Noche 044



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Pero cuando llegó la 44ª noche

Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que el califa Harún Al-Raschid, encantado por la elocuencia de Ghanem, le hizo acercarse a su trono. Y Ghanem se acercó al trono, y el califa le dijo: "Refiéreme toda tu historia, sin ocultarme nada de la verdad".
Entonces Ghanem se sentó, y contó al califa toda su historia, desde el principio hasta el fin, pero nada se adelantaría con repetirla. Y el califa quedó completamente convencido de la inocencia de Ghanem y de la pureza de sus intenciones, sobre todo al saber cómo había respetado las palabras bordadas en el calzón de la favorita, y le dijo: "Te ruego que libres a mi conciencia de la injusticia cometida contigo". Y Ghanem le contestó: "¡Estás libre de ella, ¡oh Emir de los Creyentes! pues cuanto pertenece al esclavo es propiedad del señor!"
Y el califa, complacidísimo, elevó a Ghanem a los más altos cargos del reino; le dió un palacio, y muchas riquezas, y muchos esclavos. Ghanem se apresuró a instalar en su nuevo palacio a su madre, y a su hermana Fetnah, y a su amiga Kuat Al-Kulub. Y el califa, al saber que Ghanem tenía una hermana maravillosa y virgen todavía, se la pidió a Ghanem.
Y Ghanem contestó: "Es tu servidora, y yo soy tu esclavo". Entonces el califa le expresó su agradecimiento, y le dió cien mil dinares de oro. Y después llamó al kadí y a los testigos para redactar su contrato con Fetnah. Y el mismo día y a la misma, hora entraron el califa y Ghanem en los aposentos de sus respectivas mujeres. Y Fetnah fué para el califa, y Kuat Al-Kulub para Ghanem Ben-Ayub El-Motim El-Masslub.
El califa, al despertarse por la mañana, se halló tan satisfecho de la noche que acababa de pasar en brazos de la virgen Fetnah, que mandó llamar a los escribas de mejor letra para que escribiesen lahistoria de Ghanem desde el principio hasta el fin, y la encerró en el armario de los papeles, a fin de que pudiera servir de lección a las, generaciones futuras, y fuera asombro y delicia de los sabios que se dedicasen a leerla con respeto y admirar la obra de Aquel que creó el día y la noche.
"Pero no creas, oh rey de los siglos -prosiguió Schehrazada dirigiéndose al rey Schahriar- que esta historia sea más agradable ni más sorprendente que la historia guerrera y heroica de Omar Al-Nemán y sus hijos Scharkán y Daul'makán". Y el rey Schahriar dijo: "Ciertamente, puedes contar esa historia que no conozco".

