2020/08/10

Noche 292


Pero cuando llegó la 292ª noche

Ella dijo:
... me hice con la suma de tres mil dracmas, y enseguida se me antojó viajar por las comarcas y países de los hombres, porque me acordé de las palabras del poeta, que ha dicho:
¡Las penas hacen más hermosa aún la gloria que se adquiere! ¡La gloria de los humanos es la hija inmortal de muchas noches pasadas sin dormir!
¡Quien desea encontrar el tesoro sin igual de las perlas del mar, blancas, grises o rosadas, tiene que hacerse buzo antes de conseguirlas!
¡A la muerte llegaría en su esperanza vana, quien quisiera alcanzar la gloria sin esfuerzo!
Así, pues, sin tardanza corrí al zoco, donde tuve cuidado de comprar mercancías diversas y pacotillas de todas clases. Lo transporté inmediatamente todo a bordo de un navío, en el que se encontraban ya dispuestos a partir otros mercaderes, y con el alma deseosa de marinas andanzas, vi cómo se alejaba de Bagdad el navío y descendía por el río hasta Bassra, yendo a parar al mar.
En Bassra el navío dirigió la vela hacia alta mar, ¡y entonces navegamos durante días y noches, tocando en islas y en islas, y entrando en un mar después de otro mar, y llegando a una tierra después de otra tierra! Y en cada sitio en que desembarcábamos vendíamos unas mercancías para comprar otras, y hacíamos trueques y cambios muy ventajosos.
Un día en que navegábamos sin ver tierra desde hacía varios días, vimos surgir del mar una isla que por su vegetación nos pareció algún jardín maravilloso entre los jardines del Edén. Al advertirla, el capitán del navío quiso tomar allí tierra, dejándonos desembarcar una vez que anclamos.
Descendimos todos los comerciantes, llevando con nosotros cuantos víveres y utensilios de cocina nos eran necesarios. Encargáronse algunos de encender lumbre, y preparar la comida, y lavar la ropa, en tanto que otros se contentaron con pasearse, divertirse y descansar de las fatigas marítimas. Yo fui de los que prefirieron pasearse y gozar las bellezas de la vegetación que cubría aquellas costas, sin olvidarme de comer y beber.
Mientras de tal manera reposábamos, sentimos de repente que temblaba la isla toda con tan ruda sacudida que fuimos despedidos a algunos pies de altura sobre el suelo.
Y en aquel momento vimos aparecer en la proa del navío al capitán, que nos gritaba con una voz terrible y gestos alarmantes: "¡Salvaos pronto!, ¡oh pasajeros! ¡Subid enseguida a bordo! ¡Dejadlo todo! ¡Abandonad en tierra vuestros efectos y salvad vuestras almas! ¡Huid del abismo que os espera! ¡Porque la isla donde os encontráis no es una isla, sino una ballena gigantesca que eligió en medio de este mar su domicilio desde antiguos tiempos, y merced a la arena marina crecieron árboles en su lomo! ¡La despertasteis ahora de su sueño, turbasteis su reposo, excitasteis sus sensaciones encendiendo lumbre sobre su lomo, y hela aquí que se despereza! ¡Salvaos, o si no, nos sumergirá en el mar, que ha de tragaros sin remedio! ¡Salvaos! ¡Dejadlo todo, que he de partir!"
Al oír estas palabras del capitán, los pasajeros, aterrados, dejaron todos sus efectos, vestidos, utensilios y hornillas, y echaron a correr hacia el navío, que a la sazón levaba ancla. Pudieron alcanzarlo a tiempo algunos; otros no pudieron. Porque la ballena se había ya puesto en movimiento, y tras unos cuantos saltos espantosos se sumergía en el mar con cuanto tenía encima del lomo, y las olas, que chocaban y se entrechocaban, cerráronse para siempre sobre ella y sobre ellos.
¡Yo fuí de los que se quedaron abandonados encima de la ballena y habían de ahogarse!
Pero Alah el Altísimo veló por mí y me libró de ahogarme, poniéndome al alcance de la mano una especie de cubeta grande de madera, llevada allí por los pasajeros para lavar su ropa.
Me aferré primero a aquel objeto, y luego pude ponerme a horcajadas sobre él, gracias a los esfuerzos extraordinarios de que me hacían capaz el peligro y el cariño que tenía yo a mi alma, que me era preciosísima. Entonces me puse a batir el agua con mis pies a manera de remos, mientras las olas jugueteaban conmigo haciéndome zozobrar a derecha y a izquierda.
En cuanto al capitán, se dió prisa a alejarse a toda vela con los que se pudieron salvar, sin ocuparse de los que sobrenadaban todavía. No tardaron en perecer éstos, mientras yo ponía a contribución todas mis fuerzas para servirme de mis pies a fin de alcanzar al navío, al cual hube de seguir con los ojos hasta que desapareció de mi vista, y la noche cayó sobre el mar, dándome la certeza de mi perdición y mi abandono.
Durante una noche y un día enteros estuve en lucha contra el abismo. El viento y las corrientes me arrastraron a las orillas de una isla escarpada, cubierta de plantas trepadoras que descendían a lo largo de los acantilados hundiéndose en el mar. Me así a estos ramajes, y ayudándome con pies y manos conseguí trepar hasta lo alto del acantilado. Habiéndome escapado de tal modo de una perdición segura, pensé entonces en examinar mi cuerpo, y vi que estaba lleno de contusiones y tenía los pies hinchados y con huellas de mordeduras de peces, que habíanse llenado el vientre a costa de mis extremidades. Sin embargo, no sentía dolor ninguno, de tan insensibilizado como estaba por la fatiga y el peligro que corrí. Me eché de bruces, como un cadáver, en el suelo de la isla, y me desvanecí, sumergido en un aniquilamiento total.
Permanecí dos días en aquel estado, y me desperté cuando caía sobre mí a plomo el sol. Quise levantarme; pero mis pies hinchados y doloridos se negaron a socorrerme, y volví a caer en tierra. Muy apesadumbrado entonces por el estado a que me hallaba reducido, hube de arrastrarme, a gatas unas veces y de rodillas otras, en busca de algo para comer. Llegué, por fin, a una llanura cubierta de árboles frutales y regada por manantiales de agua pura y excelente. Y allí reposé durante varios días, comiendo frutas y bebiendo en las fuentes.
Así que no tardó mi alma en revivir, reanimándose mi cuerpo entorpecido; que logró ya moverse con facilidad y recobrar el uso de sus miembros, aunque no del todo, porque vime todavía precisado a confeccionarme, para andar, un par de muletas que me sostuvieran. De esta suerte pude pasearme lentamente entre los árboles, comiendo frutas, y pasaba largos ratos admirando aquel país y extasiándome ante la obra del Todopoderoso.
Un día que me paseaba por la ribera, vi aparecer en lontananza una cosa que me pareció un animal salvaje o algún monstruo entre los monstruos del mar. Tanto hubo de intrigarme aquella cosa, que, a pesar de los sentimientos diversos que en mí se agitaban, me acerqué a ella, ora avanzando, ora retrocediendo. Y acabé por ver que era una yegua maravillosa atada a un poste. Tan bella, era, que intenté aproximarme más, para verla todo lo cerca posible, cuando de pronto me aterró un grito espantoso, dejándome clavado en el suelo, por más que mi deseo fuera huir cuanto antes; y en el mismo instante surgió de debajo de la tierra un hombre, que avanzó a grandes pasos hacia donde yo estaba, y exclamó: "¿Quién eres? ¿Y de dónde vienes? ¿Y qué motivo te impulsó a aventurarte hasta aquí?"
Yo contesté: "¡Oh señor! Sabe que soy un extranjero que iba a bordo de un navío y naufragué con otros varios pasajeros. ¡Pero Alah me facilitó una cubeta de madera, a la que me así, y que me sostuvo hasta que fui despedido a esta costa por las olas!"
Cuando oyó mis palabras, cogióme de la mano y me dijo: "¡Sígueme!" Y le seguí. Entonces me hizo bajar a una caverna subterránea y me obligó a entrar en un salón, en cuyo sitio de honor me invitó a sentarme, y me llevó algo de comer, porque yo tenía hambre. Comí hasta hartarme y apaciguar mi ánimo. Entonces me interrogó acerca de mi aventura, y se la conté desde el principio al fin; y se asombró prodigiosamente. Luego añadí: "¡Por Alah sobre ti, oh dueño mío! no te enfades demasiado por lo que voy a preguntarte. ¡Acabo de contarte la verdad de mi aventura, y ahora anhelaría saber el motivo de tu estancia en esta sala subterránea y la causa por que atas sola a esa yegua en la orilla del mar!"
El me dijo: "Sabe que somos varios los que estamos en esta isla, situados en diferentes lugares...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

2020/08/09

Noche 291


Pero cuando llegó la 291ª noche

Ella dijo:
... Al mirar todo aquello, el cargador Sindbad quedó sobrecogido, y se dijo: "¡Por Alah! ¡Esta morada debe ser un palacio del país de los genios poderosos, o la residencia de un rey muy ilustre o de un sultán!" Luego se apresuró a tomar la actitud que requerían la cortesía y la mundanidad, deseó la paz a todos los asistentes, hizo votos por ellos, besó la tierra entre sus manos, y acabó manteniéndose de pie, con la cabeza baja, demostrando respeto y modestia.
Entonces el dueño de la casa le dijo que se aproximara, y le invitó a sentarse a su lado después de desearle la bienvenida con acento muy amable; le sirvió de comer, ofreciéndole lo más delicado, y lo más delicioso, y lo más hábilmente condimentado entre todos los manjares que cubrían las bandejas. Y no dejó Sindbad el Cargador de hacer honor a la invitación luego de pronunciar la fórmula invocadora. Así es que comió hasta hartarse; después dió las gracias a Alah, diciendo: "¡Loores a El siempre!" Tras de lo cual, se lavó las manos y agradeció a todos los convidados su amabilidad.
Solamente entonces dijo el dueño de la casa al cargador, siguiendo la costumbre que no permite hacer preguntas al huésped más que cuando se le ha servido de comer y beber: "¡Sé bienvenido, y obra con toda libertad! ¡Bendiga Alah tus días! Pero ¿puedes decirme tu nombre y profesión, oh huésped mío?"
Y contestó el otro: "¡Oh señor! me llamo Sindbad el Cargador, y mi profesión consiste en transportar bultos sobre mi cabeza mediante un salario". Sonrió el dueño de la casa, y le dijo: "¡Sabe, ¡oh cargador! que tu nombre es igual que mi nombre, pues me llamo Sindbad el Marino!"
Luego continuó: "¡Sabe también, ¡oh cargador! que si te rogué que vinieras aquí fué para oírte repetir las hermosas estrofas que cantabas cuando estabas sentado en el banco ahí fuera!"
A estas palabras sonrojóse el cargador, y dijo: "¡Por Alah sobre ti! ¡No me guardes rencor a causa de tan desconsiderada acción, ya que las penas, las fatigas y las miserias, que nada dejan en la mano, hacen descortés, necio e insolente al hombre!"
Pero Sindbad el Marino dijo a Sindbad el Cargador: "No te avergüences de lo que cantaste, ni te turbes, porque en adelante serás mi hermano. ¡Sólo te ruego que te des prisa a cantar esas estrofas que escuché y me maravillaron mucho!" Entonces cantó el cargador las estrofas en cuestión, que gustaron en extremo a Sindbad el Marino.
Concluidas que fueron las estrofas, Sindbad el Marino se encaró con Sindbad el Cargador, y le dijo: "¡Oh cargador! sabe que yo también tengo una historia asombrosa, y que me reservo el derecho de contarte a mi vez.
Te explicaré, pues, todas las aventuras que me sucedieron y todas las pruebas que sufrí antes de llegar a esta felicidad y de habitar este palacio. Y verás entonces a costa de cuán terribles y extraños trabajos, a costa de cuántas calamidades, de cuántos males y de cuántas desgracias iniciales adquirí estas riquezas en medio de las que me ves vivir en mi vejez.
Sin duda ignoras los siete viajes extraordinarios que he realizado, y cómo cada cual de estos viajes constituye por sí sólo una cosa tan prodigiosa, que únicamente con pensar en ella queda uno sobrecogido y en el límite de todos los estupores. ¡Pero cuanto voy a contarte a ti y a todos mis honorables invitados no me sucedió, en suma, más que porque el Destino lo había dispuesto de antemano y porque toda cosa escrita debe acaecer, sin que sea posible rehuirla o evitarla!"


