Noche 091



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Pero cuando llegó la 91ª noche

Ella dijo:

Y el alma descreída de aquel cristiano se le salió por el trasero, y fué a hundirse en el fuego del infierno.

Cuando los solados del ejército cristiano supieron de labios de los compañeros de Lucas la muerte de su campeón, se lamentaron y se golpearon rabiosamente, y se precipitaron sobre las armas, dando gritos de venganza. Y a la señal dada por los dos reyes, se colocaron en orden de batalla, precipitándose en masa sobre el ejército de los musulmanes. Y la pelea se trabó. Y los guerreros se enlazaron con los guerreros. Y la sangre inundó las mieses.

A los gritos sucedieron los gritos, los cuerpos quedaron aplastados bajo los cascos de los caballos. Los hombres, embriagados, no de vino, sino de sangre, se tambaleaban como borrachos. Los muertos se hacinaron sobre los muertos, y los heridos sobre los heridos. Así prosiguió la batalla, hasta que cayó la noche y separó a los combatientes.

Entonces Daul'makán, después de felicitar a su hermano por aquella hazaña, que había de ilustrar su nombre durante siglos enteros, dijo al visir Dandán y al gran chambelán: "Tomad veinte mil guerreros, y marchad hacia el mar, al pie de la Montaña Humeante, y cuando os dé la señal izando nuestro pabellón verde, os levantaréis para dar la batalla decisiva. Nosotros fingiremos que emprendemos la fuga, nos perseguirán los infieles y vosotros caeréis sobre ellos. Nosotros, volviendo grupas, los atacaremos, y así se verán cercados por todas partes; y ni uno de ellos se librará de nuestro alfanje cuando gritemos: ¡Alah akbar!

El visir y el gran chambelán pusieron inmediatamente en ejecución el plan que se les había ordenado. Y fueron a tomar posiciones en el valle de la Montaña Humeante, donde al principio se habían emboscado los guerreros cristianos procedentes del mar, que luego se habían juntado con el resto del ejército, lo cual había de ocasionar su pérdida, pues el plan de la Madre de todas las Calamidades era el mejor.

Y por la mañana, los guerreros de uno y otro bando estaban de pie y sobre las armas. Y por encima de las tiendas de ambos campamentos flotaban los pabellones y brillaban las cruces. Y los guerreros empezaron por rezar sus oraciones.

Los creyentes oyeron la lectura del primer capítulo del Corán, el capítulo de la Vaca; y los descreídos invocaron al Mesías, hijo de Mariam, y se purificaron con las defecaciones del patriarca, aunque seguramente falsificadas, dada la gran cantidad de soldados fumigados. ¡Pero tal fumigación no los había de salvar del alfanje!

En efecto, dada la señal, la lucha volvió a empezar más terrible. Las cabezas volaban como pelotas; los miembros alfombraron el suelo, y la sangre corrió a torrentes, de tal modo que llegaba hasta el pecho de los caballos.

Pero súbitamente, como a consecuencia de un pánico considerable, los musulmanes, que hasta entonces habían combatido como héroes, volvieron la espalda y huyeron todos, desde el primero hasta el último.

Al ver huir al ejército musulmán, el rey Afridonios de Constantinia despachó un correo al rey Hardobios, cuyas tropas no habían tomado hasta entonces parte de batalla. Y le decía: "He aquí que huye el enemigo porque nos ha hecho invencibles el incienso supremo de las defecaciones patriarcales con el cual nos habíamos fumigado, untándonos las barbas y los bigotes. Ahora, ¡a vosotros corresponde completar la victoria, emprendiendo la persecución de esos musulmanes y exterminándolos hasta el último! Y así vengaremos la muerte de nuestro campeón Lucas..."

En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Noche 090



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Pero cuando llegó la 90ª noche

Ella dijo:
He aquí lo relativo al incienso de las defecaciones patriarcales. Pero en cuanto al rey Afridonios y a los cristianos, véase lo que ocurrió: Al llegar la mañana, el rey Afridonios, siguiendo el consejo de la Madre de todas las Calamidades, reunió a los jefes principales de su ejército y a todos sus tenientes, les hizo besar una gran cruz de madera, y los fumigó con el incienso supremo ya descrito y que estaba fabricado con defecaciones auténticas del gran patriarca, sin falsificación alguna. Así es que su olor era tan fuerte, que habríase matado a un elefante de los ejércitos musulmanes, pero aquellos puercos griegos ya estaban acostumbrados a él.
Entonces la Madre de las Calamidades se levantó y dijo: "¡Oh rey! antes de dar la batalla a esos descreídos, es necesario, para asegurar nuestra victoria, que nos deshagamos del príncipe Scharkán, que es el Cheitán hecho hombre y manda todo el ejército. El es quien guía a los soldados y el que les da valor. Muerto él, caerá fácilmente en nuestras manos el ejército musulmán. Enviémosle, pues, el guerrero más valeroso de nuestros guerreros, para que lo desafíe a combate singular y lo mate".
Cuando el rey Afridonios oyó estas palabras, mandó llamar en seguida al famoso guerrero Lucas, hijo de Camlutos, y con su propia mano lo fumigó con el incienso fecal. Después cogió un poco de aquella fenta, la humedeció con saliva, y le untó las encías, la nariz y las dos mejillas, le hizo aspirar un poco, y con el resto le frotó las cejas y los bigotes. ¡Y la maldición caiga sobre él!
Porque aquel maldito Lucas era el guerrero más espantoso de todos los países de los rumís, y ningún cristiano entre los cristianos sabía lanzar como él la azagaya, ni herir con la espada, ni atravesar con la lanza.
Pero su aspecto era tan repulsivo como grande era su valor. Su cara era extraordinariamente horrorosa, pues semejaba la de un burro de mala condición; pero mirado atentamente, se parecía a un mico, y observado con más cuidado, era como un espantoso sapo o como una serpiente entre las peores serpientes, y acercarse a él era más insoportable que separarse del amigo, pues había robado a las letrinas la fetidez de su aliento. Y por todas estas razones le llamaban Espada de Cristo.
Cuando este maldito Lucas quedó fumigado y ungido fecalmente por el rey Afridonios, besó los pies al rey y se quedó esperando. Entonces el rey Afridonios le dijo: "¡Quiero que retes a combate singular a ese bandido llamado Scharkán y nos libres de sus calamidades!" Y Lucas respondió: "¡Escucho y obedezco!"
Y habiéndole el rey hecho besar la cruz, Lucas se fué y cabalgó en un magnífico caballo alazán cubierto de una suntuosa gualdrapa roja, con una silla de brocado incrustada de pedrería. Y se armó con una larga azagaya de tres puntas, y de aquel modo se le habría tomado por el mismo Cheitán. Después, precedido de heraldos de armas y un pregonero, se dirigió hacia el campamento de los creyentes.
Y el pregonero, precediendo al maldito Lucas, gritó con toda su voz en lengua árabe: "¡Oh vosotros los musulmanes! he aquí al heroico campeón que ha puesto en fuga a muchos ejércitos de entre los ejércitos turcos, kurdos y deilamitas. ¡Es Lucas, el ilustre hijo de Camlutos! ¡Que salga de entre vuestras filas vuestro campeón Scharkán, señor de Damasco, y si se atreve, que venga a afrontar a nuestro gigante!"
Apenas se pronunciaron estas palabras, se oyó un gran temblor en el aire, un galopar que hizo estremecer el suelo, llevando el espanto hasta el corazón del maldito descreído, y haciendo que se volvieran las cabezas. Y apareció Scharkán, hijo del rey Omar Al-Nemán, que llegaba derechamente contra aquellos impíos, semejante a un león enfurecido, montado en un caballo más ligero que las más ligeras de las gacelas. Y llevaba arrogante la lanza en la mano, y declamaba estos versos:
¡El alazán más ligero que la nube que surca el aire, es mi alazán! ¡Y me sirve a mí!
¡La lanza de punta cortante, es mi lanza! ¡La blando, y sus relámpagos ondean como las olas!
Pero el embrutecido Lucas, que era un bárbaro sin cultura procedente de los países más oscuros, no entendía una palabra de árabe, y no podía gustar la belleza de aquellos versos ni el ordenamiento de las rimas. Así es que se contentó con tocarse la frente, que estaba marcada con una cruz, y llevarse en seguida la mano a los labios, por respeto a aquel signo.
Y súbitamente, más asqueroso que un cerdo, llevó el caballo hacia Scharkán. Detuvo bruscamente el galope y arrojó al aire muy alto el arma que llevaba en la mano, tan alto que desapareció a las miradas. Pero bien pronto volvió a caer. Y antes de que hubiese llegado al suelo, el maldito Lucas la cogió al vuelo como un brujo. Y entonces con toda su fuerza, arrojó la azagaya de tres puntas contra Scharkán. Y la azagaya partió rápida como el rayo. ¡Y ya estaba perdido Scharkán!
Pero Scharkán, en el mismo momento en que la azagaya pasaba silbando y le iba a atravesar, extendió el brazo y la cogió al vuelo. ¡Gloria a Scharkán! Y cogió la azagaya con mano firme, y la tiró al aire, tan alto que desapareció a las miradas. Y la volvió a coger con la mano izquierda en un abrir y cerrar de ojos. Y gritó: "¡Por Aquel que creó los siete pisos del cielo! ¡Voy a dar a ese maldito una lección eterna!" Y lanzó la azagaya.
Entonces el embrutecido gigante Lucas quiso repetir la hazaña realizada por Scharkán, y tendió la mano para coger el arma voladora. Pero Scharkán, aprovechando el momento en que el cristiano se descubrió, le tiró otra segunda azagaya, que le dió en la frente, en el mismo sitio en que tenía tatuada una cruz. Y el alma descreída de aquel cristiano se le salió por el trasero, y fué a hundirse en el fuego del infierno...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Noche 089



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Pero cuando llegó la 89ª noche

Ella dijo:
"Y ni el mismo Cheitán, con todas sus malicias, podrá desenredar los hilos en que voy a coger a nuestros enemigos. Y he aquí el plan que hay que seguir para aniquilarlos:
"Envía por mar cincuenta mil guerreros, que desembarquen al pie de la Montaña Humeante, donde acampan los musulmanes. Y envía por tierra a todo el resto del ejército, y de este modo se verán cercados por todas partes, y ninguno de ellos podrá escapar".
Y el rey Afridonios dijo: "Verdaderamente, tu idea es una gran idea, ¡oh reina de las ancianas e inspiradora de las más sapientes!" Y aceptó el plan, y lo puso en ejecución en seguida.
Y los navíos se dieron a la vela, y desembarcaron al pie de la Montaña Humeante los guerreros, que se apostaron silenciosamente detrás de las altas rocas. Y por tierra avanzó él resto del ejército, que no tardó en llegar frente al enemigo.
Las fuerzas combatientes eran éstas: el ejército musulmán de Bagdad y el Khorassán comprendía ciento veinte mil jinetes mandados por Scharkán. Y el ejército de los impíos cristianos se elevaba a seiscientos mil combatientes. Así es que cuando cayó la noche sobre las montañas y las llanuras, la tierra parecía una hoguera, con todos los fuegos que la alumbraban.
En aquel momento, el rey Afridonios y el rey Hardobios reunieron a sus emires y a sus jefes de ejército, y resolvieron dar la batalla al día siguiente: pero la Madre de todas las Calamidades, que los escuchaba, se levantó y dijo:
"Las batallas sólo pueden tener resultados funestos cuando las almas no están santificadas. ¡Oh guerreros cristianos! antes de luchar tenéis que aproximaros al Cristo y purificaron con el supremo incienso de las defecaciones patriarcales".
Y todos contestaron: "Benditas sean tus palabras, ¡oh venerable madre!"
Pero he aquí en qué consistía este supremo incienso de las defecaciones patriarcales:
Cuando el gran patriarca de Constantinia hacía sus defecaciones, los sacerdotes las recogían cuidadosamente en toallas de seda y las secaban al sol. Después las mezclaban con almizcle, ámbar y benjuí, pulverizaban la pasta, completamente seca, la metían en cajitas de oro, y la mandaban a todas las iglesias y a todos los reyes cristianos. Y este polvo de las defecaciones patriarcales servía de incienso supremo para santificar a los cristianos en todas las ocasiones solemnes, especialmente para bendecir a los recién casados, para fumigar a los recién nacidos y bendecir a los nuevos sacerdotes.
Pero como las defecaciones del gran patriarca apenas bastaban por sí solas para diez provincias, y no podían servir para tantos usos en todos los países cristianos, los sacerdotes tenían que falsificar aquel polvo mezclándolo con otras materias fecales menos santas, como por ejemplo, las de los otros patriarcas menores y las de los vicarios.
Hay que tener en cuenta que era muy difícil distinguirlas. Por consiguiente, aquel polvo era muy estimado a causa de sus virtudes, pues aquellos sucios griegos, además de las fumigaciones, lo empleaban en colirios para las enfermedades de los ojos y en estomaquicos para los intestinos. Y éste era el tratamiento a que se sometían los reyes y las reinas más grandes. Todo esto contribuía a que su precio fuese tan elevado, que el peso de un dracma se vendiera en mil dinares de oro. Y he aquí lo relativo al incienso de las defecaciones patriarcales...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Noche 088



