nowas, y espada en mano precipitose sobre él como para cortarle la cabeza.
Al ver aquello, Abu-Nowas, aterrado, echó a correr por la sala dando grandes gritos; y el califa le perseguía por todos los rincones, pinchándole con la punta de la espada. Por último le dijo: "¡Ahora vuelve a tu sitio a beber otro trago todavía!" Y al mismo tiempo hizo una seña a la joven para que escondiese la copa, lo cual cumplió inmediatamente ella ocultándola con su vestido. Pero, a pesar de su embriaguez, lo advirtió Abu-Nowas, e improvisó esta estrofa:
¡Cuán extraña aventura es mi aventura! ¡Una cándida joven se transforma en ladrona y me arrebata la copa para esconderla bajo su traje, en cierto sitio donde querría verme escondido yo! ¡Se trata de un lugar que no nombro por respeto al califa!
Al oír estos versos, se echó a reír el califa, y dijo a Abu-Nowas en broma: "¡Por Alah! Desde ahora quiero designarte para un alto empleo. ¡En lo sucesivo serás titulado jefe de los alcahuetes de Bagdad!" chanceándose, respondió al instante Abu-Nowas: "¡En ese caso, ¡oh Comendador de los Creyentes! me pongo a tus órdenes, rogándote me digas en seguida si necesitas de mis alcahueterías!"
A estas palabras, montó el califa en una cólera terrible, y gritó al eunuco que llamase inmediatamente a Massrur el portaalfanje, ejecutor de su justicia. Y algunos instantes después llegó Massrur, y el califa le ordenó que despojase de su ropa a Abu-Nowas. ..
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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