La primera historia de las historias de Sindbad el marino, que trata del primer viaje

"Sabed todos vosotros, ¡oh señores ilustrísimos, y tú, honrado cargador, que te llamas como yo, Sindbad! que mi padre era un mercader de rango entre los mercaderes. Había en su casa numerosas riquezas, de las cuales hacía uso sin cesar para distribuir a los pobres dádivas con largueza, si bien con prudencia, ya que a su muerte me dejó muchos bienes, tierras y poblados enteros, siendo yo muy pequeño todavía.
Cuando llegué a la edad de hombre, tomé posesión de todo aquello, y me dediqué a comer manjares extraordinarios y a beber bebidas extraordinarias, alternando con la gente joven, y presumiendo de trajes excesivamente caros, y cultivando el trato de amigos y camaradas.
Estaba convencido de que aquello había de durar siempre, para mayor ventaja mía. Continué viviendo mucho tiempo así, hasta que un día, curado de, mis errores y vuelto a mi razón, hube de notar que mis riquezas habíanse disipado, mi condición había cambiado y mis bienes habían huido. Entonces desperté completamente de mi inacción, sintiéndome poseído por el temor y el espanto de llegar a la vejez un día sin tener qué ponerme.
También entonces me vinieron a la memoria estas palabras que mi difunto padre se complacía en repetir, palabras de nuestro Señor Soleimán ben-Daud (¡con ambos la plegaria y la paz!):
Hay tres cosas preferibles a otras tres: el día en que se muere es menos penoso que el día en que se nace, un perro vivo vale más que un león muerto, y la tumba es mejor que la pobreza.
Tan pronto como me asaltaron estos pensamientos, me levanté, reuní lo que me restaba de muebles y vestidos, y sin pérdida de momento lo vendí en la moneda pública con los residuos de mis bienes, propiedades y tierras. De ese modo me hice con la suma de tres mil dracmas...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

2020/08/08

Noche 290


Y cuando llegó la 290ª noche

Ella dijo:
...y el califa le ordenó que despojase de su ropa a Abu-Nowas y le pusiese una albarda a la espalda, atándole un ronzal y hundiéndole una espuela en las posaderas, y de tal guisa que le llevase por todos los pabellones de favoritas y demás esclavos, para que sirviese de irrisión a los habitantes todos de palacio, conduciéndole luego a la puerta de la ciudad, y ante el pueblo de Bagdad en masa le cortase la cabeza, sirviéndosela en una bandeja. Y contestó Massrur: "¡Escucho y obedezco!" Y al momento se dispuso a ejecutar las órdenes del califa.
Arrastró a Abu-Nowas, que juzgaba completamente inútil intentar eludir el furor del califa, y después de ponerle como queda dicho, comenzó a pasearle lentamente por delante de los diversos pabellones, cuyo número era igual al de los días del año.
Y hete aquí que Abu-Nowas, cuya reputación de chistoso era universal en palacio, no dejó de atraerse la simpatía de todas las mujeres, las cuales, para hacer más ostensible su piedad, empezaron a cubrirle de oro y joyas, y acabaron por agruparse y seguirle prodigándole palabras de consuelo; y entonces el visir Giafar Al-Barmaki, que pasaba por frente al grupo para personarse en palacio, reclamado por un asunto urgente, al ver al poeta llorando y lamentándose, se acercó a él y le dijo: "¿Pero eres tú, Abu-Nowas? ¿Qué crimen cometiste para ser castigado de tal modo?"
El otro respondió: "¡Por Alah, no cometí ni la sombra de un crimen! ¡No hice otra cosa que recitar algunos de mis más hermosos versos ante el califa, quien me ha regalado en agradecimiento sus mejores trajes!"
Como en aquel mismo instante se encontraba muy cerca de ellos el califa, oculto tras los tapices de un pabellón, no pudo por menos de echarse a reír al escuchar la respuesta de Abu-Nowas. Le perdonó, regalándole un ropón de honor y una fuerte suma de dinero, y continuó, como antes, haciendo de él su compañero inseparable en los momentos de mal humor.
Cuando Schehrazada acabó de. contar esta aventura del poeta Abu-Nowas, la pequeña Doniazada, presa de un ataque de risa que en vano pretendía sofocar contra la alfombra en que se hallaba sentada, corrió a su hermana, y le dijo: "¡Por Alah, hermana Schehrazada, cuán divertida fué la historia, y qué gracioso debía estar Abu-Nowas vestido de borrico! ¡Si nos contases alguna otra aventura de ese individuo serías muy amable!"
Pero exclamó el rey Schahriar: "¡Me resulta muy antipático el tal Abu-Nowas, y si no deseas que te corten inmediatamente la cabeza, no tienes más que continuar con el relato de sus aventuras! En otro caso, puedes contarme alguna historia de viajes para amenizarme el resto de la noche; porque me he aficionado a todo lo referente a viajes instructivos desde el día en que emprendí una excursión a lejanos países con mi hermano Schahzamán, rey de Samarcanda Al-Ajam, después de lo ocurrido con mi maldita mujer, a la que hice cortar la cabeza. Así, pues, si conoces un cuento verdaderamente delicioso para quien lo escuche, no dejes de contarlo desde luego, ya que esta noche es más tenaz que nunca mi insomnio".
Al oír del rey Schahriar tales palabras, se apresuró a decir la discreta Schehrazada: "Justamente, las más asombrosas y gratas entre todas las que conozco son las historias de viajes. En seguida vas a juzgar, ¡oh rey afortunado! porque, en verdad, no hay en los libros historia comparable a la del viajero llamado SINDBAD EL MARINO. (Sindbad, vocablo consagrado por el uso en Francia, en lugar de Sindabad, pronunciación árabe.)
¡Y con esta historia es precisamente con la que te voy a entretener, ¡oh rey afortunado! desde el momento en que tienes a bien el permitírmelo!"

HISTORIA DE SINDBAD EL MARINO


Y acto seguido comenzó a narrar Schehrazada:
He llegado a saber que, en tiempo del califa Harún Al-Raschid, vivía en la ciudad de Bagdad un hombre llamado Sindbad el Cargador. Era de condición pobre, y para ganarse la vida acostumbraba transportar bultos en su cabeza. Un día entre los días hubo de llevar cierta carga muy pesada; y aquel día precisamente sentíase un calor tan excesivo, que sudaba el cargador, abrumado por el peso que llevaba encima. Intolerable se había hecho ya la temperatura, cuando el cargador pasó por delante de la puerta de una casa que debía pertenecer a algún mercader rico, a juzgar por el suelo bien barrido y regado alrededor con agua de rosas. Soplaba allí una brisa gratísima, y cerca de la puerta aparecía un ancho banco para sentarse. Al verlo, el cargador Sindbad soltó su carga sobre el banco en cuestión, con objeto de descansar y respirar aquel aire agradable, sintiendo a poco que desde la puerta llegaba a él un aura pura y mezclada con delicioso aroma; y tanto le deleitó, que fué a sentarse en un extremo del banco. Entonces advirtió un concierto de laúdes e instrumentos diversos, acompañados por magníficas voces que cantaban canciones en un lenguaje escogido; y advirtió también píos de aves canoras que glorificaban de modo encantador a Alah el Altísimo; distinguió, entre otros, acentos de tórtolas, de ruiseñores, de mirlos, de bulbuls, de palomas de collar y de perdices domésticas. Maravillose mucho, e impulsado por el placer enorme que todo aquello le causaba, asomó la cabeza por la rendija abierta de la puerta y vió en el fondo un jardín inmenso, donde se apiñaban servidores jóvenes, y esclavos, y criados, y gente de todas calidades, y había allí cosas que no se encontraría más que en alcázares de reyes y sultanes.
Tras esto llegó hasta él una tufarada de manjares realmente admirables y deliciosos, a la cual se mezclaba todo género de fragancias exquisitas procedentes de diversas vituallas y bebidas de buena calidad. Entonces no pudo por menos de suspirar, y alzó al cielo los ojos y exclamó:
"¡Gloria a Ti, Señor Creador!, ¡oh Donador! Sin calcular, repartes cuantos dones te placen, ¡oh Dios mío! ¡Pero no creas que clamo a ti para pedirte cuentas de tus actos o para preguntarte acerca de tu justicia y de tu voluntad, porque a la criatura le está vedado interrogar a su dueño omnipotente! Me limito a observar. ¡Gloria a ti! ¡Enriqueces o empobreces, elevas o humillas, conforme a tus deseos, y siempre obras con lógica, aunque a veces no podamos comprenderla! ¡He ahí al amo de esta casa... ¡Es dichoso hasta los límites extremos de la felicidad! ¡Disfruta las delicias de esos aromas encantadores, de esas fragancias agradables, de esos manjares sabrosos, de esas bebidas superiormente deliciosas! ¡Vive feliz, tranquilo y contentísimo, mientras otros, como yo, por ejemplo, nos hallamos en el último confín de la fatiga y la miseria!"

Luego apoyó el cargador su mano en la mejilla, y a toda voz cantó los siguientes versos que iba improvisando:
¡Suele ocurrir que un desgraciado sin albergue se despierte de pronto a la sombra de un palacio creado por su destino! ¡Pero ay, yo cada mañana me despierto más miserable que la víspera!
¡Por instantes aumenta mi infortunio, como la carga que a mi espalda pesa fatigosa, en tanto que otros viven dichosos y contentos en el seno de los bienes que la suerte les prodiga!
¿Cargó nunca el Destino la espalda de un hombre con carga parecida a la aguantada por mi espalda...? ¡Sin embargo, no dejan de ser mis semejantes otros que están ahítos de honores y reposo!
¡Y aunque no dejan de ser mis semejantes, entre ellos y yo, puso la suerte alguna diferencia, pareciéndome yo a ellos como el vinagre amargo y rancio se parece al vino!
¡Pero no pienses que te acuso en lo más mínimo, oh mi Señor, porque nunca haya gozado yo de tu largueza! ¡Eres grande, magnánimo y justo, y bien sé que juzgas con sabiduría!

Al concluir de cantar tales versos, Sindbad el Cargador se levantó y quiso poner de nuevo la carga en su cabeza, continuando su camino, cuando se destacó en la puerta del palacio y avanzó hacia él un esclavito de semblante gentil, de formas delicadas y vestiduras muy hermosas, que, cogiéndole de la mano, le dijo:
"Entra a hablar con mi amo, que desea verte".
Muy intimidado, el cargador intentó encontrar cualquier excusa que le dispensase de seguir al joven esclavo, mas en vano. Dejó, pues, su cargamento en el vestíbulo, y penetró con el niño en el interior de la morada.
Vió una casa espléndida, llena de personas graves y respetuosas, y en el centro de la cual se abría una gran sala, donde le introdujeron. Se encontró allí ante una asamblea numerosa compuesta de personajes que parecían honorables, y debían ser convidados de importancia. También encontró allí flores de toda especie, perfumes de todas clases, confituras secas de todas calidades, golosinas, pastas de almendras, frutas maravillosas y una cantidad prodigiosa de bandejas cargadas con corderos asados y manjares suntuosos, y más bandejas cargadas con bebidas extraídas del zumo de las uvas. Encontró asimismo instrumentos armónicos que sostenían en sus rodillas unas esclavas muy hermosas, sentadas ordenadamente en el sitio asignado a cada una.
En medio de la sala, entre los demás convidados, vislumbró el cargador a un hombre de rostro imponente y digno, cuya barba blanqueaba a causa de los años, cuyas facciones eran correctas y agradables a la vista, y cuya fisonomía toda denotaba gravedad, bondad, nobleza y grandeza.
Al mirar todo aquello, el cargador Sindbad...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente. 

Notas del traductor
  1. (El traductor introduce en este volumen y en los siguientes alguna modificación, justificada por ciertas divergencias entre los textos árabes, respecto al orden que propúsose en un principio que se sucedieran los cuentos. Por lo tanto se ha puesto aquí la HISTORIA DE SINDBAD, aunque primitivamente no debía aparecer hasta más adelante. - J. C. M.)
Aclaración

El traductor une en este capítulo las noches 289 y 290.