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Pero cuando llegó la 88ª noche

Ella dijo:
Y Daul'makán contestó: "No le he recompensado aún en la medida que se merece. ¡Pero si quiere Alah, lo haré al regresar de la guerra!" Y entonces Scharkán pudo comprobar la veracidad de las palabras de Nozhatú, y rogó al gran chambelán que la saludase de su parte. Y el gran chambelán, cumplido el encargo, transmitió a Scharkán el saludo de Nozhatú, que pidió noticias de su hija Fuerza del Destino. Y al saber por Scharkán que estaba perfectamente, dió gracias a Alah por ello.
Cuando todas las tropas estuvieron reunidas, los dos hermanos se pusieron al frente de ellas. Y Daul'makán se despidió de su joven esclava, después de haberla instalado como se merecía.
Formaban la vanguardia del ejército los guerreros turcos, cuyo jefe se llamaba Bahramán, y la retaguardia los guerreros del Deilam (Provincia de Persia) cuyo jefe se llamaba Rustem. El centro iba a las órdenes de Daul'makán, el ala derecha la manda el príncipe Scharkán, el ala izquierda el gran chambelán, y el gran visir fué nombrado segundo jefe general del ejército.
No cesaron de viajar durante un mes entero, descansando tres días a cada semana, hasta que llegaron al país de los rumís. Y los habitantes huyeron aterrados, refugiándose en Constantinia y comunicando al rey Afridonios la invasión de los musulmanes.
El rey Afridonios mandó llamar a la Madre de todas las Calamidades, que acababa de llegar con su hija Safía, y había decidido al rey Hardobios a que se uniese con él para vengar la muerte de su hija Abriza.
Y el rey Afridonios, apenas se presentó la Madre de todas las Calamidades, le preguntó pormenores de la muerte del rey Omar Al-Nemán, y ella se apresuró a relatárselos, y entonces el rey le dijo: "Y ahora que el enemigo se acerca, ¿qué debemos hacer, ¡oh Madre de todas las Calamidades!?" Y ésta dijo: "¡Oh gran rey, representante de Cristo en la tierra! voy a indicarte el plan que has de seguir para triunfar, y ni el mismo Cheitán, con todas sus malicias, podrá desenredar los hilos en que voy a coger a nuestros enemigos".
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

 

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Noche 087



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Pero cuando llegó la 87ª noche

Ella dijo:
Entonces el chambelán abrió las cajas que contenían las riquezas traídas de Damasco, y no se quedó con nada absolutamente, pues todo lo repartió entre los soldados, dando las cosas mejores a los jefes del ejército. Y todos los jefes besaron la tierra entre sus manos, hicieron votos por la vida del rey, y se dijeron unos a otros: "¡Jamás hemos visto generosidad semejante!"
Y entonces Daul'makán dió la señal de marcha; se levantó el campo, y el rey, a la cabeza del ejército, hizo su entrada en Bagdad.
Y todo Bagdad estaba adornado y los habitantes hacinados en las azoteas. Y las mujeres daban gritos de júbilo cuando pasaba el rey. Y el rey, apenas llegó a palacio, llamó al jefe de los escribas y le dictó una carta para su hermano Scharkán, relatándole todo lo ocurrido desde el principio hasta el fin, terminando de este modo:
"Y te rogamos que al recibo de la presente movilices tu ejército y vengas a unir tus fuerzas a las nuestras, para que vayamos a pelear con los infieles y venguemos la muerte de nuestro padre, lavando la mancha que debe lavarse".
Después dobló la carta, la precintó con su sello, llamó al visir Dandán y se la entregó, diciéndole: "Sólo tú, ¡oh gran visir! puedes desempeñar una misión tan delicada cerca de mi hermano. Y dile que estoy dispuesto a cederle el trono de Bagdad y pasar a ser gobernador de Damasco".
Entonces el visir dispuso el viaje, y aquella misma noche salió para Damasco.
Durante su ausencia ocurrieron dos cosas importantes: la primera fué que Daul'makán mandó llamar a su amigo el encargado del hammam, le colmó de honores y le dió un palacio que mandó engalanar con las alfombras más hermosas de Persia. Pero ya se hablará extensamente, en el curso de esta historia, de este buen encargado del hammam.
Y la segunda cosa fué la siguiente: "el rey Daul'makán recibió de uno de sus vasallos diez esclavas blancas. Y una de estas jóvenes, cuya belleza era imponderable, agradó tanto al rey, que en seguida se acostó con ella y la dejó preñada al momento. Pero ya volveremos sobre esto en el curso de esta historia.
En cuanto al visir, no tardó en regresar, anunciando que el príncipe Scharkán, acogiendo favorablemente la petición, se había puesto en camino a la cabeza de su ejército. Y salieron a esperarle, y apenas habían andado una jornada vieron venir al príncipe Scharkán con su ejército, precedido por los batidores.
Y Daul'makán quiso apearse, pero Scharkán, desde lejos, le rogó que no lo hiciera, y fué el primero en descabalgar para precipitarse en brazos de Daul'makán, que de todas maneras se había apeado. Y se dieron un largo abrazo, llorando; y después de dirigirse palabras de consuelo por la muerte de su padre, volvieron juntos a Bagdad.
Y en seguida se convocó a toda la gente de armas del imperio, que acudió presurosa a causa de la recompensa y del botín que se les ofreció. Y durante un mes no dejaron de afluir guerreros. Y Scharkán contó a Daul'makán toda su historia; y Daul'makán también contó la suya, pero insistiendo mucho en los servicios del encargado del hammam. Así es que Scharkán dijo: "Seguramente habrás recompensado la virtuosa abnegación de ese hombre". Y Daul'makán, contestó:
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Noche 086



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Pero cuando llegó la 86ª noche

Ella dijo:
Entonces la anciana dijo: "¡Manda que llamen a la reina Safía!" Y el rey mandó inmediatamente llamar a tu madre la reina Salía, y la confió a la anciana, que la llevó en seguida adonde estaban las jóvenes. Después fué a sus habitaciones, y volvió con una copa sellada, le dió la copa al rey Omar, y le dijo: "En la mañana del trigésimo día, terminado tu ayuno, irás a tomar un baño. Después regresarás a tu celda, y beberás esta copa, que completará tu purificación y te hará digno de estrechar contra tu seno a mis cinco jóvenes. Y ahora, ¡contigo sean la paz, la misericordia de Alah y todas sus bendiciones!, ¡oh hijo mío!"
Y la anciana se fué acompañada de las cinco jóvenes y de tu madre la reina Safía.
Y el rey siguió su ayuno hasta el trigésimo día. Y al llegar la mañana del trigésimo día, el rey se levantó, se fué al hammam, tomó el baño y después regresó a su celda, prohibiendo que nadie le llamase. Cerró por dentro con llave, cogió la copa, le quitó el sello, se la bebió, y después se tendió a descansar.
Y como sabíamos que era el último día del ayuno, aguardamos hasta el anochecer. Y después seguimos esperando toda la noche y hasta la mitad del día siguiente. Y pensábamos: "¡Debe estar descansando!" Pero como persistía en no abrir, nos acercamos a la puerta y dimos voces. Y nadie contestó.
Entonces, alarmados por aquel silencio, echamos la puerta abajo y entramos.
Pero el rey ya no estaba allí. Encontramos sus carnes destrozadas y sus huesos ennegrecidos. Y todos caímos desmayados.
Y cuando volvimos en nuestro conocimiento, cogimos la copa, la examinamos, y debajo de la tapa hallamos un papel que decía:
"¡A ningún malvado debe echársele de menos! Toda persona que, lea este papel, sepa que tal es el castigo de quien seduce a las hijas de los reyes y las corrompe. ¡Tal es el caso de este hombre! ¡Envió a su Dijo Scharkán para que arrebatase a la hija de nuestro rey, a la desventurada Abriza! ¡Y la cogió, y virgen como era, hizo de ella lo que hizo! ¡Y después se la dió a un esclavo negro, que la hizo sufrir los peores ultrajes y la mató! Y por ese acto, indigno de un rey, ha perecido el rey Omar Al-Nemán. Y yo, que lo he matado, sabed que soy la animosa y la vengadora, cuyo nombre es Madre de todas las Calamidades. Y no sólo, ¡oh vosotros infieles que me leéis! he matado a vuestro soberano, sino que me he apoderado de la reina Safía, hija del rey Afridonios de Constantinia, y se la voy a devolver a su padre.
Después todos volveremos armados, para destruir vuestras casas y exterminaros hasta el último. ¡Y no quedaremos en la tierra más que nosotros los cristianos, que adoramos la Cruz!"
"Al leer este papel comprendimos toda nuestra desgracia, y nos golpeamos el rostro, y lloramos mucho tiempo. Pero ¿de qué nos servían muestras lágrimas, cuando ya se había realizado lo irreparable?
"Y fué entonces cuando anduvimos discordes para la elección del sucesor el ejército y el pueblo. Y este desacuerdo duró todo un mes, al cabo del cual, como nada se sabía de tu existencia, se resolvió elegir a tu hermano. ¡Pero Alah te puso en nuestro camino, y sucedió lo que sucedió!
"Y tal es la causa de la muerte de tu padre el rey Omar Al-Nemán". Cuando el gran visir terminó su relato, sacó el pañuelo, se lo llevó a los ojos, y empezó a llorar. Y el rey Daul'makán y la reina Nozhatú, que seguía detrás de la cortina de seda, se echaron a llorar también, lo mismo que el gran chambelán y cuantos estaban presentes.
Pero el chambelán fué el primero en decir: "¡Oh rey! estas lágrimas ya no sirven para nada. Ahora te corresponde dar firmeza al corazón para velar por los intereses de tu reino. ¡Porque tu difunto padre sigue viviendo en ti, pues los padres viven en los hijos dignos de ellos!"
Entonces Daul'makán dejó de llorar y se preparó para la primera sesión de su reinado.
Se sentó en el trono, el chambelán se quedó de pie a su lado, el visir Dandán delante de él, y los grandes del reino se colocaron según su categoría.
Entonces, dirigiéndose al visir Dandán, le dijo: "Sepamos el contenido de los armarios de mi padre". Y el visir contestó: "¡Escucho y obedezco!" Y fué enumerando todo el contenido: dinero, riquezas y joyas; y le entregó una lista detallada. Y entonces el rey dijo: "¡Oh visir de mi padre! seguirás siendo el gran visir de mi reinado". Y el visir Dandán besó la tierra entre las manos del rey, y le deseó larga vida. Y el rey dispuso: "En cuanto a las riquezas que hemos traído con nosotros de Damasco, hay que repartirlas entre el ejército".
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Noche 085



