Noche 546



Noche 546 - Descargar MP3

Y cuando llegó la 546ª noche


Ella dijo:
"... Luego se sentó en el diván y miró a Sonrisa-de-Luna con los ojos entornados. ¡Y qué mirada! Larga, perforadora, ardorosa y relampagueante! Y Sonrisa-de-Luna se sintió como atravesado por una azagaya o abrasado por un carbón ardiendo. Y la joven reina se encaró con el jeique, y le dijo: "¡Oh jeique Abderrahmán! ¿de dónde has sacado semejante joven?" El jeique contestó: "Es hijo de mi hermano. Acaba de llegar de viaje a casa." Ella dijo: "Es muy hermoso, ¡oh jeique! ¿Querrías prestármele solamente por una noche? ¡Sólo hablaré con él, y nada más, y te lo devolveré intacto mañana por la mañana!" El jeique dijo: "¿Me juras que jamás tratarás de hechizarle?" Ella contestó: "¡Lo juro ante el señor de los magos y ante ti, venerable tío!"
E hizo dar como regalo al jeique mil dinares de oro para mostrarle su gratitud, y mandó que montaran a Sonrisa-de-Luna en un maravilloso caballo cubierto de pedrerías, y le llevó con ella al palacio. Y aparecía en medio del cortejo cual la luna en medio de estrellas.
Y he aquí que Sonrisa-de-Luna, que se resignaba a dejar obrar el Destino en adelante, no decía una palabra y se dejaba conducir sin exteriorizar sus sentimientos en manera alguna.
Y la maga Almanakh, que sentía arder sus entrañas por aquel joven mucho más de lo que nunca habían ardido por sus pasados amantes, se apresuró a conducirle a una sala que tenía las paredes de oro y el ambiente refrescado por un salto de agua que brotaba de una pila de turquesa. Y fué a echarse con él en un lecho amplio de marfil, donde empezó a acariciarle de una manera tan extraordinaria, que se puso él a cantar y a bailar entre todos los pájaros. ¡Y no tenía ella nada de brutal, sino al contrario! ¡Era verdaderamente tan delicada!... ¡Tanto, que fueron incalculables los asaltos que el gallo prodigó a la infatigable gallina!
Y se dijo él: "¡Por Alah, que es infinitamente experta! ¡Y no me atropella! ¡Se toma su tiempo, y yo lo mismo! ¡Así es que, como creo imposible que la princesa Gema sea tan maravillosa como esta encantadora, quiero permanecer aquí toda mi vida, y no pensar más en la hija de Salamandra, ni en mis parientes, ni en mi reino!"
Y el hecho fué que permaneció allí cuarenta días y cuarenta noches, pasando todo su tiempo con la joven maga, entre festines, bailes, cantos, caricias, movimientos, asaltos, copulaciones y otras cosas análogas, en el límite del placer y del júbilo.
Y de cuando en cuando, Almanakh le preguntaba en broma: "¡Oh ojos míos! ¿te encuentras conmigo mejor que con tu tío en la tienda?" Y contestaba él: "¡Por Alah! ¡oh mi señora, mi tío es un pobre vendedor de drogas, pero tú eres la propia triaca!"
Y he aquí que, estando en la cuadragésima noche, la maga Almanakh, tras un número infinito de asaltos con Sonrisa-de-Luna, parecía más agitada que de costumbre, y se echó a dormir. Pero hacia la medianoche, Sonrisa-de-Luna, que fingía dormir, la vió levantarse del lecho con el rostro encendido. Y se puso ella en medio de la sala y cogió de una bandeja de cobre un puñado de granos de cebada, que arrojó al agua de la pila. Y al cabo de unos instantes germinaron los granos de cebada, y salieron del agua sus tallos, y maduraron y se doraron sus espigas. Entonces la maga recogió los granos nuevos, los machacó en un mortero de mármol, los mezcló con ciertos polvos que fue sacando de diferentes cajas, e hizo con ello una pasta redonda como una torta. Luego puso el pastel preparado de aquella manera en la lumbre de una estufilla, y lo coció lentamente. Entonces lo retiró del fuego, lo envolvió en una servilleta y fué a ocultarlo en un armario, tras de lo cual volvió a acostarse en el lecho al lado de Sonrisa-de-Luna, y se durmió.
Pero por la mañana, Sonrisa-de-Luna, que desde que entró en el palacio de la maga se había olvidado del viejo jeique Abderrahmán, se acordó de él a tiempo, y pensó en la necesidad de ir en su busca, para ponerle al corriente de lo que había visto hacer a Almanakh durante la noche. Y fué a la tienda del jeique, que se alegró mucho de verle, le besó con efusión, le hizo sentarse, y le dijo: "¡Creo, hijo mío, que no habrás tenido queja de la maga Almanakh, por muy infiel que sea!"
El joven contestó: "¡Por Alah, mi buen tío! me ha tratado todo este tiempo con mucha delicadeza y no me ha atropellado lo más mínimo. ¡Pero esta noche la sentí levantarse, y al verla con el rostro encendido, fingí que dormía, y la he visto hacer cosas que me inducen a temerlo todo de ella! Por eso, ¡oh venerable tío mío! vengo a consultarte".
Y le contó la operación nocturna que hubo de efectuar la maga .. .
En ese momento de su narración. Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discreta.

posted under |

0 comentarios:

Entrada más reciente Entrada antigua Página Principal
Con tecnología de Blogger.

Acerca de mí

Mi blog 'principal' es En Medio del Ruido aunque el más querido es el de los cuentos de mi mamá (el más maltratado también)

Followers