2020/08/07

Noche 288


Pero cuando llegó la 288ª noche

Ella dijo:
"...Si la rama se balancea, ¡qué armonioso no será el canto de los pájaros que en ella anidan!"
Entonces acabó de entrar el joven en la sala. Realmente, era lo más bello posible, e iba vestido con tres túnicas superpuestas y de distintos colores: la primera, completamente blanca; la segunda, roja, la tercera, negra.
Cuando Abu-Nowas le vió vestido de blanco, sintió crepitar en su espíritu el fuego de la inspiración, e improvisó estos versos en honor suyo:

¡Se mostró vestido con un lino de blancura lechosa, y sus ojos languidecían bajo sus párpados azules, y las rosas tiernas de sus mejillas bendecían a Quien hubo de crearlas!
Y le dije: "¿Por qué pasas sin mirarme, cuando consientes que caiga en tus manos como la víctima bajo el arma del sacrificador?"
Me contestó: "Déjate de discursos y mira en silencio la obra del Creador: blanco es mi cuerpo y blanca mi túnica; blanco es mi rostro y blanco mi destino; ¡es blanco sobre blanco, y blanco sobre blanco!"

Al oír el joven estos versos, sonrió y se despojó de su túnica blanca para aparecer todo de rojo. A su vista, sintió Abu-Nowas poseerle por completo la emoción poética, y acto seguido improvisó estos otros versos:

¡Se mostró vestido con una túnica roja como su proceder cruel!
Y exclamé, sorprendido: "¿Cómo, siendo de una blancura lunar, puedes aparecer con esas dos mejillas que se dirían enrojecidas por la sangre de nuestros corazones, y vestido con una túnica robada a las anémonas?"
Me contestó: "La aurora me había prestado antes su vestidura; pero ahora es el mismo sol quien me hizo el regalo de sus llamas: de llama son mis ojos y rojo mi traje; de llama son mis labios y rojo el vino que los colorea; ¡es rojo sobre rojo, y rojo sobre rojo!"

Al oír estos versos, el pequeño arrojó con un gesto su túnica roja y apareció vestido con la túnica negra que llevaba directamente sobre la piel, y acusaba con precisión el talle ceñido por un cinturón de seda. Y Abu-Nowas, al verlo, llegó al límite de la exaltación, e improvisó estos otros versos en honor suyo:

¡Se mostró vestido con una túnica negra como la noche, y no se dignó siquiera dirigirme una mirada! Y le dije: "¿No ves que mis enemigos y quienes me envidian, se alegran del abandono en que me tienes?
"¡Ah! Ya lo comprendo: negras son tus vestiduras y negra tu cabellera; negros tus ojos y negro mi destino; ¡es negro sobre negro y negro sobre negro!”

Cuando el enviado del califa vió al joven y escuchó estos versos, disculpó de todo corazón a Abu-Nowas, y volvió al instante a palacio, donde puso al califa en autos acerca de la aventura acaecida a Abu-Nowas, y le explicó que el poeta habíase constituido en rehén en la taberna por no poder pagar la suma prometida al hermoso mancebo. Entonces, el califa, divertido a la vez que irritado, entregó al eunuco la suma necesaria para el rescate del rehén, y le ordenó que fuese a sacarle de allí en seguida, para llevarle, de grado o por fuerza, a su presencia.
Se apresuró el eunuco a ejecutar la orden, y no tardó en volver sosteniendo con dificultad al poeta, que se tambaleaba por haber bebido demasiado. Y el califa le apostrofó con una voz que trató de hacer furiosa; luego, al ver que Abu-Nowas se echaba a reír, se acercó a él, le cogió de la mano, y en su compañía se encaminó hacia el pabellón donde se encontraba la esclava.
Cuando Abu-Nowas vió sentada en la cama y vestida toda de raso azul, y con el rostro cubierto por un ligero velo de seda azul, a aquella joven de grandes ojos negros que le sonreían en la faz, le pasó la embriaguez, pero en cambio sintiose inflamado de entusiasmo, y de pronto improvisó esta estrofa en honor suyo:

¡Di a la bella del velo azul que le suplico se compadezca de alguien que arde en deseo de su hermosura! Dile: "¡Te conjuro por la blancura de tu linda tez, que no igualan ni la tierna rosa ni el jazmín, te conjuro por tu sonrisa, que hace palidecer las perlas y los rubíes a que me dirijas una mirada en la cual no pueda yo leer la huella de las calumnias que acerca de mí inventaron quienes me envidian!”

Cuando hubo concluido su improvisación Abu-Nowas, la esclava presentó una bandeja con bebidas al califa, quien, para divertirse, invitó al poeta a que se bebiese él solo todo el vino de la copa. Abu-Nowas accedió a ello gustoso, y no tardó en sentir de nuevo en su corazón los efectos del licor enervante. En aquel momento se le ocurrió al califa levantarse de súbito, a fin de asustar a Abu-Nowas, y espada en mano precipitose sobre él como para cortarle la cabeza.
Al ver aquello, Abu-Nowas, aterrado, echó a correr por la sala dando grandes gritos; y el califa le perseguía por todos los rincones, pinchándole con la punta de la espada. Por último le dijo: "¡Ahora vuelve a tu sitio a beber otro trago todavía!" Y al mismo tiempo hizo una seña a la joven para que escondiese la copa, lo cual cumplió inmediatamente ella ocultándola con su vestido. Pero, a pesar de su embriaguez, lo advirtió Abu-Nowas, e improvisó esta estrofa:
¡Cuán extraña aventura es mi aventura! ¡Una cándida joven se transforma en ladrona y me arrebata la copa para esconderla bajo su traje, en cierto sitio donde querría verme escondido yo! ¡Se trata de un lugar que no nombro por respeto al califa!
Al oír estos versos, se echó a reír el califa, y dijo a Abu-Nowas en broma: "¡Por Alah! Desde ahora quiero designarte para un alto empleo. ¡En lo sucesivo serás titulado jefe de los alcahuetes de Bagdad!" chanceándose, respondió al instante Abu-Nowas: "¡En ese caso, ¡oh Comendador de los Creyentes! me pongo a tus órdenes, rogándote me digas en seguida si necesitas de mis alcahueterías!"
A estas palabras, montó el califa en una cólera terrible, y gritó al eunuco que llamase inmediatamente a Massrur el portaalfanje, ejecutor de su justicia. Y algunos instantes después llegó Massrur, y el califa le ordenó que despojase de su ropa a Abu-Nowas. ..
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

2020/08/06

Noche 287


Pero cuando llegó la 287ª noche


... Simpatía besó la tierra entre las manos del califa y contestó: "¡Extienda Alah sus gracias sobre nuestro dueño el califa! ¡Pero su esclava desea volver a la casa de su antiguo amo!"
Lejos de mostrarse ofendido por esta preferencia, el califa accedió inmediatamente a su demanda, haciendo que como regalo le entregaran cinco mil dinares más, y le dijo: "¡Podrás acaso ser tan experta en amor como lo eres en conocimientos espirituales!" Luego quiso aún poner remate a su magnificencia, designando a Abul-Hassán para desempeñar un alto cargo en palacio, y le admitió en el número de sus favoritos más íntimos. Después levantó la sesión.
Entonces, agobiada bajo mantos de sabios Simpatía y cargado con sacos repletos de dinares de oro Abul-Hassán, salieron de la sala ambos, seguidos por todos los asistentes a la asamblea, que alzaban los brazos y exclamaban, maravillándose de cuanto acababan de ver y oír: "¿Dónde habrá en el mundo una generosidad semejante a la de los descendientes de Abbas?"
"Tales son, ¡oh rey afortunado! -continuó Schehrazada-, las palabras que la docta Simpatía dijo en medio de la asamblea de sabios, las cuales, transmitidas por los anales del reino, sirven para instruir a toda mujer musulmana",
Luego, al ver Schehrazada que el rey Schahriar fruncía ya las cejas y meditaba de un modo inquietante, apresurose a abordar las AVENTURAS DEL POETA ABU-NOWAS, y comenzó el relato en seguida, mientras Doniazada, medio dormida hasta entonces, despertábase sobresaltada de repente, al oír pronunciar el nombre de Abu-Nowas, y toda oídos disponíase a escuchar.
Ella dijo:


Aventuras del poeta Abu-Nowas

Se cuenta -Pero Alah es más sabio- que una noche entre las noches, poseído de insomnio y con el espíritu preocupadísimo, el califa Harún Al-Raschid salió para distraer su hastío. De este modo llegó ante un pabellón cuya puerta permanecía abierta, pero en su umbral se atravesaba el cuerpo de un eunuco negro dormido. El califa saltó sobre el cuerpo del esclavo, penetrando en la única sala de que se componía el pabellón, y lo primero que se presentó a su vista fué un lecho con cortinas corridas e iluminado a derecha e izquierda por dos grandes antorchas. Había junto al lecho una mesita sosteniendo una bandeja con un cántaro de vino, al que servía de tapa un vaso puesto boca abajo.
Asombrose el califa de encontrar en aquel pabellón aquellas cosas de las que no tenía noticia, y avanzando hacia el lecho levantó las cortinas, y se quedó maravillado de la belleza que ofrecíase a su mirada. Era una joven esclava, tan hermosa cual la luna llena, y cuyo único velo consistía en su cabellera suelta.
A su vista, el califa, en extremo encantado, cogió el vaso que coronaba el gollete del cántaro, lo llenó de vino y formuló en su alma: "Por las rosas de tus mejillas, ¡oh joven!", y lo bebió con lentitud. Luego inclinose sobre el hermoso rostro y dejó un beso en un lunar negro que sonreía desde la comisura izquierda de los labios.
Pero aunque fué levísimo, aquel beso despertó a la joven, quien, al reconocer al Emir de los Creyentes, se incorporó en el lecho vivamente aterrada. Pero el califa la calmó y le dijo: Cerca de ti hay un laúd, ¡oh joven esclava! y sin duda debes saber extraer de él deliciosos acordes. ¡Como a pesar de que no te conozco tengo determinado pasarme esta noche contigo, no me disgustaría verte manejarlo mientras te acompañas con la voz!"
Entonces tomó el laúd la joven, y tras de templarlo, sacó de él sonidos admirables, haciéndolo de veintiún modos diferentes, y con tanta maestría que el califa se exaltó hasta el límite de la exaltación; advertido lo cual por la joven, no dejó de aprovecharse de ello. Así, pues, le dijo ella: "¡Sufro rigores del Destino!, ¡oh Comendador de los Creyentes!" El califa preguntó: "¿Y por qué?" Ella dijo: "Tu hijo El-Amín, ¡oh Comendador de los Creyentes! me compró hace algunos días por diez mil dinares, a fin de hacerte el regalo de mi persona. ¡Pero al tener conocimiento de tal proyecto, tu Sett Zobeida reintegró a tu hijo el dinero que había invertido en comprarme, y me puso en manos de un eunuco negro para que me encerrase en este pabellón solitario!"
Cuando el califa hubo oído estas palabras, se sintió sumamente enfurecido y prometió a la joven darle desde el día siguiente un palacio para ella sola, con tren de casa digno de su belleza. Luego, tras de una toma de posesión, salió a toda prisa, despertando al eunuco dormido y ordenándole que inmediatamente fuese a prevenir al poeta Abu-Nowas para que se presentase enseguida en palacio.
Era costumbre del califa, en efecto, enviar que buscasen al poeta cuantas veces le asaltaban preocupaciones, con objeto de distraerse oyéndole improvisar poemas o poner en verso cualquier aventura que le contara.
El eunuco se personó en la casa de Abu-Nowas, y como no le encontró allí, salió en su busca por todos los lugares públicos de Bagdad, y le encontró al fin en cierta mal afamada taberna, a lo último del barrio de la Puerta Verde. Se acercó a él y le dijo: "¡Oh Abu-Nowas, por ti pregunta nuestro amo el califa!"
Abu-Nowas se echó a reír, y contestó: "¿Cómo quieres, ¡oh padre de blancuras! que me mueva de aquí, si me retiene como rehén un jovencito amigo mío?" El eunuco preguntó: "¿Dónde está y quién es?" Y le contestó el otro: "Es menudo, imberbe y lindo. ¡Le prometí un regalo de mil dracmas, pero como no tengo encima esa cantidad, no me parece decente irme antes de satisfacer mi deuda!"
A estas palabras exclamó el eunuco: "¡Por Alah! ¡Abu-Nowas, enséñame a ese joven, y si verdaderamente es tan gentil como me estás dando a entender, quedarás relevado de todo lo demás!"
En tanto hablaban ellos de este modo, el pequeño asomó su linda cabeza por la puerta entreabierta, y Abu-Nowas, señalándole, exclamó: "Si la rama se balancea, ¡qué armonioso no será el canto de los pájaros que en ella anidan...!
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