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Pero cuando llegó la 85ª noche


Ella dijo:
Cerró la puerta por dentro, se metió la llave en el bolsillo, y empezó inmediatamente el ayuno.
Y al llegar al undécimo día, desprecintó la colodra, se la llevó a los labios y la bebió de un trago. Inmediatamente experimentó un bienestar general y una gran dulzura en sus entrañas. Y apenas había bebido, llamaron a la puerta de la celda. Y al abrirla, entró la anciana con un paquete de hojas frescas de plátano.
Y el rey se levantó y le dijo: "¡Bienvenida seas, mi venerable madre!" y ella contestó: "¡Oh rey! he aquí que la Gente de lo Invisible me envía para transmitirte su saludo, pues le he hablado de ti, y todos se han alegrado mucho al saber nuestra amistad. Y te envían este paquete, que encierra bajo las hojas de plátano unas delicadas confituras que han preparado con sus dedos las vírgenes de negros ojos del paraíso. Así es que cuando llegue la mañana del vigésimo día, cortarás el ayuno comiendo las confituras". El rey Omar se alegró en extremo al oír estas palabras, y dijo: "¡Loor a Alah, que me ha permitido tener hermanos entre la Gente de lo Invisible!" Después dió muchas gracias a la anciana, le besó las manos, y la acompañó con muchas consideraciones hasta la puerta de la celda.
Y como había prometido, volvió la anciana al vigésimo día, y dijo al rey: "¡Oh rey! sabe que he comunicado a mis hermanos de lo Invisible mi intención de regalarte las jóvenes, y se han alegrado mucho a causa de la amistad que te tienen. Así es que antes de dejarlas entre tus manos, las voy a llevar a la morada de la Gente de lo Invisible, para que les infundan su aliento y las perfumen con un aroma tan agradable que te ha de encantar. Y volverán a ti llevando un magnífico tesoro extraído del seno de la tierra por mis hermanos de lo Invisible"
Y el rey le dió las gracias por todos sus favores, y le dijo: "¡En realidad, eso es demasiado! Y en cuanto al tesoro del fondo de la tierra, me parece verdaderamente excesivo y temo abusar". Pero ella respondió a esto como correspondía, y tu padre le preguntó: "¿Y cuándo me las traerás?" Ella dijo: "La mañana del trigésimo día, cuando hayas terminado el ayuno y te hayas purificado. Y esas jóvenes, cada una de las cuales vale más que todo tu imperio, tendrán entonces una pureza de jazmín, y te pertenecerán por completo". El contestó: "¡Oh qué verdad es ésa!" Ella dijo: "Ahora, si quisieras confiarme la mujer que prefieras entre tus mujeres, la llevaría con esas jóvenes, para que las gracias y purificaciones de mis hermanos, la Gente de lo Invisible, recayeran también en ella".
Entonces el rey tu padre dijo: "¡Cuántos beneficios he de agradecerte! En efecto, tengo una griega llamada Salía, hija del rey Afridonios de Constantinia, y Alah me ha dado de ella dos hijos a quienes, ¡ay de mí! he perdido hace años. Llévala contigo, ¡oh venerable anciana! para que recaiga en ella la gracia de la Gente de lo Invisible, y ojalá, por su intercesión, pueda recobrar mis hijos". Entonces la anciana dijo: "Seguramente, así será. ¡Manda que llamen a la reina Safía!"
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente

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Noche 084



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Pero cuando llegó la 84ª noche
Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que la venerable anciana prosiguió de esta manera:
"Se cuenta que el califa Abu-Giafar Al-Mansur quiso nombrar kadí a Abí-Hanifa y señalarle diez mil dracmas al año. Pero cuando Abí-Hanifa se enteró de la intención del califa, rezó la oración matutina, se envolvió en su ropón blanco y se sentó sin decir una palabra. Entonces entró el enviado del califa, para entregarle por anticipado los diez mil dracmas y anunciarle su nombramiento. Pero Abí-Hanifa no contestó palabra a todo el discurso del enviado. Entonces el enviado dijo: "Puedes estar seguro de que todo este dinero que te traigo es cosa lícita y admitida por el Libro Noble". Pero Abí-Hanifa replicó: "Verdaderamente, es cosa lícita, ¡pero Abí-Hanifa no será jamás servidor de los tiranos!"
Y dichas estas palabras, la anciana añadió: "Habría querido, ¡oh rey! recordarte más rasgos admirables de la vida de nuestros sabios antiguos. Pero he aquí que la noche se acerca; además, ¡los días de Alah son numerosos para sus servidores!" Y la santa anciana se volvió a echar el velo sobre los hombros, y retrocedió hacia el grupo formado por las cinco doncellas.
El visir Dandán, al llegar a este punto, cesó de hablar un momento, pero a los pocos instantes añadió:
Cuando el rey Ornar Al-Nemán hubo oído estas palabras edificantes, comprendió que aquellas mujeres eran las más perfectas de su siglo, al mismo tiempo que las más bellas y las de espíritu y cuerpo más cultivados. Y no supo qué consideraciones guardarles que fueran dignas de ellas, y quedó completamente encantado con su hermosura, y las deseó ardientemente, al mismo tiempo que se llenaba de respeto hacia la santa anciana que las guiaba. Y por lo pronto les dió para vivienda los aposentos reservados que habían pertenecido en otro tiempo a la reina Abriza, reina de Kaissaria. Y durante diez días seguidos fué personalmente a saber de ellas y a ver por sí mismo si les faltaba algo, y cada vez que iba encontraba a la vieja rezando, pues pasaba los días entregada al ayuno y las noches a la meditación. Y tanto le edificó su santidad, que un día me dijo: "¡Oh mi visir! ¡Qué bendición es tener en palacio una santa tan admirable! Mi respeto hacia ella es tan grande como mi amor hacia esas jóvenes.
Puesto que han transcurrido los diez días de nuestra hospitalidad y podemos hablar de negocios, ven conmigo para pedir a la anciana que fije el precio de esas jóvenes, de esas cinco vírgenes de pechos redondos".
Fuimos, pues, en seguida, y tu padre se lo preguntó a la anciana, que le dijo: "¡Oh rey! sabe que el precio de esas jóvenes está fuera de las condiciones ordinarias, porque su precio no se paga en oro, ni en plata, ni en pedrerías".
Al oír estas palabras, el rey Omar se quedó extraordinariamente asombrado, y le preguntó: "¡Oh venerable señora! ¿En qué consiste el precio de estas jóvenes?" Y ella contestó: "No puedo vendértelas más que con una sola condición: un ayuno de todo un mes, durante el cual te dedicarás a la meditación y a la plegaria. Y al cabo de este mes de ayuno completo, con el cual tu cuerpo se purificará y se hará digno de comulgar con el cuerpo de esas jóvenes, podrás disfrutar totalmente de sus dulzuras'".
Entonces el rey Omar quedó asombrado hasta el límite del asombro, y su respeto a la anciana ya no conoció límites. Y se apresuró a aceptar sus condiciones. Pero la anciana le dijo: "Por mi parte te ayudaré con mis oraciones y con mis votos a soportar el ayuno. Ahora tráeme una colodra de cobre". Y el rey le entregó una colodra de cobre, que ella llenó de agua pura, y empezó a decir oraciones en una lengua desconocida y a murmurar durante una hora frases que ninguno de nosotros entendimos. Después cubrió la colodra con una tela transparente, la precintó con su sello, y la entregó a tu padre, diciéndole:
"Al cabo de los diez días, cortarás el ayuno bebiendo esta agua santa, que te fortalecerá y te lavará de todas las mancillas pasadas. Y ahora me voy a buscar a la Gente de lo Invisible, que son mis hermanos, pues hace mucho tiempo que no los he visto. Volveré en la mañana del undécimo día". Y dichas estas palabras, deseó la paz a tu padre, y se fué.
Entonces el rey eligió una celda completamente aislada del palacio, en la cual no puso más muebles que la colodra de cobre, y se encerró allí para entregarse a la meditación y al ayuno y hacerse merecedor de los cuerpos de aquellas jóvenes. Cerró la puerta por dentro, se metió la llave en el bolsillo y...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Noche 083



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Pero cuando llegó la 83ª noche

Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que la joven prosiguió en esta forma:
"La pastorcilla tenía un trasero muy gordo, y el viento de cuando en cuando adhería a sus redondeces el ligerísimo vestido, y otras veces levantaba la falda y dejaba completamente desnudo el trasero de la pastora. Pero Muza, cada vez que se le aparecía el trasero desnudo, cerraba los ojos para no verlo. Y como temía que la tentación llegara a ser demasiado fuerte, dijo a la muchacha: "Déjame ir delante de ti". Y la joven, bastante sorprendida, echó a andar detrás de Muza. Y acabaron los dos por llegar a casa de Schoaib.
Y cuando Schoaib vió entrar a Muza, se levantó en honor suyo, y como la comida estaba dispuesta, le dijo: "¡Oh Muza! que la hospitalidad en esta casa te sea amplia y cordial por lo que has hecho por mis hijas".
Pero Muza contestó: "¡Oh padre mío! No vendo ni por oro ni por plata los actos que ejecuto pensando en el juicio”.
Y Schoaib replicó: "¡Oh joven!, eres mi huésped, y acostumbro ser hospitalario y generoso con mis huéspedes; pues tal fué la costumbre de todos mis antepasados. Quédate, pues, aquí, y come con nosotros". Y Muza se quedó y comió con ellos. Y al acabar la comida, Schoaib dijo a Muza: "¡Oh mi joven huésped! vivirás con nosotros y llevarás a pacer el rebaño. Y a los ocho años; como precio a tus servicios, te casaré con aquella de mis hijas que ha ido a buscarte a la fuente".
Y Muza esta vez aceptó, y dijo para sí: "¡Ahora que la cosa será lícita con la joven, podré usar sin reticencias su trasero bendito!"
"Se cuenta que Ibn-Bitar hubo de encontrarse con uno de sus amigos, que le preguntó: "¿En dónde has estado tanto tiempo que no te he visto?" Ibn-Bitar repuso: "He estado con mi amigo Ibn-Scheab. ¿Lo conoces?" Y el otro contestó: "¡Ya lo creo que lo conozco! Es vecino mío desde hace más de treinta años, pero nunca le he dirigido la palabra". Entonces Ibn-Bitar dijo: "¡Oh desventurado! ¿No sabes que al que no quiere a sus vecinos no le quiere Alah? ¿Y no sabes que debemos tantas consideraciones a nuestro vecino como a nuestro pariente?"
"Un día, Ibn-Adham dijo a uno de sus amigos que volvía con él de la Meca: "¿Cuál es tu vida?" Y el otro contestó: "Cuando tengo para comer, como, y cuando tengo hambre y no tengo dinero, lo tomo con paciencia". E Ibn-Adham contestó: "¡En realidad, haces lo mismo que los perros del país de Balkh! En cuanto a nosotros, cuando Alah nos da pan, lo glorificamos, y cuando no tenemos que comer, le damos las gracias de todas maneras”.
Entonces el hombre exclamó: "¡Oh maestro mío!" Y no dijo más.
"Cuentan que Mohammed ben-Omar preguntó un día a un hombre muy austero: "¿Qué piensas de la esperanza que se debe tener en Alah?" Y el hombre dijo: "Pongo mi esperanza en Alah, por dos cosas: porque el pan que yo como nunca se lo come otro, y porque si he venido al mundo ha sido por voluntad de Alah". Y dichas estas palabras, la quinta joven retrocedió junto a sus compañeras. Entonces se adelantó pausadamente la venerable anciana. Besó nueve veces la tierra entre las manos de tu difunto padre el rey Omar Al-Neman y dijo:

