Noche 967



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Pero cuando llegó la 967ª noche

Ella dijo:
"No obstante, déjame advertirte que si por desgracia frotaras el sello dos veces seguidas en vez de una, harías que me consumiera en el fuego de los nombres terribles grabados sobre el anillo. Y me perderías irrevocablemente".
Y al oír aquello, Maruf contestó al efrit de la cornalina: "¡Oh excelente y poderoso Padre de la Dicha! sabe que he guardado tus palabras en el sitio más seguro de mi memoria. Pero ¿puedes empezar por decirme quién te ha encerrado en esta cornalina y quién te ha sometido al poder del dueño del anillo?" Y el genni contestó desde el interior del sello: "Has de saber, ¡ya sidi! que el lugar en que nos hallamos es el antiguo tesoro de Scheddad, hijo de Aad, el constructor de la famosa ciudad, ahora en ruinas, de Iram de las Columnas. En vida de él, fui yo esclavo del rey Scheddad. ¡Y precisamente el que posees es su anillo, que lo has encontrado en el cristal donde estaba guardado desde tiempos remotos!"
Y el antiguo remendón de calzado de la calle Roja de El Cairo, convertido entonces, merced a la posesión de aquel anillo, en sucesor directo de la posteridad de Nemrod y de aquel heroico y orgulloso Scheddad, que había vivido la edad de siete águilas, quiso experimentar sin tardanza las virtudes maravillosas encerradas en el sello. Y dijo al que residía en la cornalina: "¡Oh esclavo del anillo! ¿podrías sacar de este subterráneo y llevarlo a la superficie de la tierra, a la luz del día, el tesoro guardado aquí?" Y la voz del Padre de la Dicha contestó: "¡Sin duda alguna, y eso precisamente es para mí la cosa más fácil". Y Maruf le dijo: "Ya que es así, te pido que saques cuantas riquezas y maravillas hay aquí, sin dejar nada a los que pudieran venir después que yo, pero ni rastro". Y contestó la voz: "Escucho y obedezco". Luego gritó: "¡Hola, muchachos!"
Y al punto vió Maruf aparecer ante él doce mancebos muy hermosos, llevando a la cabeza grandes cestos. Y después de besar la tierra entre las manos del encantado Maruf, se irguieron, y en un abrir y cerrar de ojos transportaron afuera, en varios viajes, todos los tesoros contenidos en las tres salas del subterráneo. Y cuando acabaron aquel trabajo, fueron de nuevo a presentar sus homenajes a Maruf, que estaba cada vez más encantado, y desaparecieron como habían venido.
Entonces Maruf, en el límite del contento, se encaró con el habitante de la cornalina, y le dijo: "Perfectamente. Pero ahora quisiera cajas, mulas con sus muleteros, y camellos con sus camelleros, para transportar estos tesoros a la ciudad de Khaitán, capital del reino de Sohatán". Y el esclavo encerrado en el sello contestó: "¡A tus órdenes! nada más hacedero". Y lanzó un grito estridente, y en el mismo instante aparecieron ante Maruf mulas y muleteros, camellos y camelleros, cajas y cestas, y mamalik suntuosamente vestidos, hermosos como lunas, en número de seiscientos de cada especie. Y en menos tiempo del que se necesita para cerrar un ojo y abrirlo, cargaron en las acémilas cajas y cestos, previamente llenos de oro y de joyas, y se alinearon por orden. Y los jóvenes mamalik montaron en sus hermosos caballos y escoltaron la caravana.
Y el antiguo zapatero dijo entonces al servidor de su anillo: "¡Oh padre de la Dicha! ahora deseo de ti otros mil animales cargados con sedas y telas preciosas de Siria, de Egipto, de Grecia, de Persia, de India, y de China". Y el genni contestó con el oído y la obediencia. Y al punto aparecieron ante Maruf los mil camellos y mulas cargados con los objetos consabidos, y se pusieron ellos solos en fila regular a la cola del convoy, escoltados, como los anteriores por otros jóvenes mamalik tan soberbiamente vestidos y montados como sus hermanos. Y Maruf quedó satisfecho, y dijo al habitante del anillo: "Ahora deseo comer antes de partir. Levántame, por tanto, un pabellón de seda, y sírveme bandejas de manjares escogidos y de bebidas frescas". Y acto seguido se ejecutó la orden. Y Maruf entró en el pabellón y se sentó ante las bandejas en el preciso momento en que volvía del pueblo el buen felah. Y llegó el pobre llevando a la cabeza una escudilla de madera llena de lentejas con aceite, al brazo izquierdo pan negro y cebollas y al brazo derecho un saco de a celemín lleno de avena para el caballo. Y vio delante de la casa la prodigiosa caravana y el pabellón de seda en donde estaba sentado Maruf rodeado de esclavos diligentes que le servían, a la vez que otros esclavos se mantenían detrás de él, con los brazos cruzados sobre el pecho.
Y se emocionó en extremo, y pensó: "¡Indudablemente, durante mi ausencia ha llegado aquí el sultán, haciéndose preceder por el primer mameluco que he visto! ¡Lástima que no se me haya ocurrido degollar a mis dos gallinas y guisárselas con manteca de vaca!" Y decidió hacerle, a pesar de todo, aunque ya era tarde, y fué a buscar sus dos gallinas para degollarlas y ofrecérselas al sultán, asadas en manteca de vaca...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Mi blog 'principal' es En Medio del Ruido aunque el más querido es el de los cuentos de mi mamá (el más maltratado también)

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