2020/08/05

Noche 286


Pero cuando llegó la 286ª noche


Ella dijo:
... El sabio continuó: "¡Háblame de las diversas clases de fuego!"
Ella contestó: "¡Hay un fuego que come y no bebe: el fuego del mundo; un fuego que come y bebe: el fuego del infierno; un fuego que bebe y no come: el fuego del sol; por último, un fuego que no come ni bebe: el fuego de la luna!"
"¿Cuál es la clave de este enigma?”Cuando bebo mana de mis labios la elocuencia, y camino y hablo sin hacer ruido. ¡Y sin embargo, a pesar de estas cualidades, no tengo honores en mi vida, y después de mi muerte no me llora nadie!"
Ella contestó: "¡La pluma!"
"¿Y la clave de este otro enigma?”Soy pájaro, pero no tengo carne, ni sangre, ni plumas, ni plumón; me comen asado, o cocido o al natural, y es muy difícil saber si estoy vivo o muerto; en cuanto a mi color, es de plata y oro".
Ella contestó: "En verdad que tienes ganas de emplear palabras excesivas para hacerme saber que se trata del huevo. ¡Procura preguntarme algo más difícil!"
El preguntó: "¿Cuántas palabras dijo en total Alah a Moisés?" Ella contestó: "¡Alah dijo a Moisés, exactamente, mil quinientas palabras!"
El preguntó: "¿Cuál es el origen de la Creación?"
Ella dijo: "Alah hizo a Adán con barro seco; el barro se formó con espuma; la espuma se sacó del mar; el mar de las tinieblas; las tinieblas de la luz; la luz de un monstruo marino; el monstruo marino de un rubí; el rubí de una roca; la roca del agua; y el agua fué creada por la palabra omnipotente: "¡Sea!"
"¿Y la clave de este otro enigma?”Como sin tener boca ni vientre, y me nutro de árboles y animales. ¡Los alimentos solos prolongan mi vida, en tanto que cualquier bebida me mata!"
"¡El fuego!"
"¿Y la clave de este enigma?”Son dos amigos que jamás gozaron, aunque pasan todas sus noches uno en brazos de otro. ¡Son los guardianes de la casa, y sólo se separan al llegar la mañana!"
"¡Las dos hojas de una puerta!" -
"¿Qué significa lo que voy a decirte?”¡Arrastro largas colas tras de mí, tengo una oreja para no oír nada y hago trajes para no llevarlos nunca!"
"¡La aguja!"
“¿Cuáles son la longitud y la anchura del puente Sirat?"
"La longitud del puente Sirat, por el cual deben pasar todos los hombres el día de la Resurrección, es de tres mil años de camino, mil para subir a él, mil para atravesar su parte plana y mil para bajar de él. ¡Es más escarpado que un corte de sierra y más estrecho que un cabello!".
Preguntó él: "¿Puedes decirme ahora cuántas veces tiene derecho a interceder por cada creyente el Profeta? (¡Con él la plegaria y la paz!)”
Ella contestó: "¡Ni más ni menos de tres veces!" "¿Quién abrazó primero la fe del Islam?" "¡Abubekr!" "Entonces, ¿no crees que fué musulmán Alí antes que Abubekr?"
"Alí, por gracia del Altísimo, no fué jamás idólatra, porque desde la edad de siete años Alah le hizo seguir el camino más recto, iluminando su corazón y dotándolo de la fe de Mohamed. (¡Con él la plegaria y la paz!)"
"¡Sí! Pero yo quisiera saber cuál de los dos, entre Alí y Abbas, reúne mayores méritos a tus ojos".
Ante esta pregunta, con exceso insidiosa, advirtió Simpatía que el sabio trataba de arrancarle una respuesta comprometedora; porque si daba la preeminencia a Alí, yerno del Profeta, disgustaría al califa, que era descendiente de Abbas, tío de Mohamed. (¡Con él la plegaria y la paz!). Primero enrojeció, luego palideció, y tras un instante de reflexión, repuso:
"¡Sabe, ¡oh Ibrahim! que no hay ninguna preeminencia entre dos cuando cada cual de ellos tiene un mérito excelente!"
No bien el califa hubo oído esta respuesta, llegó al límite del entusiasmo, e irguiéndose sobre ambos pies, exclamó: "¡Por el Señor de la Kaaba! ¡Es admirable tal respuesta, oh Simpatía!"
Pero el sabio continuó: "¿Puedes decirme de que trata este enigma?”¡Es esbelta y tierna y de sabor delicioso; es derecha como la lanza, pero no tiene hierro agudo; es útil por su dulzura, y se come con gusto por la noche en el mes de Ramadán!"
Ella contestó: "¡De la caña de azúcar!"
Dijo él: "Todavía tengo que dirigirte algunas preguntas, y voy a hacerlo rápidamente. Puedes decirme en pocas palabras: ¿Qué hay más dulce que la miel? ¿Qué hay más cortante que el hacha? ¿Qué hay más rápido que el veneno en sus efectos? ¿Cuál es el goce de un instante? ¿Cuál es la felicidad que dura tres días? ¿Cuál es el día más dichoso? ¿Cuál es el regocijo de una semana? ¿Cuál es el suplicio que nos persigue hasta la tumba? ¿Cuál es la alegría del corazón? ¿Cuál es el sufrimiento del espíritu? ¿Cuál es la desolación de la vida? ¿Cuál es el mal que no tiene remedio? ¿Cuál es la vergüenza que no puede borrarse? ¿Cuál es el animal que vive en los lugares desiertos y habita lejos de las ciudades, huyendo del hambre, y reúne la naturaleza de otros siete animales?"
Ella contestó: "¡Antes de hablar, deseo que me entregues tu manto!”
Entonces el califa Harún Al-Raschid dijo a Simpatía: "Sin duda tienes razón. Pero ¿no convendría más que, por consideración a su edad, contestases primero a sus preguntas?"
Y dijo ella: "¡El amor de los niños es más dulce que la miel! ¡La lengua es más cortante que el hacha! ¡El mal de ojo es más rápido que el veneno! ¡El goce del amor sólo dura un instante! ¡La felicidad que dura tres días es la que experimenta el marido en las épocas menstruales de su esposa, porque entonces él descansa! ¡El día más dichoso es el de ganancia de un negocio! ¡El regocijo que dura una semana es el de la boda! ¡La deuda que ha de pagar toda persona es la muerte! ¡La mala conducta de los hijos es la pena que nos persigue hasta la tumba! ¡La alegría del corazón es la mujer sumisa para con el esposo! ¡El sufrimiento del espíritu es un sirviente malo! ¡La pobreza es la desolación de la vida! ¡El mal carácter es el mal sin remedio! ¡La vergüenza imborrable es el deshonor de una hija! ¡En cuanto al animal que vive en los lugares desiertos y detesta al hombre, es el saltamontes, que reúne la naturaleza de otros siete animales: tiene, efectivamente, cabeza de caballo, cuello de toro, alas de águila, pies de camello, cola de serpiente, vientre de escorpión y cuernos de gacela!"
Ante tanta sagacidad y saber, el califa Harún Al-Raschid se sintió en extremo deificado, y ordenó al sabio Ibrahim ben-Sayar que diera su manto a la adolescente. Después de haberla entregado su manto, levantó la mano derecha el sabio, y manifestó en público que la joven habíale superado en conocimientos y que era la maravilla entre las maravillas del siglo.
Entonces preguntó el califa a Simpatía: "¿Sabes tocar instrumentos armónicos y cantar acompañándote?" Ella contestó: "¡Sí, por cierto!" Inmediatamente hizo traer un laúd en un estuche de raso rojo, rematado con una borla de seda amarilla y cerrado con un broche de oro. Simpatía sacó del estuche el laúd, y leyó en él estos versos grabados como orla con caracteres enlazados y floridos:
¡Era yo todavía una rama verde, y ya enseñábanme canciones las aves enamoradas!
¡En las rodillas de las jóvenes, ahora resueno bajo los dedos y canto cual las aves!
Entonces la apoyó ella contra sí, inclinose como una madre sobre su hijo, sacó del instrumento acordes de doce maneras distintas, y en medio del entusiasmo general cantó con una voz que hubo de repercutir en todos los corazones y arrancar lágrimas de emoción en los ojos todos.
Cuando acabó ella, irguiose sobre ambos pies el califa, y exclamó: "¡Aumente en ti sus dones Alah, ¡oh Simpatía! y tenga en su misericordia a quienes fueron tus maestros y a los autores de tus días!" Y acto seguido hizo contar diez mil dinares de oro en cien sacos para Abul- Hassán, y dijo a Simpatía:
"Dime, ¡oh maravillosa adolescente! ¿Prefieres entrar en mi harem y tener un palacio y tren de casa para ti sola, o bien prefieres volver con este joven, tu antiguo amo?"
A estas palabras, Simpatía besó la tierra entre las manos del califa...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