Palabras de la anciana

"¡Oh rey Omar! acabas de oír las palabras edificantes de estas jóvenes acerca del desprecio hacia las cosas de aquí abajo, en la medida en que estas cosas deben ser despreciadas. Ahora voy a hablarte de cuanto sé respecto a los hechos y a los dichos de los más grandes entre nuestros antiguos.
"Se cuenta que el gran imán Al-Schafí (¡que Alah le tenga en su gracia!) dividía la noche en tres partes: la primera para el estudio, la segunda para el sueño, y la tercera para la oración. Y hacia el fin de su vida, velaba toda la noche, sin reservar nada para el sueño.
"El mismo imán Al-Schafí (¡Alah le tenga en su gracia!) ha dicho: "Durante diez años de mi vida, no he querido comer todo el pan de cebada que apetecía. Porque comer demasiado es perjudicial de todas maneras. Se embota el cerebro, se endurece el corazón, se aniquila la inteligencia, se acrecientan la pereza y el sueño, y desaparece hasta la última energía".
"El joven Ibn-Fuad nos cuenta: "Me hallaba un día en Bagdad, cuando habitaba allí el imán Al-Schafí. Y habiendo marchado a la orilla del río para hacer mis abluciones, pasó junto a mí un hombre seguido de una muchedumbre que caminaba silenciosamente detrás de él y me dijo: "¡Oh joven paseante! cuida de tus abluciones, y Alah cuidará de ti". Y al ver a aquel hombre que tenía unas barbas muy largas y un rostro señalado por la bendición, me apresuré a terminar mis abluciones, y le fuí siguiendo. Entonces se volvió hacia mí, y me dijo: "¿Necesitas pedirme alguna cosa?"
Yo repuse: "¡Oh venerable padre! ¡Deseo que me enseñes lo que seguramente has aprendido de Alah el Altísimo!" Y me dijo: "¡aprende a conocerte! ¡Y no obres hasta entonces! ¡Y obra entonces según tus deseos, pero cuidando de no perjudicar al vecino!" Y siguió su camino sin decir más. Entonces pregunté a los que le seguían: "¿Pues quién es ése?" Y me contestaron: "¡Es el imán Mohammed ben-Edris Al-Schafí!"
En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Noche 082



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Pero cuando llegó la 82ª noche

Ella dijo:
"Se cuenta también que la hermana del Descalzo fué un día a buscar al imán Ahmad ben-Hanbal, y le dijo: "¡Oh santo imán! vengo a ilustrarme. ¡Ilústrame! Por la noche acostumbro velar en la azotea, hilando a la claridad de las luces que pasan, pues no tenemos luz. Y de día hago mis labores y preparo los alimentos. Dime si obro bien usando una luz que no me pertenece".
Entonces preguntó el imán: "¿Quién eres tú?"
Y ella dijo: "Soy la hermana de Baschra el Descalzo".
Y el santo imán se levantó, besó la tierra entre las manos de la joven, y dijo: "¡Oh hermana del más perfumado entre los santos! ¿Por qué no podré yo aspirar a toda la pureza de tu corazón?"
"Se cuenta también que un santo entre los santos ha dicho estas palabras:
"Cuando Alah quiere bien a alguno de sus servidores, abre ante él la puerta de la inspiración".
"También se sabe que cuando Malek ben-Dinar pasaba por los zocos y veía algún objeto que le gustaba, se reconvenía de este modo: ¡Oh Alma mía! es inútil que me tientes porque no te haré caso".
Y afirmaba: El único medio de salvar el alma, es obedecerla; y el medio seguro de perderla, es hacerle caso”.
"Y Mansur ben-Omar nos cuenta el caso siguiente: "Fui de peregrinación a la Meca, y pasé por la ciudad de Kufa. Y era una noche llena de tinieblas. Y en el seno de la noche oí cerca de mí, sin distinguir de dónde salía, una voz que decía esta oración: "¡Oh Señor, lleno de grandeza! no soy de los que se rebelan contra tus leyes, ni de los que ignoran tus beneficios. Y sin embargo, en tiempos pasados he pecado, acaso gravemente, y vengo a implorar tu perdón y la remisión de mis errores. ¡Porque mis intenciones no eran malas y mis actos me hicieron traición!".
"Y terminada esta oración, oí que un cuerpo caía pesadamente al suelo. Y no sabía lo que podía ser aquella voz, ni comprendía lo que significaba aquella oración en medio del silencio, porque mis ojos no podían distinguir la boca que la decía, ni podía adivinar qué era aquel cuerpo que caía al suelo pesadamente. Entonces grité: "¡Soy Mansur ben-Omar, peregrino de la Meca! ¿Quién necesita que le socorra?" Y nadie me contestó. Y me fui. Pero al día siguiente vi pasar un entierro, y me uní a la gente que formaba la comitiva, y delante de mí iba una vieja extenuada por el dolor. Y le pregunté: "¿Quién es ese muerto?" Ella respondió: "Ayer mi hijo, después de decir la oración, recitó los versículos del Libro Noble que empiezan con estas palabras: "¡Oh vosotros que creéis en la Palabra, fortaleced vuestras almas...! Y cuando mi hijo hubo acabado los versículos, ese hombre que está ahora en ese féretro, sintió que le estallaba el hígado, y cayó muerto. Y eso es todo lo que puedo decir".
Y la cuarta joven, después de estas palabras, retrocedió hacia sus compañeras. Entonces se adelantó la quinta joven, que era la corona sobre la cabeza de todas las jóvenes, y dijo:

Palabras de la quinta joven

"Yo, ¡oh rey afortunado! te diré cuanto he llegado a saber de las cosas espirituales de pasados tiempos.
"El sabio Moslima ben-Dinar ha dicho: "Todo placer que no impulse tu alma hacia Alah, es una torpeza".
"Se cuenta que cuando Muza (¡la paz sea con él!) estaba en la fuente de Modain, llegaron dos pastoras con el rebaño de su padre Schoaib. Y Muza (¡la paz sea con él!) dió de beber a las dos muchachas y al rebaño en el abrevadero de troncos de palmera. Y las dos jóvenes, de regreso a su casa, se lo contaron a su padre Schoaib, que dijo entonces a una de ellas: "Vuelve junto al joven y dile que venga a nuestra casa". Y la muchacha volvió a la fuente; y cuando estuvo cerca de Muza, se cubrió la cara con el velo, y le dijo: "Mi padre te ruega que me acompañes para compartir nuestra comida, en recompensa de lo que has hecho por nosotras".
Pero Muza, muy emocionado, no quiso seguirla al principio, aunque después acabó por decidirse. Y se fué detrás de ella. Ahora bien; la pastorcilla tenía un trasero muy gordo..."
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

 

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Noche 081



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Pero cuando llegó la 81ª noche

Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que la segunda joven prosiguió de este modo:
"Y por otra parte, ya lo expuso acertadamente el poeta en estos versos:
"Hay dos cosas que debes evitar siempre: la idolatría hacia Alah, y el mal hacia tu prójimo."
Y dichas estas palabras, la segunda joven retrocedió hacia sus compañeras. Entonces la tercera joven, que reunía en sí las perfecciones de las otras dos, se adelantó hacia el rey Omar Al-Nemán, y dijo:

Palabras de la tercera joven

"En cuanto a mí, ¡oh rey afortunado! te diré pocas palabras en este día, porque estoy algo indispuesta, y además recomiendan los sabios la brevedad en el discurso.
Sabe, pues, que Safián ha dicho: "¡Si el alma habitase en el corazón del hombre, el hombre tendría alas y volaría hacia los paraísos!" "Y ese mismo Safián ha dicho: "¡Sabed que el simple hecho de mirar la cara de una persona fea constituye el pecado más grande contra el espíritu!"
Y habiendo dicho estas frases, la joven retrocedió hacia sus compañeras. Entonces se adelantó la cuarta joven, que ostentaba unas caderas sublimes. Y habló así:

Palabras de la cuarta joven 

"Y yo, ¡oh rey afortunado! heme aquí dispuesta a decirte las palabras que he llegado a saber de la historia de los hombres justos.
Se cuenta que Baschra el Descalzo dijo: "¡Guardaos de la cosa más abominable!" Y los que le escuchaban preguntaron ¿Cuál es la cosa más abominable!" Y el sabio contestó: “El hecho de permanecer mucho tiempo de rodillas, para alardear del rezo, la ostentación de la piedad.”
Entonces le suplicó uno de los presentes: “¡Oh padre mío! Enséñame a conocer las verdades ocultas y el secreto de las cosas”. Pero el Descalzo dijo: ¡Oh hijo mío! esas cosas no se hicieron para el rebaño. Y nosotros no podemos ponerlas al alcance del rebaño. Porque apenas de cada cien justos hay cinco que sean puros como la plata virgen”.
"Y cuenta el jeique Ibrahim: "Un día vi a un hombre muy necesitado que acababa de perder una monedilla de cobre. Me acerqué a él y le alargué un dracma de plata, pero el hombre lo rechazó. Y me dijo: "¿De qué me serviría toda la plata de la tierra, si sólo aspiro a las dichas inmortales?"
"Se cuenta también que la hermana del Descalzo fué un día..."
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Noche 080



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Y cuando llegó la 80ª noche

Ella dijo:
El gran visir Dandán prosiguió de este modo:
Entonces se adelantó la segunda joven, que tenía una mirada muy brillante y una cara muy fina, animada por una eterna sonrisa. Besó siete veces la tierra entre las manos de tu difunto padre el rey Omar Al-Nemán, y dijo:

Palabras de la segunda joven



Sabe ¡oh rey afortunado! que el sabio Locmán habló así a su hijo: "¡Oh hijo mío! Hay tres cosas que solo pueden comprobarse en tres circunstancias: no se puede saber si un hombre es verdaderamente bueno, más que en sus iras, si un hombre es valeroso, más que en el combate, y si un hombre es afable, más que en la necesidad”.
El tirano sufrirá tormentos y expiará sus injusticias, a pesar de las lisonjas de sus cortesanos, mientras que el oprimido, a pesar de las injusticias se salvará de todo tormento.
No trates a la gente por lo que diga, sino por lo que haga. Las acciones no valen más que por la intención que las inspira, y cada hombre será juzgado por sus intenciones y no por sus actos.
Sabe también, ¡oh rey Omar! que la cosa más admirable de nosotros es nuestro corazón. Y preguntándole un día a un sabio cuál es el peor de los hombres, contestó: "Aquel que deja que los malos deseos se apoderen de su corazón, porque pierde toda su entereza". Y el poeta lo dijo muy bien:
"La única riqueza es la que encierran los pechos. ¡Pero cuán difícil es encontrar su camino!"
"Nuestro Profeta (¡sean con él la paz y la plegaria!) dijo: "El verdadero sabio es el que prefiere las cosas inmortales a las perecederas".
Se cuenta que el asceta Sabet lloró tanto, que se le enfermaron los ojos. Entonces llamaron a un médico, y le dijo: "No puedo curarte, como no me prometas una cosa". Y el asceta preguntó: "¿Qué cosa he de prometerte?" Y dijo el médico: "¡Que dejarás de llorar!" Pero el asceta repuso: "¿Y para qué me servirían los ojos si ya no llorara?
"Y sabe también que la acción más hermosa es la desinteresada. Porque se cuenta que en Israel había dos hermanos; y uno de ellos dijo al otro: "¿Cuál es la acción más espantosa que has cometido?" Y el otro contestó: "Es ésta: pasando un día cerca de un gallinero, alargué el brazo, cogí una gallina, y después de estrangularla, la volví a echar al gallinero. Esta es la cosa más espantosa de mi vida. Y tú, hermano mío, ¿qué es lo más espantoso que has hecho?" Y el otro hermano contestó: "Haber rezado a Alah para pedirle una merced, porque la plegaria solo es hermosa cuando encamina el alma hacia las Alturas." Y por otra parte...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Noche 079