Historia del rey Omar Al-Neman y de sus dos hijos Scharkan y Daul'Makan


Schehrazada dijo al rey Schahriar:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que hubo en la ciudad de Bagdad, después de reinar muchos califas, y antes de que reinaran otros muchos, un rey que se llamaba Omar Al-Nemán.(1)
Era formidable en poderío; había vencido a todos los Cosroes posibles y subyugado a todos los Césares imaginables. Tan ardiente era, que el fuego abrasador no le quemaba. Nadie le podía igualar en las luchas, ni en el campo de carreras. Si se enfurecía, despedían llamas centelleantes las ventanillas de su nariz. Había conquistado todas las comarcas y extendido su dominio por todos los pueblos y ciudades. Con ayuda de Alah había sometido a todas las criaturas y había llevado sus ejércitos victoriosos hasta las tierras más apartadas. Estaban bajo su soberanía el Oriente y el Occidente. Y entre otros países, la India, el Sindh, la China, el Yemen, el Hedjaz, la Abisinia, el Sudán, la Siria la Grecia y las provincias de Diarbekr, así como todas las islas del mar y cuantos ríos ilustres hay en la tierra, como Seihún y Djihán. el Nilo y el Eufrates.
Había enviado correos a los límites más recónditos de la tierra, para ponerla al corriente de la verdad y notificarle su imperio. Y todos los correos habían regresado para anunciarle que el mundo entero le estaba sometido, y que todos los señores reconocían respetuosamente su supremacía. Y a todos había extendido los beneficios de su generosidad, y anegándolos en las olas de su magnánimo esplendor, había hecho reinar entre ellos la dulce concordia y la paz fecundadora, pues era magnánimo y de alma elevada en verdad.
Así es que desde todas partes afluían hacia su trono los regalos y los presentes, así como todos los tributos de la tierra, a lo largo y a lo ancho del mundo. Porque era justo y amado en extremo.
Ahora bien; el rey Omar Al-Nemán tenía un hijo llamado Scharkán. Y Scharkán se llamaba así porque se revelaba como un prodigio entre los prodigios de aquel tiempo, y sobrepujaba en valor a los héroes más animosos, derribados por él en los torneos. Manejaba maravillosamente la lanza, la espada y el carcaj. Por eso le quería su padre con amor sin igual, y lo designaba como sucesor suyo en el trono del reino. Y era cosa segura que, apenas llegado a la edad de hombre, aquel asombroso Scharkán, que sólo tenía veinte años, había visto, con ayuda de Alah, inclinarse todas las cabezas ante su gloria. Tal era su heroísmo y su temeridad, y tanto iluminaba con el esplendor de sus hazañas. Porque ya había tomado por asalto muchas plazas fuertes y ya había reducido muchas comarcas. Y al extender su fama por toda la superficie del universo, crecía sin cesar su poderío y su hermosa altivez.
Pero el rey Omar Al-Nemán no tenía más hijo que Scharkán. Verdad es que tenía, como lo permiten el Libro Noble y la Sunnat, (2) cuatro mujeres legítimas, pero sólo una de ellas había sido fecunda, y las otras tres habían resultado estériles. Y además de aquellas cuatro mujeres legítimas que habitaban en palacio, tenía el rey Omar trescientas sesenta concubinas, tantas como los días del año copto, y cada una de aquellas mujeres era de distinta raza. Había dado a cada una un aposento reservado e independiente, y estos aposentos estaban agrupados en doce edificios, tantos como los meses del año, construidos todos en el recinto del palacio. Y cada uno de estos edificios contenía treinta concubinas, cada cual en su habitación, de modo que había trescientos sesenta aposentos reservados. Y el rey Omar, muy equitativo, había dedicado una noche del año a cada una de sus concubinas, de modo que se acostaba una sola noche con cada concubina, a la cual no volvía a ver hasta el año siguiente. Y no dejó de proceder de este modo durante un gran espacio de tiempo y durante toda su vida. Por eso era famoso por su sabiduría admirable y por su probada virilidad.
Ahora bien; un día, con permiso del Ordenador de todas las cosas, una de las concubinas del rey Omar quedó embarazada, y su preñez fué conocida inmediatamente en todo el palacio. Llegó la noticia hasta el rey, que se alegró hasta el límite de la alegría, y exclamó muy dichoso: "¡Plegue a Alah que toda mi posteridad y toda mi descendencia se compongan sólo de hijos varones!" Después mandó incribir en un registro la fecha de la preñez, y empezó a colmar a su concubina de toda clase de consideraciones y regalos. A todo esto, Scharkán, el hijo del rey ...
En aquel momento de su narración, Schehrazada vio aproximarse la mañana, y discretamente, aplazó su relato para el otro día.

Notas del traductor



(1) Para ser más gramatical debería escribirse: "en-Nemán". Usaré el artículo "al" en vez de "en" para no confundir al lector europeo. Véase en una gramática árabe lo que son letras lunares y letras solares.

(2) La Sunnat es la recopilación tradicional de los consejos, leyes y decisiones orales del Profeta, y de los pormenores de su vida.

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Mi blog 'principal' es En Medio del Ruido aunque el más querido es el de los cuentos de mi mamá (el más maltratado también)

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