2020/08/04

Noche 284


Pero cuando llegó la 284ª noche

Ella dijo:
"¡... Voy a interrogarte a mi vez ahora! ¿Cuáles son las tres clases de estrellas?"
En vano meditó el sabio levantando los ojos al cielo, porque no pudo salir del compromiso.
Entonces, y tras de quitarle el manto, respondió Simpatía por sí misma a su propia pregunta:
"Las estrellas se dividen en tres clases, según la misión a que se las destina: unas cuelgan de la bóveda celeste como antorchas, y sirven para alumbrar la tierra; otras están suspendidas de manera invisible en el aire, y sirven para alumbrar los mares; y las estrellas de la tercera categoría, se mueven a voluntad entre los dedos de Alah; se las ve desfilar en la noche, y entonces sirven para lapidar y castigar a los demonios que osan infringir las órdenes del Altísimo".
A estas palabras, el astrónomo se declaró muy inferior a la bella adolescente en conocimientos, y retirose de la sala. Entonces, por mandato del califa, le sucedió un filósofo, que fué a apostarse ante Simpatía, y le preguntó:
"¿Puedes hablarnos de la infidelidad y decirnos si es innata en el hombre?"
Ella contestó: "Quiero responderte acerca de esto con las propias palabras del Profeta (¡con él la plegaria y la paz!), que ha dicho:
"La infidelidad circula entre los hijos de Adán como circula la sangre por las venas, no bien se dejen arrastrar por la blasfemia contra la tierra, y los frutos de la tierra, y las horas de la tierra. ¡El crimen mayor es blasfemar del tiempo y del mundo; porque el tiempo es Dios mismo, y el mundo es hechura de Dios!”
El filósofo exclamo: ¡Sublimes y definitivas son esas palabras! Dime ahora quiénes son las cinco criaturas de Alah que bebieron y comieron sin expulsar de su cuerpo nada por delante ni por detrás".
Ella contestó: "¡Esas cinco criaturas son: Adán, Simeón, el dromedario de Saleh, el carnero de Ismael y el pájaro que vió el santo Abubekr en la caverna!"
El le dijo: "¡Perfectamente! ¡Dime todavía qué cinco criaturas del Paraíso no son hombres, ni genios, ni ángeles!"
Ella contestó: "El lobo de Jacob, el perro de los siete durmientes, el asno de El-Aizr, el dromedario de Saleh y la mula de Daldal de nuestro santo Profeta. (¡Con él la plegaria y la paz!)"
El preguntó: "¿Puedes decirme cuál es el hombre que, al ponerse en oración, no oraba ni en el cielo ni en la tierra?"
Ella contestó: "¡Soleimán, que se ponía en oración sobre una alfombra suspendida en el aire entre el cielo y la tierra!"
El dijo: "¡Vas a explicarme el siguiente caso: un hombre mira por la mañana a una esclava, y comete con ello un acto ilícito; mira a esta misma esclava a mediodía, y el hecho es lícito entonces; la mira durante la siesta, y de nuevo resulta el hecho ilícito; a la puesta del sol le está permitido mirarla; se le prohíbe hacerlo de noche, y a la mañana del otro día puede perfectamente acercarse a ella con toda libertad! ¿Sabrás explicarme qué distintas circunstancias logran sucederse con tanta rapidez en el espacio de un día y una noche?"
Ella contestó: "¡Es muy sencilla la explicación! Por la mañana, un hombre posa sus miradas en una esclava que no es suya, lo cual es ilícito, según el Libro. Pero la compra a mediodía, y entonces puede mirarla y gozarla cuando quiera; a la hora de la siesta, por cualquier causa, le devuelve la libertad, y en vista de ello ya no tiene derecho para dirigir a ella sus ojos. ¡Pero al ponerse el sol se casa con ella, y todo para él se torna lícito; por la noche, cree oportuno divorciarse y no puede ya acercarse a ella; pero a la mañana, de nuevo la toma por esposa, tras las ceremonias de costumbre, y entonces puede reanudar sus relaciones con aquella mujer!"
Dijo el filósofo: "¡Así es! ¿Puedes decirme cuál es la tumba que hubo de moverse con la persona que encerraba?"
Ella contestó: "¡La ballena que devoró al profeta Jonás!"
El preguntó: "¿Qué valle alumbró el sol una vez únicamente y jamás volverá a alumbrar hasta el día de la Resurrección?"
Ella contestó: "¡El valle formado por la vara de Moisés al hendir el mar para hacer paso a su pueblo fugitivo!"
El preguntó: "¿Qué cola arrastró primero por el suelo?"
Ella contestó: "¡La cola del vestido de Agar, madre de Ismael, cuando barrió la tierra ante Sara!"
El preguntó: "¿Qué cosa respira sin estar animada?"
Ella contestó: "¡La mañana! Porque dice el Libro: "Cuando la mañana respira..."
El dijo: "Dime cuanto puedas acerca de este problema: una bandada de pajarillos se abate sobre la copa de un árbol; unos se posan en las ramas superiores y otros en las bajas. Los pajarillos que se hallan en lo alto del árbol dicen a los de abajo: "Si se juntase a nosotros uno de vosotros, nuestro grupo sería doble que el vuestro; pero si bajara uno de nosotros hacia vosotros, nos igualarías en número. ¿Cuántos pajarillos había?"
Ella contestó: "Había en total doce pajarillos. En efecto, estaban siete en lo alto del árbol y cinco en las ramas bajas. Si uno de los pajarillos de abajo se reuniese con los de arriba, el número de estos últimos ascendería a ocho, que es el doble de cuatro; pero si uno de los de arriba descendiese hasta juntarse con los de abajo, serían seis en cada sitio. ¡Pero Alah es más sabio!"
Al oír el filósofo las diversas respuestas, temió que le interrogara la adolescente, y para conservar su manto, se puso en fuga a toda prisa y desapareció.
Entonces fué cuando se levantó el hombre más sabio del siglo, el prudente Ibrahim ben-Sayar, que fué a ocupar el sitio del filósofo, y dijo a la bella Simpatía: "¡Quiero creer que con anterioridad a mis preguntas te declararás vencida, siendo, por tanto, ocioso interrogarte!"
Ella contestó: "¡Oh venerable sabio, mi consejo es que envíes a buscar otro traje que el que llevas, pues no tardaré en quitártelo!" El sabio dijo: "¡Vamos a verlo! ¿Qué cinco cosas creó el Altísimo antes que Adán?"
Ella contestó: "¡El agua, la tierra, la luz, las tinieblas y el fuego!
El preguntó: "¿Qué obras son las formadas por las propias manos del Todopoderoso y no por el simple efecto de su voluntad, como fueron creadas todas las demás cosas?
Ella contestó: "¡El Trono, el árbol del Paraíso, el Edén y Adán! ¡Sí, por las propias manos de Alah se crearon estas cuatro cosas mientras que para crear todas las demás cosas, dijo: "¡sean!" y fueron!"
El preguntó: "¿Quién es tu padre en el Islam y quién es el padre de tu padre?"
Ella contestó: "¡Mi padre en el Islam es Mohamed (¡con él la plegaria y la paz!), y el padre de mi padre es Abraham, el amigo de Alah!”
"¿En qué consiste la fe del Islam?"
"En la simple profesión de fe: "¡La ilah ill'Alah, Mohamed rassul Alah!”
"¿Qué cosa empezó siendo de madera y terminó gozando vida propia?"
"La vara que tiró Moisés para que se convirtiese en serpiente. Según las circunstancias, esta misma vara, clavada en el suelo, podía transformarse en árbol frutal, en un frondoso árbol muy grande para resguardar del ardor del sol a Moisés, o en un perro enorme que guardara el rebaño durante la noche".
"¿Puedes decirme qué mujer fué engendrada por un hombre sin que una madre la llevase en el seno, y qué hombre fué engendrado por una mujer sin el concurso de un padre?"
"¡Eva, que nació de Adán, y Jesús, que nació de María!" El sabio continuó...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Aclaración
El traductor une en este capítulo las noches 283 y 284.

2020/08/03

Noche 282


Pero cuando llegó la 282ª noche

Ella dijo:

"...un líquido blanco, que se espesa merced al calor del compañón y cuyo olor recuerda al de la leche de palmera".
El sabio exclamó: "¡Con qué sagacidad has respondido! Pero todavía tengo que hacerte dos últimas preguntas. ¿Puedes decirme qué ser viviente no vive más que aprisionado y muere en cuanto respira el aire libre? ¿Y qué frutas son las mejores?"
Ella contestó: "¡El primero es el pez, y las segundas son la toronja y la granada!"
Cuando oyó el médico todas estas respuestas de la bella Simpatía, no pudo por menos de declararse incapaz de cogerla en un error científico, y se dispuso a ocupar de nuevo su sitio.
Pero se lo impidió con un gesto Simpatía, y le dijo: "Es preciso que a mi vez yo te haga una pregunta:
"¿Puedes decirme, ¡oh sabio! qué cosa hay redonda como la tierra y que se aloja en un ojo, ausentándose de este ojo unas veces y penetrando otras en él, que copula sin órgano masculino, que se separa de su compañero durante la noche para enlazarse a él durante el día y que elige su domicilio habitual en las extremidades?"
A esta pregunta el sabio se atormentó en vano el espíritu, porque no supo responder, y después de quitarle su manto a instancia del califa, Simpatía contestó por sí misma: "¡Es el botón con el ojal!"
Tras de lo anterior, irguiose entre los venerables jeiques un astrónomo, que era el más famoso entre los astrónomos del reino, y a quien miró sonriendo la bella Simpatía, de antemano segura de que él le encontraría los ojos más enigmáticos que todas las estrellas de los cielos.
El astrónomo fué a sentarse ante la adolescente, y luego del acostumbrado preámbulo, le preguntó: "¿De dónde sale el sol y adónde va cuando desaparece?"
Ella contestó: "Sabe que el sol sale de los manantiales de Oriente, y desaparece en los manantiales de Occidente. Ciento ochenta son estos manantiales. El sol es el sultán del día, como la luna es la sultana de las noches. Y dijo Alah en el Libro: "Soy yo quien otorgó su luz al sol y su resplandor a la luna y quien les asignó lugares matemáticos que permitiesen conocer el cálculo de los días y los años. ¡Yo soy quien fijó un límite a la carrera de los astros y prohibió a la luna que jamás esperase al sol, así como a la noche que se adelantase al día! ¡Por eso el día y la noche, las tinieblas y la luz, sin mezclar su esencia nunca, se identifican continuamente!"
El sabio astrónomo exclamó: "¡Qué respuesta tan maravillosa de precisión! Pero, ¡adolescente! ¿Puedes hablarnos de los demás astros y decirnos sus influencias buenas y malas?
Ella contestó: "Si tuviera que hablar de todos los astros necesitaría consagrar a ello más de una sesión. Sólo diré, pues, pocas palabras. Además del sol y la luna, existen otros cinco planetas, que son: Ultared (Mercurio), El-Zohrat (Venus), El-Merrihk (Marte), El-Muschtari (Júpiter) y Zohal (Saturno).
"La luna, fría y húmeda, de influencia buena, está en Cáncer, su apogeo es Tauro, tiene por inclinación a Escorpión y por perigeo a Capricornio.
"El planeta Saturno, frío y seco, de influencia maligna, está en Capricornio y Acuario, su apogeo es Libra, su inclinación Aries y su perigeo Capricornio y Leo.
"Júpiter, de influencia benigna, está en Tauro, tiene por apogeo a Piscis, por inclinación a Libra y por perigeo a Aries y a Escorpión. "Mercurio, de influencia unas veces benigna y maligna otras, está en Géminis, tiene por apogeo a Virgo, por inclinación a Piscis y por perigeo a Tauro.
"Y por último, Marte, cálido y húmedo, de influencia maligna, está en Aries, tiene por apogeo a Capricornio, por inclinación a Cáncer y por perigeo a Libra".
Cuando el astrónomo hubo oído esta respuesta, admiró mucho la profundidad de los conocimientos de la joven Simpatía. Sin embargo, intentó turbarla con alguna pregunta más difícil, y la interrogó:
"¡Oh joven! ¿Crees que este mes tendremos lluvias?"
Al escuchar semejante pregunta, la docta Simpatía bajó la cabeza y reflexionó bastante tiempo, lo cual hizo al califa suponer que se reconocía incapaz de contestar. Pero no tardó ella en alzar la cabeza, y dijo al califa: "¡No hablaré, ¡oh Emir de los Creyentes! mientras no me des permiso para desarrollar mi pensamiento por completo!" Asombrado, dijo el califa: "¡Ya tienes permiso!" Ella dijo: "¡Entonces, ¡oh Emir de los Creyentes! déjame tu alfanje un instante para que corte la cabeza a este astrónomo, que no es más que un impío y un descreído!"
A estas palabras no pudieron por menos de reír el califa y todos los sabios de la asamblea. Pero Simpatía continuó: "¡Has de saber, ¡oh astrónomo! que hay cinco cosas que conoce sólo Alah: la hora de la muerte, cuándo va a llover, el sexo del niño en el seno de su madre, los sucesos futuros y el sitio donde morirá cada uno!"
El astrónomo sonrió y le dijo: "No te hice esa pregunta más que como prueba. ¿Puedes decirnos, y con ello no nos alejaremos del asunto, la influencia ejercida por los astros sobre los días de la semana?"
Ella contestó: "El domingo es el día consagrado al Sol. Cuando comienza el año en domingo, es señal de que los pueblos tendrán que sufrir muchas tiranías y vejaciones de sus sultanes, de sus reyes y de sus gobernantes; habrá sequía, no prosperarán las lentejas, se agriarán las uvas y se librarán combates feroces entre los reyes. ¡Pero acerca de esto Alah es todavía más sabio!
"El lunes es el día consagrado a la luna. Cuando comienza el año en lunes, es un buen augurio. Habrá abundantes lluvias, muchas uvas y cereales, pero estallará la peste, y luego no prosperará el lino, y será malo el algodón; y además la mitad del ganado morirá de epidemia. ¡Pero Alah es más sabio!
"Puede comenzar el año en martes, día consagrado a Marte. Caerán heridos de muerte los grandes y los poderosos, subirá el precio de los cereales, lloverá poco, habrá escasez de pescado, la miel estará muy barata, las lentejas se venderán por nada, los granos de lino estarán caros, habrá una cosecha excelente de cebada. Pero se verterá mucha sangre, y una epidemia diezmará los asnos, cuyo precio subirá muchísimo. ¡Pero Alah es más sabio!
"El miércoles es el día de Mercurio. Cuando comienza el año en miércoles, es señal de grandes catástrofes marítimas, de muchos días de tempestad y relámpagos, de carestía de cereales y de que los reponches y las cebollas subirán mucho de precio, sin contar una epidemia que se cebará en los niños. ¡Pero Alah es más sabio!
"El jueves es el día consagrado a Júpiter. Si abre el año, es indicio de concordia entre los pueblos, de justicia en gobernantes y visires, de integridad en los kadíes y de grandes beneficios para la humanidad, entre otros, abundancia de lluvias, de frutas, de grano, de algodón, de lino, de miel, de uva y de pescado. ¡Pero Alah es más sabio!
"El viernes es el día consagrado a Venus. Si abre el año, es señal de que el rocío será abundante y la primavera muy hermosa; nacerá una enorme multitud de niños de ambos sexos, y habrá muchos cohombros, sandías, calabazas, berenjenas y tomates, y también cotufas. ¡Pero Alah es más sabio!
"El sábado, por último, es el día de Saturno. ¡Malhaya el año que comienza en tal día! ¡Malhaya tal año! ¡Habrá una avaricia general del cielo y de la tierra, el hambre sucederá a la guerra, las enfermedades al hambre, y los habitantes de Egipto y de Siria se lamentarán bajo la opresión que han de sufrir y bajo la tiranía de los gobernantes! ¡Pero Alah es más sabio!"
Cuando el astrónomo hubo oído tal respuesta, exclamó: "¡Cuán admirablemente respondiste a todo! Pero ¿puedes aún decirnos de qué punto o piso del cielo están suspendidos los siete planetas?"
Simpatía contestó: "¡Desde luego! ¡El planeta Saturno está colgado del séptimo cielo exactamente; Júpiter está colgado del sexto cielo; Marte, del quinto; el Sol del cuarto; Venus, del tercero; Mercurio, del segundo, y la Luna del primer cielo!"
Luego añadió Simpatía: "¡Voy a interrogarte a mi vez ahora...!
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Aclaración
El traductor une en este capítulo las noches 281 y 282.