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Pero cuando llegó la 79ª noche

Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que el rey Omar dijo a las doncellas: "¡Oh gentiles jóvenes! si es cierto que estáis versadas en el saber de las cosas que pasaron, que se adelante cada una de vosotras y me diga lo que mejor entienda de mi agrado".
Entonces la primera joven, cuya mirada era muy dulce, se adelantó, besó la tierra entre las manos del rey, y dijo:

Palabras de la primera joven 


"Sabed, ¡oh rey del tiempo! que la vida no existiría sin el instinto de ella. Y este instinto de la vida ha sido colocado en el hombre para que pueda, con ayuda de Alah, ser el dueño de sí mismo y acercarse a Alah el Creador. Y la vida ha sido dada al hombre para que desarrolle la belleza, poniéndose por encima de los errores. Y los reyes, que son los primeros entre los hombres deben ser los primeros en el camino de las virtudes y en la senda del desinterés. Y el hombre cuerdo, de espíritu cultivado, debe siempre proceder con dulzura y juzgar con equidad. Y debe guardarse prudentemente de sus enemigos y escoger cuidadosamente sus amigos, y cuando los haya escogido, ya no debe intervenir entre ellos para nada el juez, sino arreglarlo todo por medio de la bondad. Porque, o ha elegido a sus amigos entre los que viven apartados del mundo y dedicados a la santidad, y entonces debe oírlos respetuosamente y atenerse a su juicio, o los ha elegido entre los aficionados a los bienes de la tierra, y entonces debe velar por no herirlos en sus intereses, ni contrariar sus costumbres, ni contradecir sus palabras. La contradicción enajena hasta el afecto del padre y la madre ¡Y un amigo es una cosa tan preciosa! Porque el amigo no es como la mujer, de la cual se puede uno divorciar para sustituirla con otra. La herida hecha a un amigo no se cicatriza nunca, como dice el poeta:
"Piensa que el corazón del amigo es cosa muy frágil, y que se le debe cuidar como toda cosa frágil.
"¡El corazón del amigo, una vez herido, es como el cristal que una vez roto, ya no se puede componer!”
"Permite ahora que te recuerde algunas palabras de los sabios.
Sabe, ¡oh rey! que un kadí para dar una sentencia justa, debe mandar que se hagan las pruebas de una manera evidente, y tratar a ambas partes por igual, sin demostrar más respeto al acusado rico que al acusado pobre, aunque debe tender ante todo a la reconciliación, para que reine siempre la concordia entre los musulmanes. Y en la duda, debe reflexionar largamente, y volver varias veces sobre sus raciocinios, y abstenerse si prosigue la duda. La justicia es el primero de los deberes, y volver hacia la justicia, si se ha sido injusto, es mucho más noble que haber sido justo siempre, y mucho más meritorio ante el Altísimo. Y no hay que olvidar que Alah el Altísimo ha puesto a los jueces en la tierra solo para juzgar las cosas aparentes, pues se ha reservado para Él el juicio de las cosas secretas. Y es un deber del kadí no intentar nunca arrancar confesiones a un acusado sometiéndole al tormento ni al hambre, pues es indigno de los musulmanes.
Al-Zahrí ha dicho: "Tres cosas denigran a un kadí: manifestar condescendencia hacia un culpable de alta categoría, amar la alabanza y temer perder su cargo".
Habiendo destituido un día el califa Omar a un kadí, éste le preguntó: "¿Por qué me has destituido?" Y el califa respondió: "¡Porque tus palabras sobrepasaban a tus acciones!"
Y el gran Al-Iskandar (Alejandro), el de los Dos Cuernos, reunió un día a su kadí, a su cocinero y a su escriba, y dijo a su kadí: "Te he confiado la más alta y pesada de mis prerrogativas regias. ¡Ten, pues, alma regia!" Y al cocinero le dijo: "Te he confiado el cuidado de mi cuerpo, que depende de tu cocina. ¡Has de saber tratarlo con arte y con prudencia!" Y dijo a su escriba: "En cuanto a ti, ¡oh hermano de la pluma! te he confiado las manifestaciones de mi inteligencia. ¡Te conjuro a que me transmitas íntegro a las generaciones por medio de tu escritura!"
Y la joven, dichas estas palabras, se volvió a echar el velo por encima de la cara, y retrocedió hacia sus compañeras. Entonces se adelantó la segunda joven, que tenía...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Noche 078



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Pero cuando llegó la 78ª noche

Ella dijo:
Entonces el rey Daul'makán, vestido con su traje regio, fué a sentarse en el trono levantado en medio de la tienda, debajo de la alta cúpula. Y colocó entre sus rodillas el gran sable de mando, apoyó las manos en él, y aguardó inmóvil. Los mamalik de Damasco y los antiguos guardias del chambelán fueron a colocarse a su alrededor con el alfanje desnudo. Y el chambelán, respetuosamente, se puso de pie a la derecha del trono.
Inmediatamente, cumpliendo las órdenes del chambelán, empezó el homenaje. Entraron los jefes del ejército de diez en diez, empezando por los grados inferiores, y prestaron juramento de fidelidad en manos del rey y besaron silenciosamente la tierra. Y así hicieron todos. Y ya no faltaban más que los cuatro grandes kadíes y el gran visir Dandán. Y los cuatro grandes kadíes entraron y prestaron juramento de fidelidad y besaron la tierra entre las manos del rey.
Pero cuando entró el gran visir, el rey se levantó del trono en honor suyo, avanzó a su encuentro, y exclamó: "¡Bienvenido sea el padre de todos nosotros, el muy venerable y muy digno gran visir, aquel cuyos actos están perfumados por la alta sabiduría, aquel cuyas acciones hablan de unas sabias y prudentes manos!"
Entonces el gran visir prestó juramento sobre el Libro Noble y besó la tierra entre las manos del rey.
Y mientras el chambelán salía para preparar el festín, disponiendo los manteles, los manjares y el servicio de coperos, el rey dijo al gran visir:
"Ante todo, para festejar mi advenimiento, quiero obsequiar con largueza a los soldados y a sus jefes; y para esto, manda repartir entre ellos todo el tributo que traemos de la ciudad de Damasco, sin economizar nada. Y hay que darles de comer y beber hasta la saciedad. Y hasta entonces, ¡oh gran visir! no vengas a contarme los pormenores de la muerte de mi padre y la causa de su muerte".
Y el visir Dandán se acomodó a las órdenes del rey, y dió tres días de libertad a los soldados para que pudieran divertirse, y avisó a sus jefes que el rey no quería recibir a nadie durante aquellos tres días. Entonces todo el ejército hizo votos por la vida del rey y por la prosperidad de su reinado. Y el visir volvió a la tienda del rey. Pero el rey ya había ido a buscar a su hermana Nozhatú, y le había dicho:
"¡Oh hermana! hemos sabido la muerte de nuestro padre el rey Omar, pero desconocemos todavía la causa de su muerte. Ven conmigo, para oírla contar de labios del gran visir". Y la llevó a la tienda, y la ocultó tras una gran cortina de seda colocada a espaldas del trono.
Entonces el rey dijo al visir Dandán: "¡Ahora, ¡oh visir! cuéntanos los detalles de la muerte del más sublime de los reyes!" Y el visir dijo: "¡Escucho y obedezco!" Y relató lo siguiente:

HISTORIA DE LA MUERTE DEL REY OMAR AL-NEMAN Y LAS PALABRAS ADMIRABLES QUE LA PRECEDIERON

Un día entre los días, el rey Omar Al-Nemán, sintiéndose agobiado por el dolor de vuestra ausencia, nos había llamado a todos para que tratáramos de distraerle, pero de pronto vimos llegar a una anciana de rostro venerable que acompañada de cinco jóvenes de pechos redondos, virginidad intacta y bellas como lunas, tan admirablemente bellas, que ningún lenguaje podría expresar sus perfecciones. Y a su belleza unían su cultura, pues sabían asombrosamente el Corán, los libros de la ciencia y las palabras de todos los sabios de entre los musulmanes.
La venerable anciana adelantó entre las manos del rey, besó respetuosamente la tierra y dijo: "¡Oh rey! te traigo cinco joyas, como no las posee ningún soberano del mundo. Te ruego que examines su hermosura y las sometas a prueba; porque la belleza sólo se aparece al que la busca con amor".
El rey Omar se quedó encantado en extremo al oír estas palabras, le inspiró un gran respeto el aspecto de la anciana, y contempló a las cinco jóvenes, que le agradaban infinito. Y dijo a las doncellas...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Noche 077



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Pero cuando llegó la 77ª noche


Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que el chambelán, dirigiéndose hacia el gran visir Dandán, le dijo: "Realmente, la historia que me acabas de contar es tan extraña como asombrosa. Y para corresponder a tu confianza, he de anunciarte una nueva que alegrará tu corazón y acabará con todas tus preocupaciones. ¡Sabe, pues, ¡oh gran visir! que Alah acaba de allanarnos el camino devolviéndonos al príncipe Daul'makán y a su hermana Nozhatú!"
Y al oírlo, el visir Dandán experimentó un gran júbilo, y exclamó "¡Oh venerable chambelán! apresúrate a contarme los pormenores de esta noticia inesperada que me transporta al colmo de la felicidad!" Entonces el chambelán le contó toda la historia de los dos hermanos, y que se había casado con Nozhatú.
En seguida el visir se inclinó ante él, y le rindió todos los homenajes, ofreciéndole su lealtad. Después hizo que se reunieran los emires, los jefes del ejército y los grandes del reino que allí estaban presentes, y los enteró de todo. Y unos y otros fueron en seguida a besar la tierra entre las manos del chambelán, rindiéndole homenaje. Y le felicitaron, celebrando en extremo aquel nuevo orden de cosas, obra del Destino; que combinaba tales maravillas.
Después el chambelán y el gran visir ocuparon unos asientos sobre una tarima, y reuniendo a los notables, a los emires y a los visires, celebraron consejo acerca de la situación. Y el consejo duró una hora, decidiéndose por unanimidad nombrar sucesor a Daul'makán, en vez de ir a Damasco en busca del príncipe Scharkán. Y el visir se levantó en seguida de su asiento para demostrar su homenaje al chambelán, que pasaba a ser el personaje principal del reino. Y le ofreció magníficos presentes, deseándole prosperidades, así como hicieron todos los demás, Y en nombre de todos, dijo: "¡Oh chambelán venerable! esperamos que gracias a tu magnanimidad conservará cada uno de nosotros sus funciones en el nuevo reinado. Y vamos a regresar a Bagdad para precederte y recibir como es debido a nuestro joven sultán, mientras tú vas a anunciarle su elección".
Y el chambelán les ofreció con su protección el que conservarían sus cargos, y pidió al visir antes de que regresase con el ejército a Bagdad que le enviase hombres y camellos con tiendas suntuosas, trajes regios, tapices y adornos.
Y al encaminarse hacia la tienda de los dos hermanos, notaba el chambelán que aumentaba su respeto hacia su esposa Nozhatú, y decía para sí: "¡Qué viaje tan bendito y de tan buen agüero!" Y al llegar a la tienda no quiso entrar sin pedir autorización a su esposa, que le fué concedida inmediatamente.
Entonces entró en la tienda, y después de los acostumbrados saludos, les enteró de la muerte del rey Omar y de la elección de Daul'makán, y dijo: "¡Ahora, ¡oh rey generoso! no te queda más remedio que aceptar el trono, pues tu negativa podría traerte alguna desgracia por mano del que fuese elegido en tu lugar!"
Y Daul'makán, llorando con Nozhatú la muerte de su padre el rey Omar, exclamó: "Acepto la orden del Destino, ya que no me puedo librar de ella. Y tus palabras, ¡oh chambelán! las juzgo como dictadas por el buen sentido y la cordura". Y añadió: "Pero ¡oh mi venerable cuñado! ¿Cuál ha de ser mi actitud para con mi hermano Scharkán? ¿Qué debo hacer por él?" Y el chambelán dijo: "La única solución equitativa es repartir el imperio entre los dos, y que tú seas sultán de Bagdad y tu hermano sultán de Damasco. Atente a esta resolución, que de ella no ha de resultar más que la paz y la concordia". Y Daul'makán aceptó el consejo de su cuñado.
En seguida el chambelán cogió el traje regio que le había dado el visir y revistió con él a Daul'makán. Y le entregó el gran sable de oro de la realeza, besando la tierra entre sus manos. Y fué inmediatamente a elegir un sitio, en que hizo levantar la tienda regia, que era muy amplia, coronada por una magnífica cúpula, toda forrada de seda de colores con dibujos de flores y pájaros. Y mandó que se tendieran grandes alfombras, después de haber regado la tierra del alrededor. En seguida fué a rogar al rey que se instalase en la tienda. Y allí durmió el rey aquella noche.
Apenas apareció el alba, se oyó a lo lejos el clamor de los tambores de guerra y el tañido de los instrumentos musicales. Y bien pronto se vió salir de entre una nube de polvo el ejército de Bagdad, a cuya cabeza iba el gran visir, que acudía en busca de su rey, después de haberlo preparado todo en Bagdad.
Entonces el rey Daul'makán. . .
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Noche 076



