Noche 670



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Pero cuando llegó la 670ª noche

Ella dijo:
"... Y también lo vió el mono. Y al punto dió un brinco y saltó al mar. Y se zambulló hasta el fondo del agua para salir al cabo de cierto tiempo, llevando en las manos y en la boca conchas llenas de perlas de tamaño y hermosura maravillosas. Y trepó al navío y entregó al jeique su pesca. Luego le hizo con la mano varias señas, que significaban: "¡Cuélgame algo al cuello!" Y el jeique le colgó al cuello un saco, y el mono saltó de nuevo al mar, y salió con el saco atestado de conchas llenas de perlas más gruesas y más hermosas que las anteriores. Luego volvió a saltar al mar varias veces seguidas, y cada vez iba a entregar al jeique el saco lleno de su pesca maravillosa.
¡Eso fue todo!
Y el jeique y todos los mercaderes estaban en el límite de la estupefacción. Y se decían: "¡No hay poder ni fuerza más que en Alah el Omnipotente! ¡Porque este mono posee secretos que no conocemos nosotros! ¡Pero todo se debe a la suerte de Abu-Mohammad-Huesos-Blandos, el hijo del ventosista!" Tras de lo cual se hicieron a la vela y abandonaron la isla de las perlas. Y después de una navegación excelente, arribaron a Bassra.
En cuanto echó pie a tierra, el jeique Muzaffar fue a llamar a nuestra puerta. Y preguntó desde dentro mi madre: "¿Quién es?" Y contestó él: "¡Soy yo! Abre, ¡oh madre de Abu-Mohammad! ¡Vuelvo de la China!" Y me gritó mi madre: "¡Levántate, Huesos-Blandos! ¡Ahí tienes al jeique Muzaffar, que vuelve de la China! ¡Ve a abrirle la puerta, y a saludarle y a desearle la bienvenida! ¡Y le preguntarás qué te ha traído, confiando en que, por mediación suya, te haya enviado Alah con qué atender a nuestras necesidades!" Y le dije: "Ayúdame a levantarme y a andar!" Y ella lo hizo así. Y enredándome los pies en la orla de mi ropón, me arrastré hasta la puerta, abriéndola.
Y entró en el vestíbulo el jeique Muzaffar seguido de sus esclavos, y me dijo: "¡La zalema y la bendición con aquel cuyos cinco dracmas han dado buena suerte a nuestro viaje! ¡He aquí, ¡oh hijo mío! lo que ese dinero te ha proporcionado!" E hizo poner en fila en el vestíbulo los sacos de perlas, me entregó el oro que le dieron los mercaderes, y me puso en la mano la cuerda con que estaba atado el mono. Luego me dijo: "¡Ahí tienes todo lo que te han proporcionado los cinco dracmas! ¡En cuanto a este mono, ¡oh hijo mío! no le maltrates, porque es un mono de bendición!" Y se despidió de nosotros y se marchó con sus esclavos.
Entonces ¡oh Emir de los Creyentes! me encaré con mi madre, y le dije: "¡Ya ves ¡oh madre mía! quién de nosotros tenía más razón! Tú me has torturado la vida, diciéndome todos los días: "¡Levántate, Huesos-Blandos, y trabaja!"
Y yo te decía: "¡Quién me ha creado, me hará vivir!" Y me contestó mi madre: "¡Tienes razón, hijo mío! ¡Cada cual lleva colgado al cuello su destino, y haga lo que haga, no escapará a el!"
Luego me ayudó a contar las perlas y a clasificarlas según su tamaño y su hermosura.
Y abandoné la holgazanería y la pereza, y empecé a ir todos los días al zoco para vender las perlas a los mercaderes. Y logré un beneficio inmenso, que me permitió comprar tierras, casas, tiendas, jardines, palacios y esclavos y esclavas y mozos jóvenes.
Y he aquí que el mono me seguía a todas partes, y comía de lo que yo comía y bebía de lo que yo bebía, y jamás me perdía de vista. Pero un día, estando yo sentado en el palacio que hice edificar para mí, el mono me hizo señas de que quería un tintero, un papel y un cálamo. Y le llevé las tres cosas. Y cogió el papel, poniéndoselo en la mano izquierda, como hacen los escribas, y cogió el cálamo, mojándolo en el tintero, y escribió: "¡Oh Abu-Mohammad! ¡ve a buscarme un gallo blanco! ¡Y ven a reunirte conmigo en el jardín!" Y cuando leí aquellas líneas, fui a buscar un gallo blanco, y corrí al jardín para dárselo al mono, a quien encontré con una serpiente entre sus manos. Y cogió el gallo y le azuzó hacia la serpiente. Y al punto empezaron a pelearse ambos animales, y el gallo acabó por vencer y matar a la serpiente. Luego, al revés de lo que hacen los gallos, la devoró por completo.
Entonces el mono cogió al gallo, le arrancó todas las plumas, y las plantó una tras otra en el jardín. Después mató al gallo y con su sangre regó todas las plumas. Y cogió la molleja del gallo, la limpió y la puso en medio del jardín. Tras de lo cual...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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Mi blog 'principal' es En Medio del Ruido aunque el más querido es el de los cuentos de mi mamá (el más maltratado también)

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