2020/08/02

Noche 280



Y cuando llegó la 280ª noche

Ella dijo:
Simpatía contestó a la pregunta del médico: "¿Cómo puedes interrogarme acerca del vino cuando el Libro es tan explícito sobre este particular? No obstante sus numerosas virtudes, está prohibido porque turba la razón y enardece los humores. ¡El vino y el juego de azar son dos cosas que debe evitar el creyente, bajo pena de las mayores calamidades!"
El dijo: "Prudente es tu respuesta. ¿Puedes ahora hablarnos de la sangría?"
Ella contestó: "La sangría es necesaria a cuantas personas tienen demasiada sangre. Debe practicarse en ayunas, un día de primavera sin nubes, ni viento, ni lluvia. Cuando ese día cae en martes, la sangría produce sus mejores efectos, sobre todo si tal día es el décimo séptimo del mes. Verdaderamente, nada hay tan bueno para la cabeza, los ojos y la sangre como la sangría. Pero nada peor que ella si se practica durante los grandes calores o los grandes fríos, o siendo sábado".
El sabio meditó un instante, y dijo: "Hasta ahora respondiste perfectamente; pero quiero hacerte todavía una pregunta capital, que nos demostrará si tu saber se extiende a todas las cosas esenciales en la vida. ¿Puedes hablarnos con claridad acerca de la copulación?"
Cuando oyó la joven tal pregunta, enrojeció y bajó la cabeza, lo cual hizo al califa creerla incapaz de responder. Pero no tardó en alzar la cabeza, y encarándose con el califa, le dijo: "¡Por Alah, oh Emir de los Creyentes! no atribuyas mi silencio a ignorancia sobre esta pregunta, cuya respuesta tengo en la punta de la lengua, y no quiero que salga de mis labios por respeto a nuestro señor el califa" Pero él le dijo: "Tendría un placer extremado en oír de tu boca tal respuesta. ¡Desecha el temor, pues, y habla con claridad!"
Entonces dijo la docta Simpatía:
"La copulación es el acto que une sexualmente al hombre y la mujer. Se trata de una cosa excelente, y son numerosos sus beneficios y virtudes. La copulación aligera el cuerpo y alivia el espíritu, aleja la melancolía, atempera el calor de la pasión, atrae al amor, alegra el corazón, consuela de la ausencia y hace recobrar el sueño perdido. Desde luego que nos estamos ocupando de la copulación de un hombre con una mujer joven; pero si la mujer es vieja, sucede todo lo contrario, porque entonces no hay fechoría que este acto no pueda engendrar. Copular con una vieja es exponerse a males sin cuento, entre otros, las afecciones de la vista, el dolor de riñones, el dolor de piernas y el dolor de espalda. ¡En una palabra, es peligroso! Conviene, pues, huir de ello como de un veneno sin remedio. ¡Para este acto debe escogerse una mujer experta, que comprenda al primer golpe de vista, que hable con pies y manos y que dispense a su propietario de tener un jardín y parterres floridos!
"A toda copulación completa sigue la humedad. Esta humedad se produce en la mujer a causa de la emoción que sienten sus partes honorables, y en el hombre por el jugo que segregan sus dos compañones. Este jugo va por un camino muy complicado. Porque el hombre posee una gruesa vena de la que nacen todas las demás venas. La sangre que riega todas estas venas, cuyo número es de trescientas sesenta, acaba por canalizarse en un tubo que termina en el compañón izquierdo. En este compañón izquierdo, la sangre, a causa de agitarse, acaba por clarificarse y transformarse en un líquido blanco, que se espesa merced al calor del compañón y cuyo olor recuerda el de la leche de palmera...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

2020/08/01

Noche 279



Pero cuando llegó la 279ª noche

Ella dijo:

"... resolvieron disciplinarse y gastar cilicios de crin".
Cuando oyó el sabio estas respuestas de Simpatía, no pudo menos de exclamar: "¡Certifico ¡oh Emir de los Creyentes! que esta joven posee una sabiduría innegable!"
Entonces Simpatía pidió permiso para hacer una pregunta al jeique, y le dijo:
"¿Puedes decirme qué versículo del Corán comprende veintitrés veces la letra kaf, cuál comprende diez y seis veces la letra mim y cuál comprende ciento cuarenta veces la letra ain?"
Estupefacto quedó el sabio, sin poder hacer la menor referencia sobre ello; y después de quitarle el manto, Simpatía se apresuró a indicar por sí misma, entre la general estupefacción de los concurrentes, los versículos pedidos.
Entonces se irguió en medio de la asamblea un médico reputado por lo vasto de sus conocimientos y que había producido libros muy estimados. Encarose con Simpatía y le dijo:
"¡Hablaste de un modo excelente acerca de lo espiritual; pero ya es hora de ocuparse del cuerpo del hombre, sus nervios, sus huesos y sus vértebras, y por qué se le llamó Adán!"
Ella contestó: “El nombre de Adán, viene de la palabra árabe adim, que significa la piel, la superficie de la tierra, y se llamó así, el primer hombre porque fué creado con un amasijo de tierra de diversas partes del mundo. En efecto, la cabeza de Adán se formó con tierra de Oriente, su pecho con tierra de la Kaaba, y sus pies con tierra de Occidente.
"En el cuerpo dispuso Alah siete puertas de entrada y dos de salida: los dos ojos, las dos orejas, las dos narices y la boca, y por otra parte, una delantera y un ano.
"Luego, para dar un temperamento a Adán, el Creador reunió en él los cuatro elementos: agua, tierra, fuego y aire. He aquí por qué el temperamento bilioso tiene la naturaleza del fuego, que es cálido y seco; el temperamento nervioso tiene la naturaleza de la tierra, que es seca; el linfático tiene la naturaleza del agua, que es fría y húmeda; y el sanguíneo la naturaleza del aire, que es cálido y seco.
"Después de lo anterior, acabó Alah de constituir el cuerpo humano. Puso en él trescientos setenta conductos y doscientos cuarenta huesos. Le dió tres instintos: el instinto de la vida, el instinto de la reproducción y el instinto del apetito. Luego le puso un corazón, un bazo, pulmones, seis tripas, un hígado, dos riñones, un cerebro, dos compañones, un nervio y una piel.
Le dotó de cinco sentidos guiados por siete espíritus vitales. En cuanto al orden de los órganos, Alah puso el corazón en el lado izquierdo del pecho, y debajo de él extendió el estómago; puso también los pulmones para que sirviesen de abanicos al corazón; el hígado a la derecha para que fuese como la guarda del corazón, y por último el entrelazamiento de los intestinos y la articulación de las costillas.
"Respecto a la cabeza, se compone de cuarenta y ocho huesos; en cuanto al pecho, contiene veinticuatro costillas en el hombre y veinticinco en la mujer: esta costilla suplementaria se halla a la derecha y sirve para guardar al niño en el vientre de su madre, rodeándole y sosteniéndole".
El sabio médico no pudo disimular su sorpresa; luego añadió: "¿Puedes ahora hablarnos de los síntomas de las enfermedades?" Ella contestó: "Los síntomas de las enfermedades son externos e internos, y sirven para indicar la clase de dolencia y su grado de gravedad.
"Efectivamente, el hombre hábil en su arte sabe adivinar el mal nada más que con tomar el pulso al enfermo; de este modo averigua el grado de sequedad, de calor, de dureza, de frío y de humedad; sabe asimismo que si a un hombre le amarillean los ojos, es porque debe tener malo el hígado, y que si a otro se le encorva la espalda, es porque debe tener gravemente atacados de inflamación los pulmones.
"En cuanto a los síntomas internos que guían la observación del médico, son: los vómitos, los dolores, los edemas, los excrementos y la orina".
El preguntó: "¿A qué obedece el dolor de cabeza?"
Ella contestó: "El dolor de cabeza se debe principalmente a la nutrición, cuando se carga de nuevo el estómago antes que los primeros alimentos se hayan digerido; igualmente se debe a comidas hechas sin tener gana. La gula es causa de todas las enfermedades que asolan la tierra. Quien quiera prolongar su vida debe, pues, practicar la sobriedad, y además, levantarse temprano, evitar las vigilias, no hacer excesos con la mujer, no abusar de la sangría ni de las escarificaciones, y por último vigilar su vientre. A tal fin conviene que divida su vientre en tres partes, de las cuales llenará con alimentos una, con agua la otra y con nada la tercera, dejándola libre para la respiración y para que pueda el alma aposentarse allí. Lo mismo podría decirse del intestino, cuya longitud es de diez y ocho palmos".
El preguntó: "¿Cuáles son los síntomas de la ictericia?"
Ella contestó: "La ictericia o amarillez febril se caracteriza por el tinte amarillo que adquiere la piel, por el amargor de boca, los vértigos, la frecuencia del pulso, los vómitos y la aversión a las mujeres. El atacado por esta dolencia, se halla expuesto a graves accidentes, como las úlceras intestinales, la pleuresía, la hidropesía y los edemas, así como la melancolía de carácter grave, que, al debilitar el cuerpo, puede provocar el cáncer y la lepra".
El dijo: "¡Perfectamente! Pero ¿en cuántas partes se divide la medicina?"
Ella contestó: "Se divide en dos partes: estudio de las enfermedades y estudio de los remedios".
El dijo: "Veo que nada deja de desear tu ciencia. Pero ¿puedes decirme qué agua es la mejor?"
Ella contestó: "El agua pura y fresca contenida en un recipiente poroso frotado con cualquier perfume excelente o simplemente perfumado con vapores de incienso. No debe beberse más que después de la comida. Así se evitará toda clase de enfermedades y se pondrá en práctica la frase del Profeta (¡con él la plegaria y la paz!), que dijo: "El estómago es el receptáculo de todas las enfermedades, el estreñimiento la causa de todas las enfermedades, y la higiene el principio de todos los remedios".
El preguntó: "¿Qué comida es excelente entre todas?"
Ella contestó: "La preparada por mano de mujer, sin que haya costado demasiados preparativos, y cuando se come con corazón alegre. El plato llamado tharid es ciertamente el más delicioso de todos los platos, porque el Profeta (¡con él la plegaria y la paz!) ha dicho: "¡El tharid es con mucho el mejor de los platos, como Aischa es la más virtuosa de las mujeres!"
El preguntó: "¿Qué opinas de las frutas?"
Ella dijo: "Con la carne de carnero, son el alimento más sano. Pero no hay que comer demasiado cuando está avanzada la estación". El preguntó: "¿Y el vino?"
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