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Pero cuando llegó la 76ª noche

Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que el eunuco gritó: "¡Oh grandísimo embustero! ¿Por qué dijiste que no sabías quién había cantado los versos? Ya sabemos que el cantor era tu compañero.
Sabe, pues, que hasta que, lleguemos a Bagdad no me separaré de ti ni un instante, y cuando lleguemos correrás la misma suerte que el cantor!"
Al oír todo esto, aumentó el pánico de aquel hombre, que pensaba: "He aquí que me ha caído encima el más injusto de los castigos". Y el eunuco ordenaba mientras tanto a los esclavos: "Dadle este caballo y quitadle ese borrico". Y a pesar de las lágrimas del encargado, le cogieron el borrico y le obligaron a montar en un magnífico caballo entre los caballos del chambelán.
Y el eunuco llamó aparte a los esclavos y les dijo: "¡Vais a servir a este hombre durante todo el viaje, y cada cabello que pierda su cabeza será la pérdida de uno de vosotros! ¡Tened pues, con él todas las consideraciones y atended a sus menores necesidades!"
Pero el pobre encargado, al verse rodeado de aquel modo por todos aquellos esclavos, dió por segura su muerte. Y dijo al eunuco: "¡Oh generoso capitán! te juro que ese joven no es pariente mío, pues estoy solo en el mundo. Y soy un pobre encargado entre los encargados del hammam, ¡pero encontré a ese joven medio muerto a la puerta del hammam y lo recogí por Alah!
¡Y no he hecho nada que merezca castigo!"
Y se echó a llorar, y así siguió muy asustado, mientras la caravana avanzaba y el eunuco, que iba a su lado, se divertía a su costa, repitiéndole sin cesar: "¡Habéis turbado el sueño de mi señora con vuestros malvados versos!"
Sin embargo, en cada parada le invitaba a comer con él en el mismo plato, y a beber con él en la misma alcarraza, después de haber bebido él primero. Pero a pesar de todo, las lágrimas no se secaban en los ojos del encargado, que más perplejo que nunca, no sabía nada de Daul'makán, pues el eunuco se guardaba de hablarle de él.
Nozhatú, Daul'makán y el chambelán siguieron a la cabeza de la caravana. Y la última mañana, cuando sólo les quedaba una jornada de marcha, vieron levantarse delante de ellos una densa polvareda, que oscureció el cielo y creó la noche a su alrededor. Y el chambelán encargó a los suyos que no se moviesen, y él avanzó con cincuenta mamalik. Y al poco tiempo se disipó la polvareda y apareció un ejército formidable, que marchaba en orden de batalla al son de los tambores, con las banderas y las señeras al viento. Y en seguida se destacó del ejército un grupo de jinetes, que adelantó al galope; y cada mameluco del chambelán fué cercado por cinco jinetes.
Al ver esto, muy sorprendido, el chambelán preguntó: "¿Quiénes sois para proceder así con nosotros?" Y le contestaron: "¿Y vosotros quienes sois, de dónde venís y adónde vais?" El chambelán dijo: "Soy el gran chambelán del príncipe Scharkán, emir de Damasco, hijo del rey Omar Al-Nemán, señor de Bagdad y del país de Haurán. Y me envía el príncipe Scharkán para llevar a su padre el tributo de Damasco". Al oír esto, todos los jinetes sacaron súbitamente los pañuelos, se los llevaron a los ojos y se echaron a llorar. Y el chambelán se quedó extremadamente sorprendido.
Y cuando hubieron acabado de llorar, su jefe se adelantó hacia el chambelán, y le dijo: "¡Contempla nuestra desesperación! ¡El rey Omar Al-Nemán ha muerto! ¡Y ha muerto envenenado!"
Después añadió: "Pero en cuanto a ti, ¡oh chambelán venerable! ven con nosotros y te llevaremos ante el gran visir Dandán, que está ahí en el centro del ejército, y te dará todos los pormenores de nuestra desdicha".
Entonces el chambelán no pudo menos de llorar también, y exclamó: "¡Oh qué viaje tan desgraciado acabamos de hacer!" Y todos marcharon en busca del gran visir Dandán. Y el chambelán le enteró de la misión que traía, y le enumeró los regalos de que era portador para el rey Omar Al-Nemán.
Pero el gran visir, al oír estas palabras que le recordaban a su señor, rompió en amargo llanto, y dijo al chambelán: "Sabe que el rey Omar Al-Nemán ha muerto envenenado, y ya te contaré los pormenores. Porque ahora he de enterarte de lo ocurrido. Y es lo siguiente:
"Cuando nuestro rey murió en la misericordia de Alah y en su clemencia sin límites, el pueblo se dividió al elegir el sucesor al trono; y los partidarios de uno y otro bando habrían llegado a las manos si los grandes y los notables no lo hubieran impedido. Y acabaron por someterse al parecer de los cuatro grandes kadíes de Bagdad, que designaron como sucesor al príncipe Scharkán, gobernador de Damasco. Y reuní al ejército para ir a Damasco y anunciar al príncipe la muerte de su padre y su elección para el trono.
"Pero debo decirte que en Bagdad hay un partido favorable a la elección del joven Daul'makán, aunque nadie sabe qué ha sido de él ni de su hermana Nozhatú'zamán, pues pronto hará cinco años que salieron para el Hdejaz, y no se han tenido noticias suyas".
Entonces el chambelán, aunque muy apesarado por la muerte del rey Omar Al-Nemán, se alegró hasta el límite de la alegría pensando en la probabilidad de que Daul'makán llegase a ser rey de Bagdad y del Khorasán. Así es que, dirigiéndose hacia el gran visir Dandán, le dijo. ..
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Noche 075



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Pero cuando llegó la 75ª noche

Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que Nozhatú, la esposa del chambelán, encargó al eunuco: "Ve a rogarle que cante algunos versos sobre la amargura de la separación". Y el eunuco fué a dirigirle el ruego que le había ordenado su ama. Entonces Daul'makán, sentado no lejos de la tienda, apoyó la mejilla en la mano, y mientras la luna iluminaba a la gente dormida, su voz se elevó entre el silencio:
En mis versos, de rimas melodiosas, he cantado suficientemente la amargura de la ausencia y el triunfo de aquella cruel con cuyo alejamiento he sufrido tanto.
Ahora he engarzado en un hilo de oro mis versos, admirablemente labrados, y quiero solamente cantar las cosas de alegría y la expansión del alma.
Los jardines perfumados de rosas, las gacelas de ojos negros, las cabelleras de las gacelas.
La cruel fué al jardín de mis delicias, sus mejillas las rosas del jardín, sus pechos las peras y las granadas, y su carne la miel y el rocío.
Pero en adelante, quiero pasar tranquilamente la vida con tiernas vírgenes, flexibles como las ramas nuevas, y entre beldades intactas como perlas que no se han perforado.
Al son de laúdes melodiosos, bebiendo la copa en las manos del escanciador, en las praderas de rosas y narcisos.
Y aspiraré todos los perfumes de la carne, y sorberé la delicada saliva de los labios, prefiriendo los gruesos y de rojo obscuro.
Y mis miradas reposarán en sus miradas. ¡Y nos sentaremos cerca del agua cantora de mis jardines!
Cuando Daul'makán acabó de cantar este poema, Nozhatú que lo había oído extasiada, no pudo contenerse más, y levantando la cortina, sacó la cabeza fuera y miró al cantor a la claridad de la luna. Y exhaló un gran grito al reconocer a su hermano. Y corrió hacia él con los brazos tendidos, gritando: "¡Oh hermano mío! ¡Oh Daul'makán!"
Y Daul'makán miró a la joven, y reconoció en seguida a su hermana Nozhatú. Y se echaron uno en brazos de otro, se besaron, y después cayeron desmayados los dos.
El eunuco, al ver todo esto, llegó al límite del asombro, quedándose completamente estupefacto. Pero se apresuró a coger una colcha, y la echó respetuosamente encima de los dos, para resguardarlos de miradas indiscretas. Y aguardó a que volvieran de su desmayo.
Pronto volvió en sí Nozhatú, y después Daul'makán. Y Nozhatú en aquel momento olvidó todas sus penas pasadas, y en el límite de la felicidad, recitó estas estrofas:
Habías jurado ¡oh Destino! que mis penas no acabarían nunca. Y he aquí que te he obligado a violar tu juramento.
Porque ahora mi dicha es completa, pues el amigo está a mi lado. Y tú, Destino, serás el esclavo que nos servirás, levantando los faldones de tu ropón...
Al oír esto, Daul'makán estrechó a su hermana contra su corazón, y entre lágrimas de alegría que humedecían sus párados, recitó estas estrofas:
La dicha ha penetrado en mí tan intensamente, que el llanto brota de mis ojos.
¡Ojos míos, os habéis acostumbrado a las lágrimas; ayer llorábais de pena, y hoy lloráis de felicidad!
Entonces Nozhatú invitó a su hermano a entrar en la tienda, y le dijo: "¡Oh hermano mío! cuéntame todo lo que te ha ocurrido, para que a mi vez te refiera mi historia". Pero Daul'makán dijo: "¡Cuéntame primero tu historia!" Entonces Nozhatú refirió a su hermano todo cuanto le había sucedido sin omitir ningún detalle. Y no es útil repetirlo.
Después añadió: "En cuanto a mi esposo el chambelán, lo conocerás dentro de un momento; y te tratará muy bien, porque es muy buen hombre. Pero ahora apresúrate a contarme todo lo que te ha sucedido desde que te dejé enfermo en el khan de la ciudad santa". Y Daul'makán se apresuró a contarle su historia, y terminó de este modo: "Y no me cansaré de decirte lo bueno que ha sido para mí ese buen hombre, el encargado del hammam, pues se ha gastado conmigo todo el dinero que tenía ahorrado, me ha servido noche y día, y se ha portado como un padre, un hermano o un amigo muy adicto. Y ha llevado su desinterés hasta privarse de su alimento para dármelo, y me ha cedido su borrico para que yo lo montase, mientras que él lo guiaba y me sostenía.
Y realmente, si vivo, a él se lo debo". Entonces Nozhatú dijo: "¡Si Alah quiere, sabremos recompensar sus buenos servicios todo cuanto podamos!"
En seguida llamó al eunuco, que acudió al momento, y besó la mano de Daul'makán y se quedó en pie delante de él. Y Nozhatú le dijo: "Ya que has sido el primero en anunciarme la buena nueva, te vas a quedar con la bolsa de los mil dinares. Ve ahora a avisar a tu amo".
Entonces el eunuco, muy contento con todo aquello, se apresuró a llamar a su amo, que no tardó en presentarse en la tienda de su esposa. Y llegó al límite de la sorpresa viendo allí a un joven desconocido, y a mayor abundancia, a media noche. Pero Nozhatú se apresuró a contarle su historia, desde el principio hasta el fin, y añadió: "Así es, oh chambelán, mi esposo! que en vez de casarte con una esclava, como creías, te has casado con la propia hija del rey Omar Al-Nemán, Nozhatú'zamán. ¡Y he aquí a mi hermano Daul'makán!" Cuando el gran chambelán oyó esta historia extraordinaria, cuya veracidad no puso en duda un momento, llegó al límite de la satisfacción al verse convertido en el propio yerno del rey Omar Al-Nemán, y dijo para sí:
"Con esto me nombrarán lo menos gobernador de una provincia de entre las provincias". Después se acercó respetuosamente a Daul'makán, y le colmó de enhorabuenas y felicitaciones por la terminación de todos sus males y por haber encontrado a su hermana. Y quiso que levantaran una tienda para el nuevo huésped, pero Nozhatú le dijo: "Es inútil, puesto que estamos a tan poca distancia de nuestro país, y además, como hace tanto tiempo que mi hermano y yo no nos hemos visto, queremos vivir en la misma tienda, viéndonos a todas horas".
Y el chambelán respondió: "¡Que se haga según tu deseo.” Después salió para dejarlos en libertad, y les envió candelabros, jarabes, frutas y toda clase de dulces con que habían cargado dos mulos y un camello antes de salir de Damasco, para repartirlos entre los personajes de Bagdad. Y mandó a Daul'makán tres trajes de los más suntuosos, y que le preparasen un magnífico dromedario enjaezado con gualdrapas multicolores. Y se puso a pasear de arriba abajo y por delante de su tienda, dilatado el pecho por la alegría, pensando en el honor que le había concedido Alah y cuánta era su importancia presente y su grandeza futura.
Y llegada la mañana, se apresuró a ir a la tienda de su mujer a saludar a su cuñado. Y Nozhatú le dijo: "¡Oh esposo mío! No olvidemos al encargado del hammam; ordena al eunuco que le prepare una buena cabalgadura, y que cuide de servirle el almuerzo y la comida. ¡Y sobre todo, que no se aparte de nosotros!" Y el chambelán así se lo hizo saber al eunuco, que contestó: "¡Escucho y obedezco!"
En seguida el eunuco, acompañándose de otros servidores del chambelán, corrió en busca del encargado. Y al fin lo halló en lo último de la caravana, temblando de miedo y ensillando el borrico para huir. Así es que apenas vió al eunuco y a los esclavos que corrían hacia él, se sintió morir, se puso muy pálido, y sus rodillas chocaban una con otra, y todos sus músculos se estremecieron de terror. Y supuso que Daul'makán lo había acusado para disculparse, porque el eunuco le gritó: "¡Oh grandísimo embustero...!"
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Noche 074