2020/07/31

Noche 278



Pero cuando llegó la 278ª noche

Ella dijo:
"... el corazón del infiel, que es completamente opuesto al primero; el corazón tocado de las cosas terrenas y el corazón tocado de las cosas espirituales; hay corazón dominado por las pasiones, o por el odio, o por la avaricia; hay corazón cobarde, corazón abrasado de amor, corazón henchido de orgullo; también existe el corazón iluminado, como el de los compañeros de nuestro santo Profeta, y por último, existe el propio corazón de nuestro santo Profeta, ¡el corazón del Elegido!"
Cuando oyó tal respuesta el sabio teólogo, exclamó: "¡Mereces mi aprobación, ¡oh esclava!"
Entonces la hermosa Simpatía miró al califa y dijo: "¡Oh Comendador de los Creyentes, permíteme que a mi vez haga una sola pregunta a mi examinador, y me apodere de su manto si no puede contestarme! Y cuando se le acordó el consentimiento preguntó al sabio:
"¿Puedes decirme, ¡oh venerable jeique! qué deber ha de cumplirse con preferencia a todos los deberes, aunque no sea el de más importancia?"
A esta pregunta no supo qué decir el sabio, y la joven se apresuró a quitarle el manto y se dió a sí misma la siguiente respuesta:
"¡Es el deber de la ablución, porque está formalmente prescripto que hemos de purificarnos antes de cumplir el menor deber religioso y antes de cualquier acto previsto por el Libro y la Sunna!"
Tras de lo cual, Simpatía se volvió hacia la asamblea y la interrogó con una mirada en redondo, a la que respondió cierto sabio, que era uno de los hombres más célebres del siglo y que no tenía igual en el conocimiento del Corán. Se levantó y dijo a Simpatía:
"¡Oh joven llena de espiritualidad y de aromas encantadores! Puesto que conoces el Libro de Alah ¿podrías darnos una prueba de la exactitud de tu sabiduría?"
Ella contestó: "El Corán se compone de ciento catorce suratas o capítulos, de los cuales setenta se dictaron en la Meca y cuarenta y cuatro en Medina.
“Se divide en seiscientas veintiuna divisiones llamadas “aschar”, y en seis mil doscientos treinta y seis versículos.”
"Comprende setenta y nueve mil cuatrocientas treinta y nueve palabras y trescientas veintitrés mil seiscientas setenta letras, cada una de las cuales tiene diez virtudes especiales.
"En él se cita el nombre de veinticinco profetas: Adán, Nouh (Noé), Ibrahim, Ismail, Isaac, Yacub, Yussef, El-Yosh, Yunés, Loth, Saleh, Hud, Schoaib, Daud (David), Soleimán (Salomón), Zul-Kefel, Edris, Elías, Yahia, Zacharia, Ayub, Mussa, Harún, Issa (Jesús) y Mohamed." (Con todos la plegaria y la paz).
"También se hallan en él los nombres de nueve pájaros o animales alados: el músico, la abeja, la mosca, la abubilla, el cuervo, el saltamontes, la hormiga, el pájaro ababil y el pájaro de Issa (¡con él la plegaria y la paz!), que no es otro que el murciélago".
El jeique dijo: "Maravilla tu exactitud. Desearía también saber por ti cuál es el versículo en que nuestro santo Profeta juzga a los infieles".
Ella contestó: "Es el versículo donde se encuentran estas palabras: Los judíos dicen que están errados los cristianos, y los cristianos afirman que los judíos ignoran la verdad. ¡Por lo demás tienen razón unos y otros!”
Cuando oyó el jeique estas palabras, declarose satisfechísimo; pero quiso interrogarla todavía. Así, pues, le preguntó:
"¿Cómo vino el Corán desde el cielo a la tierra? ¿Bajó íntegro, copiado de las tablas que se guardan en el cielo, o bajó en varias veces?"
Ella contestó: "Por orden del Señor del universo, se lo dió el ángel Gabriel a nuestro profeta Mohamed, príncipe de los enviados de Alah, y lo hizo por versículos según las circunstancias, en el interregno de veinte años.”
El preguntó: "¿Cuántos compañeros del Profeta se cuidaron de ordenar todos los versículos dispersos del Corán?"
Ella dijo: "Cuatro: Abi ben-Kaab, Zeid ben-Tabet, Abu-Obeida ben-Al-Djerrar y Othmán ben-Affán. (¡Alah tenga en su gracia a los cuatro!) "
El preguntó: "¿Cuántos son los que nos transmitieron y enseñaron la verdadera manera de leer el Corán?"
Ella contestó: "Cuatro: Abdalah ben-Massud, Alei ben-Kaab, Moaz ben-Djabal y Salem ben-Abdalah".
Preguntó él: "¿En qué ocasión descendió del cielo el siguiente versículo?: “¡Oh Creyentes, no os privéis de los goces terrenos en toda su plenitud!”
Ella contestó: “Cuando algunos, queriendo llevar más lejos de lo preciso la espiritualidad, resolvieron disciplinarse y gastar cilicios de crin.”
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana y se calló discretamente.

2020/07/30

Noche 277



Pero cuando llegó la 277ª noche


Ella dijo:
"...Así, por ejemplo, está expresamente prohibido cambiar dátiles secos por dátiles frescos, higos secos por higos frescos, carne curada y salada por carne fresca, manteca salada por manteca fresca, y en general, todas las provisiones frescas por otras añejas y secas de la misma especie".
Cuando el sabio comentador del Libro hubo oído estas repuestas de Simpatía, no pudo menos de pensar que sabía ella tanto como él y no quiso declararse impotente para cogerla en falta. Resolvió, pues, hacerle preguntas más sutiles, y le interrogó:
"¿Qué significa lingüísticamente la palabra ablución?"
Ella contestó: "Eliminar por medio del lavatorio todas las impurezas internas o externas".
Preguntó él: "¿Qué significa la palabra ayunar?" Ella dijo: "Abstenerse".
Preguntó él: "¿Qué significa la palabra dar?" Ella dijo: "Enriquecerse".
Preguntó él: "¿Y el ir de peregrinación?" Ella contestó: "Alcanzar la meta".
Preguntó él: "¿Y hacer la guerra?" Ella dijo: "Defenderse".
A estas palabras, irguióse sobre sus pies el sabio y exclamó: "¡En verdad que para ella son insignificantes mis preguntas y argumentos! Asombra el saber y la clarividencia de esta esclava. ¡Oh Emir de los Creyentes!"
Pero Simpatía sonrió ligeramente y le interrumpió: "A mi vez -le dijo- quisiera hacerte una pregunta. ¿Puedes decirme, ¡oh sabio lector! cuáles son las bases del Islam?"
Reflexionó él un instante y dijo: "Son cuatro: la fe iluminada por la razón sana; la rectitud; el conocimiento de los deberes y derechos estrictos y la discreción y el cumplimiento de los compromisos".
Ella añadió: "¡Permíteme que te haga otra pregunta todavía! Si no pudieses resolverla, tendré el derecho de arrebatarte el manto que te sirve como distintivo de sabio lector del Libro!"
Dijo él: "¡Acepto! ¡Venga la pregunta, ¡oh esclava!" Ella preguntó: "¿Cuáles son las ramas del Islam?"
El sabio permaneció algún tiempo recapacitando, y finalmente no supo qué responder.
Entonces habló el propio califa y dijo a Simpatía: "¡Responde tú misma a la pregunta, y te pertenecerá el manto de este sabio!"
Simpatía se inclinó y repuso: "¡Los ramajes del Islam son veinte: la observancia estricta de lo que enseña el Libro; conformarse con las tradiciones y la enseñanza oral de nuestro santo Profeta; no cometer nunca injusticias; comer los alimentos permitidos; no comer jamás alimentos prohibidos; castigar a los malhechores, a fin de que no aumente la malicia de los malos por causa de la indulgencia de los buenos; arrepentirse de las propias faltas; profundizar en el estudio de la religión; hacer bien a los enemigos; llevar vida modesta; socorrer a los servidores de Alah; huir de toda innovación y todo cambio; desplegar valor en la adversidad y fortaleza en las pruebas a que se nos someta; perdonar cuando se es fuerte y poderoso; ser paciente en la desgracia; conocer a Alah el Altísimo; conocer al Profeta (¡con él la plegaria y la paz!) ; resistir a las sugestiones del Maligno; resistir a nuestras pasiones y a los malos instintos de nuestra alma; proclamarse en absoluto al servicio de Alah con toda confianza y toda sumisión!"
Cuando el califa Harúm Al-Raschid hubo oído esta respuesta, ordenó que inmediatamente despojaran de su manto al sabio y se lo dieran a Simpatía, lo cual se ejecutó en seguida, ante la confusión del sabio, que salió de la sala cabizbajo.
Entonces se levantó un segundo sabio, reputado por su sagacidad en los conocimientos teológicos, y a quien todos los ojos designaban para que tuviera el honor de interrogar a la joven. Se encaró con Simpatía y le dijo:
"Sólo voy a hacerte breves y pocas preguntas, ¡oh esclava! Ante todo, ¿puedes decirme qué deberes han de observarse durante la comida?"
Ella contestó: "Lo primero es lavarse las manos, invocando el nombre de Alah en acción de gracias. Luego se sienta uno con la nalga izquierda; no se sirve para comer de más dedos que del pulgar y de los dos primeros; no se toman más que bocados pequeños.; no se mastica bien la comida, y no debe mirarse al vecino; para no azorarle o cortarle el apetito".
El sabio preguntó: "¿Puedes decirme ahora, ¡oh esclava! a qué se llama cualquier cosa, la mitad de cualquier cosa y menos que cualquier cosa?"
Ella contestó sin vacilar: "¡El creyente es cualquier cosa, el hipócrita es la mitad de cualquier cosa y el infiel es menos que cualquier cosa!"
El añadió: "¡Así es! ¡Dime! ¿Dónde está la fe?"
Ella contestó: "La fe habita en cuatro lugares: en el corazón, en la cabeza, en la lengua y en los miembros. ¡Por eso la fuerza del corazón consiste en la alegría, la fuerza de la cabeza en el conocimiento de la verdad, la fuerza de la lengua en la sinceridad, y la fuerza de los demás miembros en la sumisión!"
El preguntó: "¿Cuántas clases de corazones hay?"
"Hay varias: el corazón del creyente, que es un corazón puro y sano; el corazón del infiel, que es completamente opuesto al primero...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Aclaración
El traductor une en este capítulo las noches 276 y 277.