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Pero cuando llegó la 74ª noche

Ella dijo:
He llegado a saber ¡oh rey afortunado! que el eunuco dijo: "¡La paz sobre ti!" Y Daul'makán respondió: "¡Y sobre ti la paz, la misericordia de Alah y sus bendiciones!" Y el esclavo dijo: "¡Oh mi señor! he aquí que mi ama me envía a buscarte por tercera vez, porque desea verte".
Pero Daul'makán contestó: "¡Tu ama! ¿Y quién es esa perra que tiene la audacia de mandarme a buscar? ¡Alah la confunda y la maldiga, y también a su marido!" Y no contento con esto, se puso a injuriar al eunuco durante un buen rato. Y el eunuco no quiso contestar nada, porque su señora le había encargado que no maltratase al cantor. Así es que hizo todo lo posible para convencerle con palabras cariñosas y calmar su arrebato, y le dijo: "Hijo mío, este paso que doy cerca de ti no es para ofenderte, sino sencillamente para suplicarte que te dignes dirigir generosamente tus pasos hacia donde está mi ama, que desea ardientemente verte. ¡Y sabrá agradecer tu bondad para con ella!"
Y Daul'makán se conmovió, y consintió en acompañar al eunuco hasta la tienda, mientras el pobre encargado, temblando por Daul'makán se decidió a seguirle de lejos, diciendo para sí: "¡Qué desgracia la suya! ¡Seguramente le ahorcarán mañana al salir el sol!" Y de pronto le espantó un pensamiento terrible, y se dijo: "¡Quién sabe si Daul'makán, para disculparse, me echará la culpa y dirá que he sido yo el que ha cantado los versos! ¡Cuán infame sería esta acción!" Daul'makán y el eunuco seguían avanzando difícilmente entre la gente dormida y por entre los animales que estaban echados, pero acabaron por llegar a la tienda de Nozhatú. Y el eunuco rogó a Daul'makán que le aguardase, y entró a avisar a su señora, diciéndole: "He aquí que te traigo al hombre que buscabas. Es un jovencillo de muy buena figura, y cuyo rostro indica un alto y muy noble origen". Nozhatú, al oír todo esto, sintió que aumentaban los latidos de su corazón, y dijo apenadamente al eunuco: "Hazle sentar junto a la tienda, y ruégale que cante otros versos, para que los oiga yo de cerca. Y luego entérate de su nombre y de su país".
Entonces salió el eunuco, y dijo a Daul'makán: "Mi señora te ruega que le cantes algunos versos, pues te escucha desde la tienda. Y desea también saber tu nombre, tu país y tu estado". Y Daul'makán contestó: "¡Con toda la generosidad y como debido homenaje!
En cuanto a mi nombre, hace tiempo que se borró, como se consumió mi corazón y se estropeó mi cuerpo. Y mi historia es digna de escribirse con una aguja en el rincón interior del ojo. ¡Y estoy como el que abusó tanto del vino, que ha perdido la salud para toda la vida! ¡Y como el sonámbulo! ¡Y como el ahogado por la locura!"
Cuando Nozhatú se enteró de todo esto que fué a comunicarle el eunuco, empezó a sollozar, y dijo: "¡Pregúntale si ha perdido algún ser querido: una madre, un padre o un hermano!"
Y el eunuco interrogó a Daul'makán como se lo había mandado su ama. Y Daul'makán contestó: "¡Ay de mí! ¡He perdido todo eso, y además una hermana que me quería, y de la cual no he vuelto a saber, porque el Destino nos ha separado!" Y Nozhatú, al oír estas palabras, que le repitió el eunuco, exclamó: "¡Haga Alah que ese joven pueda encontrar alivio en sus desdichas y consiga reunirse con los que ama!" Después encargó al eunuco ...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Noche 073



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Pero cuando llegó la 73ª noche

Ella dijo:
"¡Y sobre todo, no tardes!"
Entonces el eunuco salió de la tienda, y empezó a andar por entre la gente dormida, examinándolos uno por uno, pero no encontró a nadie despierto. Y se acercó al encargado, le cogió del brazo y le dijo:
"¡Tú eres el único que ha podido cantar!" Pero el encargado exclamó: "No he sido yo, ¡oh jefe de los eunucos!" Y el eunuco dijo: "No me iré hasta que me digas quién es el que ha cantado esos versos, pues sin averiguarlo no puedo presentarme ante mi ama". Y el encargado, al oír todo esto, sintió mucho más temor respecto a Daul'makán, y empezó a lamentarse, y dijo: "¡Te repito, ¡por Alah! que el que ha cantado es un caminante! Y no me atormentes más, pues, tendrás que dar cuenta de ello en el juicio de Alah. ¡Piensa que soy un pobre hombre que viene de la ciudad de Abraham, amigo de Alah!"
Y el eunuco dijo: "¡Entonces ven a contárselo a mi ama, porque no me cree!" Y el encargado dijo: "¡Oh grande y admirable eunuco! vuelve tranquilo a tu tienda; y si de nuevo se oye la voz, me haces responsable de ello, pues yo solo seré el culpable". Y para calmar al eunuco y decidirle a marcharse, le dijo palabras muy gratas, y le elogió muchas veces, y le besó la cabeza.
Entonces el eunuco se dejó convencer, pero en lugar de volver a donde estaba su ama, a la cual no se atrevía a presentarse, dió media vuelta y se escondió cerca del sitio en que estaba el encargado del hammam.
Mientras tanto, Daul'makán había vuelto en sí, y el encargado le dijo: "¡Levántate, que te voy a contar todo lo que ha ocurrido con motivo de tus versos!" Y le contó la cosa. Pero Daul'makán, que no le prestaba atención, le interrumpió: "¡Oh! no quiero saber nada, no puedo reprimir mis emociones, sobre todo ahora que estarnos cerca de mi tierra".
Y el encargado, lleno de terror, le dijo: "¡Oh hijo mío! no te rindas a las malas sugestiones. ¿Cómo puedes estar tan confiado, cuando yo estoy lleno de miedo por ti y por mí? ¡Por Alah! te ruego que no cantes más versos hasta que lleguemos completamente a tu tierra. ¡Nunca te habría creído tan testarudo, hijo mío! ¡Piensa que la esposa del chambelán quiere castigarte porque no la dejas dormir, y ya ha mandado dos veces al eunuco en busca tuya!
Pero Daul'makán, sin hacer caso de las palabras del encargado, levantó la voz por tercera vez, y cantó estas estrofas con toda su alma:
¡Lejos de mi! ¡Lejos de mi esas censuras que traen la perturbación a mi alma y el insomnio a mis ojos!
Me han dicho: "¡Qué desmejorado estás!" Y yo les he contestado: "Aun no lo sabéis bien". Y ellos me han dicho: "¡Eso es el amor!" Y yo les he preguntado: "¿El amor puede aniquilar de este modo?"
Y ellos han insistido: "¡Es el amor!" Y yo he dicho: "No quiero amor, ni la copa del amor, ni las tristezas del amor"
¡Ah! ¡Sólo quiero cosas sutiles que calmen, que sirvan de bálsamo a mi corazón atormentado!
Pero apenas Daul'makán acababa de cantar estos versos, apareció súbitamente el eunuco delante de él. Y el pobre encargado del hammam se aterró de tal modo, que huyó a escape, y se puso a mirar desde lejos.
Entonces el eunuco se acercó respetuosamente a Daul'makán y le dijo: "¡La paz sobre ti!"
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Noche 072



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Pero cuando llegó la 72ª noche