2020/07/29

Noche 275



Y cuando llegó la 275ª noche

Ella dijo:
"...los diablos vuelven tumultuosos, y trabajan todo lo posible por turbarle el alma, sugerirle la duda y enfriarle el espíritu y el fervor!
"¡Cuando el hombre hace sus abluciones, es obligatorio que corra el agua por todo su cuerpo, por todos sus pelos visibles o secretos y por sus miembros sexuales, debiendo también frotarse por todas partes y no lavarse los pies hasta lo último!"
El sabio dijo: "¡Bien contestado! ¿Puedes ahora decirme cómo hay que proceder en la ablución llamada tayamum?"
Ella contestó: "La ablución llamada tayamum es la purificación con arena y polvo. Se verifica esta ablución en los siete casos, establecidos según usos conforme a la práctica del Profeta. Y se efectúa siguiendo las cuatro indicaciones previstas por la enseñanza directa del Libro.
"Los siete casos que permiten esta ablución, son: la carencia de agua; el miedo a agotar la provisión de agua; la necesidad de esta agua para beber; el temor de perder una parte de ella al transportarla; las enfermedades que producen aversión al agua; las fracturas que precisan reposo para soldarse; las heridas que no se deben tocar.
"En cuanto a las otras cuatro condiciones necesarias para cumplir esta ablución con arena y polvo, son: primeramente obrar de buena fe; luego tomar arena o polvo con las manos y hacer ademán de frotarse con ello el rostro; después hacer ademán de frotarse también los brazos hasta los codos y secarse las manos.
Hay dos prácticas igualmente recomendables por ser conformes a la Sunna: empezar la ablución con la fórmula invocadora: "¡En el nombre de Alah ! ", y efectuar la ablución de todo el lado derecho del cuerpo antes que la del lado izquierdo".
El sabio dijo: "¡Muy bien! Pero, volviendo a la plegaria, ¿puedes decirme cómo debe verificarse y en qué acciones se basa?"
Ella replicó: "Los actos requeridos para hacer la plegaria constituyen otras tantas columnas que la sostienen. Estas columnas de la plegaria son: primera, la buena intención; segunda, la fórmula del Takbir, que consiste en pronunciar estas palabras: "¡Alah es el más grande!"; tercera, recitar la Fatiha, que es el capítulo que abre el Corán; cuarta, prosternarse con la cara en tierra; quinta, levantarse; sexta, hacer la profesión de la fe; séptima, sentarse sobre los talones; octava, hacer votos por el Profeta, diciendo: "¡Con él sean la plegaria y la paz de Alah!"; novena, mantenerse siempre en la misma intención pura.
"Hay otras condiciones de una buena plegaria, tomadas solamente de la Sunna, a saber: levantar ambos brazos, con las palmas vueltas hacia arriba, en dirección a la Meca; recitar una vez más la Fatiha; recitar otro capítulo del Corán, por ejemplo, la Surata de la Vaca; pronunciar otras diversas fórmulas piadosas, y terminar con votos por nuestro Profeta. (¡Con él la plegaria y la paz!)"
El sabio dijo: "¡En verdad que respondiste perfectamente! ¿Puedes ahora decirme cómo debe pagarse el diezmo de la limosna?"
Ella contestó: "Se puede pagar el diezmo de la limosna de catorce maneras: en oro, en plata, en camellos, en vacas, en carneros, en trigo, en cebada, en mijo, en maíz, en habas, en garbanzos, en arroz, en pasas y en dátiles.
"Por lo que se refiere al oro si sólo se posee una suma inferior a veinte dracmas de oro de la Meca, no hay que pagar ningún diezmo; pasando de esa suma, se da el tres por ciento. Lo mismo ocurre con la plata en la proporción correspondiente.
"Por lo que se refiere al ganado, quien posee cinco camellos paga un carnero; quien posee veinticinco camellos da uno como diezmo, y así sucesivamente en la misma proporción.”
"Por lo que se refiere a carneros y borregos, de cada cuarenta se da uno. Y así sucesivamente con todo lo demás".
El sabio dijo: "¡Perfectamente! ¡Háblame ahora del ayuno!" Simpatía contestó: "El ayuno consiste en abstenerse de comer, de beber y de goces sexuales durante el día y hasta la puesta del sol, en el transcurso del mes de Ramadán, desde que sale la luna nueva. Es recomendable abstenerse igualmente, durante la comida, de todo discurso vano y de cualquier lectura que no sea la del Corán".
El sabio preguntó: "Pero ¿no hay ciertas cosas que a primera vista parece que hacen ineficaz el ayuno, aunque, según enseña el Libro, no aminoran en nada su valor?"
Ella contestó: "En efecto, hay cosas que no hacen ineficaz el ayuno. Son las pomadas, los bálsamos y los ungüentos; el kohl para los ojos y los colirios; el polvo del camino; la acción de tragar saliva; las eyaculaciones nocturnas o diurnas de licor viril cuando son involuntarias; las miradas dirigidas a una extranjera que no sea musulmana; la sangre o las ventosas simples o escarificadas. Tales son todas las cosas que no quitan ninguna eficacia al ayuno."
Dijo el sabio: "¡Está muy bien! ¿Y qué piensas del retiro espiritual?"
Dijo ella: "El retiro espiritual es una estancia de larga duración en una mezquita, sin salir nunca más que para satisfacer una necesidad, y renunciando al comercio con las mujeres y al uso de la palabra. La recomienda la Sunna; pero no es una obligación dogmática".
Dijo el sabio: "Admirable! ¡Deseo ahora oírte hablar de la peregrinación!"
Ella contestó: "La peregrinación a la Meca o hadj es un deber que todo buen musulmán ha de cumplir, por lo menos una vez en su vida, cuando llega a la edad de la razón. Para cumplirlo, hay que observar diversas condiciones. Debe uno revestirse con la capa de peregrino o ihram, guardarse de tener comercio con mujeres, afeitarse el pelo, cortarse las uñas y taparse la cabeza y el rostro. La Sunna hace también otras prescripciones".
El sabio dijo: "¡Perfectamente! ¡Pero pasemos a la guerra santa!"
Ella contestó: “La guerra santa es la que se lleva a cabo contra los infieles cuando el Islam está en peligro. No se debe hacer más que para defenderse y jamás debe tomarse la ofensiva. ¡Cuando el creyente se ha puesto ya sobre las armas, debe ir contra el infiel sin volver sobre sus pasos nunca!”
El sabio preguntó: "¿Puedes darme algunos detalles sobre la compra y la venta?"
Simpatía contestó: "La compra y la venta deben hacerse con libertad por ambas partes, y en los casos importantes, patentizando el consentimiento y la aceptación.
"Pero hay algunas cosas prohibidas por la Sunna en la compra y en la venta. Así, por ejemplo...

En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

2020/07/28

Noche 274



Y cuando llegó la 274ª noche

Ella dijo:

... se veían con su sonrisa los dientes.
Cuando en aquella asamblea se estableció un silencio tan completo que se hubiera podido oír el ruido de una aguja que cayese al suelo, Simpatía hizo a todos una zalema llena de gracia y dignidad, y con un modo de hablar verdaderamente exquisito, dijo al califa:
"¡Oh Emir de los Creyentes, manda! Aquí estoy pronta a cuantas preguntas quieran dirigirme los doctos y venerables sabios, lectores del Corán, jurisconsultos, médicos, arquitectos, astrónomos, geómetras, gramáticos, filósofos y poetas!"
Entonces el califa Harún Al-Raschid se encaró con todos ellos y les dijo desde el trono en que estaba sentado: "¡Hice que os mandaran venir aquí para que examinéis a esta adolescente en lo que afecta a la variedad y profundidad de sus conocimientos, y no perdonéis nada que contribuya a que resalte a la vez vuestra erudición y su saber!" Y todos los sabios respondieron, inclinándose hasta tierra y llevando las manos a sus ojos y a su frente: "¡El oído y la obediencia a ti y a Alah, ¡oh Emir de los Creyentes!"
A estas palabras, la adolescente Simpatía se mantuvo algunos instantes con la cabeza baja reflexionando; después alzó la frente y dijo: "¡Oh vosotros todos, maestros míos! ¿cuál es primeramente el más versado entre vosotros en el Corán y en las tradiciones del Profeta? (¡con él la paz y la oración!)"
Entonces se levantó uno de los doctores, designado por todos los dedos, y dijo: "¡Yo soy ese hombre!"
Ella le dijo: "¡Interrógame, pues, a tu sabor sobre tal punto!"
Y demandó el sabio lector del Corán:
"¡Oh joven, desde el momento en que estudiaste a fondo el santo Libro de Alah, debes conocer el número de capítulos, palabras y letras que encierra y los preceptos de nuestra fe! Dime, pues, para empezar, ¿quién es tu Señor, quién es tu Profeta, quién es tu Imán, cuál es tu orientación, cuál es tu norma de vida, cuál es tu guía en los caminos y quiénes son tus hermanos?"
Ella contestó: "¡Mi Señor es Alah; mi Profeta es Mohamed (¡con él la oración y la paz!) ; mi ley, y por lo tanto mi Imán, es el Corán; mi orientación es la Kaaba, la casa de Alah, levantada por Abraham en la Meca; mi norma de vida es el ejemplo de nuestro santo Profeta; mi guía en los caminos es la Sunna, recopilación de tradiciones, y mis hermanos son todos los creyentes!"
Mientras comenzaba el califa a maravillarse de la claridad y precisión de estas respuestas en boca de una joven tan gentil, añadió el sabio: "¡Dime! ¿Cómo sabes que hay un Dios?"
Ella contestó: "¡Por la razón!" El preguntó: "¿Qué es la razón?"
Ella dijo: "La razón es un don doble: innato y adquirido. La razón innata es la que puso Alah en el corazón de sus servidores escogidos, para hacerles que caminen por la senda de la verdad. Y la razón adquirida es en el hombre bien dotado fruto de la educación y de una labor constante".
El añadió: "¡Muy bien! Pero ¿dónde reside la razón?"
Ella contestó: "¡En nuestro corazón! Y desde él se elevan sus inspiraciones hacia nuestro cerebro, para establecer allí su domicilio".
El dijo: "¡Perfectamente! Pero ¿puedes decirme cómo aprendiste a conocer al Profeta? (¡con él la plegaria y la paz!)"
Ella contestó: "¡Por la lectura del Libro de Alah, por las sentencias que contiene, por las pruebas y los testimonios de tal misión divina!"
Dijo él: "¡Muy bien! Pero ¿puedes decirme cuáles son los deberes indispensables de nuestra religión?"
Ella contestó: "En nuestra religión hay cinco deberes indispensables: la profesión de fe "¡No hay más Dios que Alah, y Mohamed es el enviado de Alah!", la oración, la limosna, el ayuno del mes de Ramadán y la peregrinación a la Meca cuando puede hacerse".
El preguntó: "¿Qué acciones pías son las más meritorias?" Contestó ella: "Son seis: la plegaria, la limosna, el ayuno, la peregrinación, la lucha contra malos instintos y cosas ilícitas, ¡y por último, la guerra santa!"
El dijo: "¡Bien contestado! Pero ¿qué objeto persigues con la plegaria?"
Ella replicó: "¡Sencillamente el de ofrecer al Señor el homenaje de mi adoración, alabarle y levantar mi espíritu hacia las regiones serenas!"
El exclamó: "¡Ya Alah! ¡Excelente es esta respuesta! Pero ¿no requiere antes la oración preparativos indispensables?"
Ella contestó: "¡Ciertamente! ¡Es necesario purificarse por completo el cuerpo con las abluciones rituales, vestir trajes sin mácula, escoger un lugar limpio y claro, preservar la parte del cuerpo comprendida entre el ombligo y las rodillas, abrigar intenciones puras y volverse hacia la Kaaba, en dirección a la Meca santa!"
"¿Qué valor tiene la plegaria?"
"¡ Es el sostén de la fe, en la que se basa!"
"¿Cuáles son los frutos de la oración? ¿Cuál es su utilidad?"
“La plegaria verdaderamente hermosa no tiene utilidad terrena. !Es sólo el lazo espiritual entre la criatura y su Señor! ¡Puede producir diez frutos inmateriales y mucho más hermosos que los tangibles; aclara el corazón, ilumina el semblante, complace al Clementísimo, excita el furor del maligno, atrae la misericordia, aleja los malefícios, preserva del mal, resguarda contra los atentados de los enemigos, fortalece al espíritu vacilante y acerca el esclavo a su dueño!”
"¿Cuál es la llave de la plegaria? ¿Y cuál es la llave de esta llave?" "La llave de la plegaria es la ablución, y la llave de la ablución es la fórmula inicial: "¡En el nombre de Alah el Clemente sin límite, el Misericordioso!"
"¿Qué prescripciones han de seguirse para la ablución?"
"Según el rito ortodoxo del imán El-Schafly ben-ldris, seis: la intención de purificarse sin otra mira que la de ser agradable al Creador; la ablución del rostro primeramente; la ablución de las manos hasta el codo; el frotamiento de parte de la cabeza; la ablución de los pies, incluso los talones, hasta los tobillos, y un orden estricto en el cumplimiento de estos diversos actos. Y tal orden implica la observación de doce condiciones bien precisas, a saber:
"Primero pronunciar la fórmula inicial: "¡En el nombre de Alah!", lavarse las palmas de las manos antes de sumergirlas en la jofaina; enjuagarse la boca; lavarse las narices, tomando agua en el hueco de la mano y sorbiendo; frotarse toda la cabeza y frotarse las orejas al exterior y al interior con otra agua; peinarse la barba con los dedos; torcerse los dedos de pies y manos, haciendo que rechinen; utilizar el pie derecho antes que el pie izquierdo: repetir cada ablución tres veces; pronunciar el acto de fe después de cada ablución, y por último, una vez terminadas las abluciones, recitar además esta fórmula piadosa: "¡Oh Dios mío! ¡Cuéntame en el número de los arrepentidos, de los puros y fieles servidores! ¡Loor a mi Dios! ¡Confieso que no hay más Dios que Tú! ¡Tú eres mi refugio; de Ti imploro el perdón de mis culpas lleno de arrepentimiento! ¡Amén!"
"Esta fórmula, en efecto, es la que el Profeta (¡con él la plegaria y la paz!) nos ha recomendado que recitemos, cuando dijo: "¡A quien la recite le abriré de par en par las ocho puertas del Edén y podrá entrar por la puerta que le plazca!"
El sabio dijo: "¡En verdad que contestaste de un modo excelente! Pero, ¿qué hacen los ángeles y los demonios junto a aquel que practica sus abluciones?"
Simpatía respondió: "Cuando el hombre se prepara a verificar sus abluciones, los ángeles se colocan a su derecha y los diablos a su izquierda; pero no bien pronuncia la fórmula inicial: "¡En el nombre de Alah!", los diablos se ponen en fuga, y los ángeles se aproximan a él, desplegando sobre su cabeza un dosel luminoso de forma cuadrada que sostienen por las cuatro puntas, y cantan alabanzas a Alah e imploran el perdón de los pecados de aquel hombre. ¡Pero en cuanto se olvida él de invocar el nombre de Alah o deja de pronunciarlo, los diablos vuelven...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana y se calló discretamente.

Aclaración
El traductor une en este capítulo las noches 273 y 274.