Ella dijo:
Entonces el eunuco no se atrevió a insistir más, y salió en busca del hombre de los versos. Pero aunque miró por todas partes y anduvo en todas direcciones, sólo encontró despierto al encargado del hammam, porque Daul'makán yacía desmayado. El encargado, al ver al eunuco, a la luz de la luna, con una cara de muy mal humor, temió que Daul'makán hubiera turbado el sueño de la esposa del chambelán, y no se atrevió a moverse.
Pero ya el eunuco le había visto, y le dijo: "¿Eres tú el que acaba de cantar esos versos que ha oído mi señora?" Y el encargado, completamente convencido de que habían molestado a la esposa del chambelán, exclamó: "¡Oh! no he sido yo".
Y el eunuco dijo: "Pues entonces, ¿quién ha sido? Seguramente has debido verle, puesto que no dormías". Y el encargado, alarmadísimo, exclamó: "No he oído nada".
Pero el eunuco le increpó: "¡Mientes como un desvergonzado! ¡No me harás creer que estando despierto no hayas oído nada!
Entonces el encargado repuso: “!Voy a decirte la verdad! El que cantaba era un nómada que acaba de pasar por ahí montado en un camello. Y me ha despertado con sus malditas canciones. ¡Alah lo confunda!".
Entonces el eunuco, aunque poco convencido de que aquello fuese verdad, marchó a decir a su señora: "¡Ha sido un nómada que pasó por ahí con su camello!"
Y Nozhatú, desolada con aquella contrariedad, miró silenciosamente al eunuco. Mientras tanto, Daul'makán había vuelto de su desmayo, y al ver la luna en lo alto del cielo, sintió en su espíritu la brisa encantadora de evocaciones lejanas; y cantó en su corazón la voz de innumerables aves, y modularon las flautas invisibles de los recuerdos. Quiso entonces expresar su emoción, y así lo expuso al encargado.
Pero éste le dijo: "¿Qué vas a hacer, hijo mío?" Y el otro repuso: "¡Voy a recitar algunos versos que calmarán mi corazón!" Pero el encargado repuso: "Sabe que ha estado aquí el eunuco, y a fuerza de habilidad he podido salvarte". Y Daul'makán preguntó: "¿De qué eunuco me hablas?" Y el encargado dijo: "¡Oh dueño mío! el eunuco de la esposa del chambelán ha venido aquí mientras estabas desmayado, y blandía un enorme garrote; y como yo era el único que estaba despierto, me preguntó si era el que había cantado. Y yo le contesté: "Ha sido un nómada que iba por el camino". Y el eunuco no pareció muy satisfecho, y me dijo: "Si oyes de nuevo la voz apodérate de ese hombre hasta que yo me presente y pueda llevarlo adonde está mi ama. ¡Y te hago responsable de él" Ya ves, amo mío, que me ha costado mucho engañar a ese negro receloso".
Entonces Daul'makán se indignó profundamente, y dijo: "¿Quién me impedirá cantar lo que me agrade? Quiero entonar los versos que me consuelan. Nada hay que temer, pues ahora estamos muy cerca de nuestro país". Pero el pobre encargado dijo: "¡Ya veo que quieres perderte sin remedio!" Y Daul-makán insistió: "Cantaré sin temor a nadie". Entonces el encargado dijo: "¡No me obligues a separarme de ti! ¡Prefiero marcharme, a presenciar que te martiricen! ¿Olvidas, hijo mío, que va a hacer año y medio que estamos juntos? ¿Por qué quieres que nos separen? Piensa que todo el mundo está rendido de cansancio y durmiendo tranquilamente. ¡Por piedad! no perturbes su descanso con tus versos, aunque sean todo lo hermosos que son". Pero Daul'makán no pudo contenerse más, y mientras la brisa cantaba en las palmeras frondosas, clamó con toda su voz:
¡Oh tiempos! ¿En dónde están los días en que nos favoreció el Destino, aquellos días en que estábamos reunidos en la morada querida, en la inolvidable patria?
¡Oh tiempos felices...! ¡Cuán lejos están! ¡Cuán lejos aquellos días y aquellas noches llenos de sonrisas!
¿Dónde están los días en que se expansionaba el corazón de Daul'makán al lado de una flor llamada Nozhatú'zamán?
Y terminado este canto, cayó desmayado de nuevo. Entonces el encargado se apresuró a cubrirlo con su manto.
Apenas oyó Nozhatú aquellos versos que citaban su nombre y el de su hermano y se aludía a sus desgracias, se sintió ahogada por los sollozos y se apresuró a llamar al eunuco, y le dijo: "¡Desventurado! El hombre que cantó antes acaba de cantar ahora muy cerca de aquí. Si no me lo traes en seguida, iré a buscar a mi esposo, y te dará de palos. Toma esos cien dinares y dáselos a ese cantor, y decídele a las buenas para que te siga. Y si se negase, dale este otro bolsillo, que contiene mil dinares. Y si a pesar de todo no quisiese venir, no insistas más, pero entérate dónde se alberga, y de lo que hace, y de qué tierra es, viniendo a ponerme al corriente de ello. ¡Y sobre todo, no tardes!"
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana y se calló discretamente.

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Noche 071



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Pero cuando llegó la 71ª noche

Ella dijo:
Cuando Daul'makán respiró aquella brisa deliciosa, pensó inmediatamente en la ausencia de su hermana y en el dolor de sus padres al verle volver solo, y se puso a llorar mientras recitaba estas estrofas:
¡Objeto a quien amo! ¿No podré jamás acercarme a ti? ¡Objeto a quien amo! ¿Este silencio reinará siempre entre nosotros?
¡Cuán cortas son las horas de la unión! ¡Cuán largos son los días de la ausencia!
¡Ven, cógeme de la mano! ¡He aquí que mi cuerpo se ha derretido en todo el ardor de mi deseo!
¡Ven y no digas que te olvide! No digas que me consuele. ¡Mi único consuelo sería sentirte entre mis brazos!
Entonces el encargado dijo: "Hijo mío, cesa en tus lamentos. Piensa que estamos cerca de la tienda del chambelán y de su esposa". Pero Daul'makán contestó: "No me impidas recitar estos poemas, que pueden amortiguar la llama de mi corazón". Y sin atender al encargado, volvió la cara hacia Bagdad, en medio de la claridad de la luna. En aquel momento, Nozhatú, tendida en la tienda, no podía dormir pensando en los ausentes, y oyó una voz que cantaba apasionadamente estos versos:
Ha brillado un instante el relámpago de la felicidad. Pero después de este relámpago, la noche es más noche todavía. Así se transformó en amarga la dulce copa en que el amigo me hizo beber sus delicias.
Cuando asomó su rostro el Destino, se alejó la paz de mi corazón. Mi alma ha muerto antes de la unión esperada con el muy amado.
Y apenas acabó de cantar, Daul'makán se desplomó sin conocimiento. En cuanto a la joven Nozhatú, esposa del chambelán, en seguida que oyó aquel canto que se elevaba entre la noche, se irguió ansiosa, y llamó al eunuco que dormía a la puerta de la tienda, y le dijo: "Ve en busca del hombre que acaba de cantar esos versos y tráemelo aquí". Y el eunuco exclamó: "¡Oh señora mía! no he oído nada, porque estaba dormido. Y ahora no podré encontrarlo en medio de la noche, como no despierte a toda nuestra gente".
Pero ella dijo: "Es necesario que lo busques. El que encuentres despierto será seguramente aquel cuyos versos acabo de oír". Y el eunuco no se atrevió a insistir más, y salió en busca del hombre de los versos.
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana y se calló discretamente.

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Noche 070



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Pero cuando llegó la 70ª noche

Ella dijo:
Cuando Scharkán leyó esta carta de su padre, mandó llamar inmediatamente a su cuñado el chambelán, y le dijo: "Envía a buscar en seguida a la joven esclava con quien te he casado". Y cuando llegó Nozhatú, Scharkán le dijo:
"¡Oh hermana mía! lee esta carta de nuestro padre, y dime lo que te parece". Y Nozhatú, después de leer la carta, contesto: "Lo que tú pienses está siempre bien pensado, y tu proyecto es siempre el mejor proyecto. Pero si quieres saber cuál es mi deseo más ardiente, te diré que no es otro que ver a mi familia y mi país, y que me dejes marchar en compañía de mi marido el gran chambelán, para que pueda contar mi historia a nuestro padre, y decirle todo lo que sucedió con el beduíno, y cómo el beduíno me vendió al mercader, y cómo el mercader me vendió a ti, y como tú me diste en matrimonio al primer chambelán después de haberte divorciado de mí sin acostarnos". Y Scharkán le contestó: "Así se hará".
Y Scharkán llamó al primer chambelán, que no podía sospechar su parentesco con el príncipe, y le dijo: "Vas a partir para Bagdad al frente de la caravana con que envío a mi padre el tributo de Damasco y te acompañará tu esposa, la esclava que te he dado".
Entonces el primer chambelán respondió: "¡Escucho y obedezco!" Y Scharkán mandó preparar para el chambelán una buena litera sobre un hermoso camello y otra litera para Nozhatú.
Entregó una carta al chambelán para el rey Omar Al-Nemán, y se despidió de ellos, quedándose él con la niña Fuerza del Destino, habiéndose cerciorado de que llevaba al cuello, pendiente de una cadena de oro, una de las tres gemas de la desdichada Abriza. Y Nozhatú confió la niña a las nodrizas y sirvientas de palacio; y cuando se convenció de que a su hijita no le faltaba nada, se decidió a acompañar a su esposo. Y ambos fueron a ponerse a la cabeza de la caravana.
Precisamente el encargado del hammam había salido con Daul'makán a dar un paseo hasta el palacio del gobernador de Damasco. Y al ver todos los preparativos de la caravana quiso saber adónde se dirigía y le dijeron: "Va a conducir el tributo de la ciudad de Damasco al rey Omar Al-Nemán".
Entonces Daul'makán preguntó: "¿Quién es el jefe de la caravana?" Y le dijeron: "El gran chambelán, esposo de la joven esclava que conoce las ciencias y la sabiduría". Y Daul'makán se echó a llorar pensando en Nozhatú, y dijo a su acompañante: "¡Oh hermano mío! quiero marchar con la caravana".
Y el encargado dijo: "¡No te dejaré solo después de haberte acompañado desde Jerusalén hasta Damasco!" Y preparó las vituallas, puso la albarda al burro, y una alforja en ella y provisiones en la alforja. Después se levantó los faldones del ropón y se los sujeto al cinturón, e hizo montar a Daul'makán en el borrico. Y Daul'makán dijo: "Monta detrás de mí". Pero el encargado lo rechazó: "Me guardaré muy bien de hacerlo, pues quiero estar por completo a tu servicio". Y Daul'makán insistió: "Por lo menos, montarás para descansar una hora". Entonces exclamó Daul'makán: "¡Oh hermano mío! nada puedo decirte ahora, pero cuando esté junto a mis padres, verás cómo sé agradecerte tus buenos servicios y tu abnegación".
Y como la caravana se ponía en marcha aprovechando la frescura de la noche, la siguieron, marchando a pie el encargado y Daul'makán montado en el borrico, mientras que el gran chambelán y su esposa Nozhatú, rodeados de su numeroso séquito, iban a la cabeza, montados cada uno en su dromedario.
Y anduvieron toda la noche hasta la salida del sol. Y cuando comenzó a apretar el calor, el chambelán mandó hacer alto a la sombra de un bosquecillo de palmeras. Y echaron pie a tierra, y dieron de deber a los camellos y a las bestias de carga. Y descansaron. Después se reanudó la marcha y anduvieron otras cinco noches, hasta que llegaron a una ciudad donde descansaron tres días. Luego prosiguió el viaje, y al fin se encontraron en las inmediaciones de Bagdad, según anunciaba la brisa perfumada que no podía proceder más que de allí...
En este momento de su narración, Scherazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Actualización 11 julio 2015: remplazado el archivo de audio por uno de mejor calidad de grabación

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Mi blog 'principal' es En Medio del Ruido aunque el más querido es el de los cuentos de mi mamá (el más maltratado también)

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